Geometría y política
Por Mariano Grondona
El País, Montevideo
En sus Pensamientos, el filósofo francés Blaise Pascal (1623-1662) escribió que dos espíritus opuestos gobiernan las acciones humanas. Uno, al que llamó “espíritu de geometría”, es preciso y exacto, propio de ingenieros y contadores. El otro, al que le dio un nombre de difícil traducción, el “espíritu de finesse”, algo así como el espíritu de “finura”, “delicadeza” o “sutileza”, es propio de los artistas y los creadores porque tiene que ver más con la intuición que con la racionalidad, más con lo que hoy llamaríamos el hemisferio derecho que con el hemisferio izquierdo del cerebro.
El político debe tener mucho cuidado al determinar cuál de estos dos espíritus gobierna una determinada situación porque, en caso contrario, corre el peligro de aplicar las reglas del cálculo a los problemas sutiles de la intuición, o viceversa.
El Diccionario define las paralelas, para tomar un caso, como “dos líneas equidistantes entre sí que, por más que se prolonguen, no pueden encontrarse”. Pero todos sabemos que, en política, no siempre se cumple el espíritu de las matemáticas y de la geometría. ¿Cuántas veces hemos comprobado, por ejemplo, que en política no siempre dos más dos suman cuatro? En el mundo de la política, ¿es verdad entonces que las paralelas nunca se encuentran?
Las paralelas de Kirchner. El presidente Kirchner parece creerle al Diccionario a un punto tal que su política exterior responde al cuidadoso trazado de dos líneas presuntamente paralelas. En una línea que podríamos llamar retórica, quema incienso en el altar de Hugo Chávez. Si nos atuviéramos sólo a esta línea, podría decirse que Kirchner es un seguidor de Chávez y, en especial, del odio mil veces proclamado del presidente venezolano a los Estados Unidos.
Pero, al lado de esta línea retórica, Kirchner también ha perseguido otra línea que llamaríamos pragmática para no entrar en un conflicto agudo con el gigante norteamericano. No ha acompañado a Chávez, por ejemplo, en su estrecha alianza con el régimen fundamentalista de Irán, alentando a los tribunales argentinos para que persigan a altos funcionarios iraníes por los terribles atentados gemelos de Buenos Aires contra la embajada de Israel y la mutual judía de la AMIA en el curso de los años noventa.
Si las paralelas nunca se encontraran, la dualidad “geométrica” de Kirchner podría haberle dado buenos resultados. Llevado por la retórica chavista, alentó las manifestaciones antinorteamericanas que presidía el propio Chávez mientras él recibía al presidente Bush en Mar del Plata, en noviembre de 2005. Si Bush hubiera acatado esta ley de las paralelas que supuestamente nunca se encuentran, quizás se habría resignado al dualismo kirchnerista. Cuando volvió al Río de la Plata este año, sin embargo, el presidente norteamericano omitió pasar por la Argentina, se acercó al Uruguay y celebró con Brasil un principio de acuerdo para la producción conjunta de biocombustibles mientras Chávez se sentía en Buenos Aires, otra vez, como en su casa.
Las paralelas, entonces, ¿nunca se juntan? ¿Se puede agraviar a un mandatario en el terreno retórico como lo hizo Kirchner con Bush sin verse afectado al mismo tiempo en el terreno donde impera el pragmatismo? Las posibilidades de un gran acuerdo para la producción de biocombustibles eran inmensas para la Argentina, incomparablemente más importantes que los créditos a altas tasas de interés que obtiene de Venezuela. ¿Cuál ha sido entonces el precio que pagó por su retórica en el campo de la realidad? ¿Qué pasa cuando las paralelas, que no se encuentran nunca en la geometría, se encuentran en la política?
Un film de Alec Guinness. En una película titulada El paraíso del capitán, el gran cómico inglés Alec Guinness representaba al capitán de un ferry que hacía la breve travesía entre Gibraltar y Tánger. En Gibraltar el capitán, que se llamaba Henry St. James, tenía una esposa modelo, dedicada a su familia. Pero en Tánger tenía de amante a una corista. Todo iba bien por estas líneas paralelas hasta que el capitán St. James se equivocó con los regalos de Navidad, ofreciéndole a su esposa un bikini que estaba destinado a su amante y a ésta un juego de cocina que había comprado para su esposa. A partir de ahí las paralelas del capitán, inesperadamente, se cruzaron. A la esposa empezó a seducirla la vida ligera. A la amante, la vida hogareña. Se armó un lío tal que St. James terminó frente a un pelotón de fusilamiento.
Todo por haber creído ciegamente en las leyes de la geometría.
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