Bienvenido Mr. “W”
Por Armando de la Torre
Siglo XXI
Viniste raudo de paso hacia otra parada en Iberoamérica. Mi bienvenida te llega seis días más tarde. De todas maneras, a tiempo o a destiempo, nunca la habrías de leer.
Guatemala no es potencia petrolera, ni sucursal de Hugo Chávez, ni tiene una economía precaria que amerite que le condones la deuda externa, como lo hiciste con Honduras y Nicaragua. Tampoco nos solidarizamos con los EE.UU., como El Salvador, que envía tropas a Iraq; ni siquiera con tu gran aliado, Israel, pues no trasladamos nuestra embajada de Tel Aviv a Jerusalén, como lo hicieron hace años Costa Rica y El Salvador.
Pero es un puente vital hacia ustedes para los narcotraficantes de Medellín y de Cali, y tenemos, encima, una buena cantidad de trabajadores que han emigrado de nuestro suelo al tuyo sin permiso.
En otras plazas, igual que aquí, no escapas, sin embargo, al vórtice del huracán de una guerra cultural iniciada en la Europa occidental y propagada por los 50 Estados federales de tu amada Unión, sobre todo entre aquellos de las riberas Este y Oeste de Norteamérica. A diferencia de tu padre, eres mucho más decidido, y sabes defender tus convicciones con más firmeza. Pero con respecto a tu predecesor, careces del suficiente sentido del humor. Dicho de otra manera, te tomas a ti mismo, y a tus adversarios, demasiado en serio. Casi parece, “W”, que al Dios en quien tanto confías, le quieres dejar poco que hacer. Para que practiques tu español, he aquí estos versos de Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”.
Esa Kulturkampf en que estás inmerso debería serte más preocupante, creo, que el terrorismo islámico o el calentamiento global. Porque se trata de parar en seco la decadencia acelerada de los Estados Unidos, y con ellos del entero Occidente, o de dejarnos arrastrar todos por ella.
Se han dado muchas interpretaciones de lo “decadente”. La más antigua y simple es mi preferida: panem et circensem, esto es, cuando hombres y mujeres buscan metas no más altas que las de tener asegurados “pan y circo”. Traducido a tu era y la mía, “welfare” y “entertainment”.
El Estado benefactor de hoy alienta a los buscadores de rentas por millones, pero el afán de ser entretenidos acaba por embotarnos a todos. Nos hemos vuelto dóciles a lo “políticamente correcto”, nos llegue de Hollywood o de Washington. Por eso rememoramos tan poco el hambre en Darfur, o el genocidio de Ruanda (por cierto, bajo las narices de los cascos azules enviados, para bochornos del mundo, por Kofi Annan). Mucho más divierten, en cambio, los escándalos de Paris Hilton o la sobredosis mortal de Anna Nicole Smith, por no hablar de aquel doble asesinato que se sospecha cometió O. J. Simpson, o la entretenidísima comedia de Bill Clinton y su Mónica Lewinski. 57 mil cubanos, entretanto, se ahogaban en el estrecho de La Florida, en vanos intentos por dejar atrás la tenebrosa dictadura de Fidel Castro. ¿Y qué?… Tiananmen también pasó, y todos ahora felices a invertir en la China Popular que estrena capitalismo.
Mueren 300 mil en un Tsunami, y, ¡cuántas horas de pasatiempo de conversación nos dio! Fallece la Madre Teresa de Calcuta, y todas las cámaras de la televisión se enfocan en una malaventurada, pero bella, cortés y elegante princesa Diana. Y, ¿quién se acuerda de Chechenia? O ¿quién todavía llora por los killing fields de Cambodia? Más niños mueren en el vientre de sus madres que los que nacen vivos, y toda la música gira en torno a la distribución de condones entre adolescentes. Universalmente se protesta a favor de los derechos humanos de los victimarios, nunca de los de sus olvidadas víctimas. Lástima que el carnaval de Nueva Orleáns se nos estropeó cuando lo de Katrina, no por los 1000 muertos (“¿quiénes?”), sino porque las aguas cercaron su folclórico barrio francés.
Por lo tanto, “W”, súmate a la juerga mundial. Mira qué bien nos entretiene Al Gore con su fin de un mundo, que habrá de morir, según él, calcinado, como el planeta Mercurio.
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