Japón se vuelve el laboratorio de las tendencias de vanguardia
Por Amy Chozick
The Wall Street Journal
TOKIO—Las nuevas modas que vienen de la tierra que inventó Godzilla, Hello Kitty y los Tamagotchi son los restaurantes temáticos que se centran en Jesús, las camisetas que emiten vitamina C en la piel y los jacuzzis con karaoke incorporado.
Por muchos años, Japón ha sido el país que ha impuesto las tendencias del mundo. Allí se lanzaron íconos como el Walkman de Sony y el Honda Civic, y se desataron aficiones como las películas anime. Ahora que la economía de Japón ha reiniciado su crecimiento, la creatividad estrafalaria se ha convertido en una de sus industrias más prometedoras.
Un recorrido por Tokio revela una profusión de prendas, aparatos y clubes nocturnos, entre los que se destacan llos zapatos Converse cubiertos de joyas de fantasía (entre US$160 y US$1.800), las focas robots que brindan compañía a los ancianos y los celulares que prometen detectar ovnis. Algunos de estos productos llegarán a su centro comercial más cercano. Pero la mayoría no lo logrará.
Los gigantes del entretenimiento global buscan en Japón su inspiración, desde diseños de ropa y juguetes hasta ingredientes para sus platos. El país también es visto como una incubadora de tendencias: la marca de vodka Absolut escogió a Tokio como el primer lugar fuera de Europa para abrir uno de sus bares hechos completamente en hielo (los clientes reciben un abrigo plateado a la entrada, un vaso hecho de hielo y sólo pueden permanecer en el bar por 45 minutos).
“Tokio es como la Disneylandia (de las tendencias)”, dice Sven Kilian, presidente de CScout Japan, una firma de marketing e investigación de mercado. Kilian recorre la ciudad con ejecutivos extranjeros para que puedan observar a los compradores japoneses. Asegura que sus clientes, que incluyen a BMW Motors y Siemens, mostraron interés en novedades como las proyecciones holográficas de autos y la cerveza sin alcohol para niños. “Básicamente estamos espiando”, asegura.
La fiebre creativa de Japón tiene, en parte, su origen en la desaceleración económica de los años 90 que duró más de una década. A medida que las grandes empresas recortaban puestos, más trabajadores se trasladaron a las industrias de la moda, música y animación. La cultura pop de Japón ganó impulso gracias a Internet y a consumidores que buscaban alternativas a Britney Spears o los programas envasados de TV. Las exportaciones de productos y servicios ligados a la cultura se triplicaron entre 1995 y 2005, a US$20.000 millones.
Aunque los productos y conceptos de Japón tienden a ser extravagantes, algunos parten de inquietudes más profundas. Los observadores de tendencias afirman que los restaurantes temáticos y los animales de peluche proveen una vía de escape a las presiones de la vida diaria en un país densamente poblado. Seguir una u otra tendencia permite que la gente exprese su individualidad a la vez que se siente parte de algo más grande, una consideración importante en una sociedad en la que el orden que proveían las familias y empresas se ha erosionado.
Esto explica en parte la cadena de restaurantes inspirados en Jesús. Para entrar al Café Christon, ubicado en el bullicioso distrito Shibuya de Tokio, hay que bajar por una escalera de ladrillo iluminada por velas rojas, la cual lleva al comedor decorado con gigantescos crucifijos, gárgolas e imágenes de Cristo sufriendo en la cruz. El menú incluye platos como “pequeño demonio”, con sabor a crema de fresa y cassis y la “hamburguesa hecha por Dios” (albóndigas con queso y arroz por US$6,50).
Los japoneses, conocidos por su inconstancia, hacen que los ciclos de estas tendencias sean cortos. El karaoke es un ejemplo de ello: la idea de permitir que los aficionados canten sus canciones favoritas con el trasfondo del tema original tuvo su origen en Japón en la década de los 80. Aunque se popularizó en el resto del mundo en los años 90, los proveedores japoneses han tenido que pensar en formas de mantener el interés de sus clientes.
Hoy, los clubes de karaoke alquilan disfraces y diseñan sus locales con un tema específico. Lovenet, un local que se alquila para fiestas en la exclusiva zona de Roppongi en Tokio, cobra casi US$250 la hora por un cuarto con jacuzzi y sistema de karaoke, además de trajes de baño, batas y toallas.
Tan sólo un puñado de estas tendencias sobrevive fuera de Japón. Por ejemplo, los adolescentes japoneses siguen enloquecidos con las casetas fotográficas purikura, en las que los usuarios se toman fotos que luego se imprimen como calcomanías que pegan en sus celulares o en álbumes especiales. Los fabricantes japoneses exportaron cientos de esas casetas a EE.UU. a fines de los 90, pero los estadounidenses no sabían qué hacer con sus fotos.
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