Argentina: Al Gobierno nada le hace mella y la oposición se fragmenta
Por Sergio Crivelli
La Prensa
Un envión económico que no para ha blindado al gobierno de Néstor Kirchner, razón por la cual los errores políticos no le hacen el menor daño. Con el PBI creciendo a más del 8% por cuarto año consecutivo, al grueso del electorado le importa poco que la inversión se esté frenando o que la inflación real no tenga mucho que ver con las estadísticas oficiales o que el Congreso esté de adorno. Menos aún el escándalo en una provincia remota como La Rioja, donde el poder cambió de manos entre caudillos locales en medio de un bochornoso desorden.
El único perjudicado fue el gobernador, que respondía a la Casa Rosada, más exactamente a Alberto Fernández. La dirigencia riojana resolvió por su cuenta la desquiciada situación institucional ante la impotencia del Gobierno central, que barajó la idea de la intervención, pero se abstuvo porque no tenía asegurada su aprobación en el Congreso. A pesar de la conmoción y los incidentes, nada sustancial cambió en la provincia: el gobernador suspendido, Angel Maza, fue reemplazado por el vicegobernador Julio Beder Herrera, que se convirtió al kirchnerismo en un abrir y cerrar de ojos.
Estos actos de prestidigitación prácticamente no tienen costo político para el Gobierno, que está en estado de gracia con la sociedad. Las encuestas son categóricas en ese sentido: la última de la consultora Analogías muestra al Presidente con una intención de voto que supera el 50%, mientras que su más cercana seguidora, Elisa Carrió, ronda el 13%, y Roberto Lavagna el 12%. Los que no votarán, anularán su voto, votarán en blanco o no saben qué harán, tienen, sumados, una intención de voto similar a la de Carrió.
Lo que es bueno para el Gobierno es, sin embargo, deletéreo para la oposición, que muestra tres rasgos destacados: irrelevancia, desorientación e incoherencia. La irrelevancia está clara en las encuestas, en tanto el ranking de incoherentes es encabezado con comodidad por el radicalismo. El domingo pasado, en Catamarca, el radical “K” Eduardo Brizuela del Moral aplastó al justicialista Luis Barrionuevo. A levantarle la mano corrieron las autoridades del Comité Nacional de la UCR y los gobernadores “K” enfrentados con ellas. Cada uno de los bandos le levantó una mano al catamarqueño, mientras se miraban con recelo.
En la Capital Federal, Jesús Rodríguez apoya a Jorge Telerman. Pero el Comité Nacional tiene un acuerdo con Roberto Lavagna, que a su vez quiere acordar con Mauricio Macri. Lavagna les pidió a los radicales que encuadren a Rodríguez, pero la empresa no parece nada fácil porque en la UCR nadie está en condiciones de darle órdenes a nadie.
Lavagna tampoco goza de un liderazgo arrollador. Eligió como candidato a gobernador bonaerense a Jorge Sarghini, lo que provocó el enojo y la retirada de Francisco de Narváez. Consecuencia: el reducido club de ex duhaldistas que lo apoya se redujo más aún. Además, Macri le pidió el 50% de los cargos nacionales para darle su apoyo, mientras los radicales esperan trato preferencial y nadie sabe cómo podrán hacerse esas listas.
A Macri no le va mejor. Ricardo López Murphy lo presiona con la candidatura presidencial y si se enoja y lo abandona, el presidente de Boca perdería votos decisivos para ganar el balotaje. El peronismo porteño también le reclama cargos. Se cuida, por otra parte, de criticar a Kirchner, porque con una imagen presidencial tan alta sería como patear el aguijón. En suma, no se sabe cómo va a hacer una campaña opositora a menos que se limite a saltar baches.
Un caso aparte es el de Elisa Carrió. Junto con López Murphy es uno de los pocos dirigentes netamente opositores. No trata de emprolijar el modelo -como Lavagna- ni comulga con peronistas como Macri. Eso, sin embargo, no la hace menos incoherente. Coqueteó con la candidatura a jefa del gobierno porteño y la abandonó. Dejó la banca y se aleja del partido que creó a su imagen y semejanza, pero que ahora está en pie de guerra. Su imprevisibilidad y su renuncia a luchar por el poder la convierten en una candidata testimonial.
A esta altura es impensable una coalición opositora, y el poder residual se lo disputan distintas facciones peronistas que apenas triunfan se convierten en kirchneristas. Hoy en Entre Ríos competirán por la gobernación cuatro candidatos. Dos son kirchneristas; un tercero, peronista con apoyos diversos, y el cuarto, radical. Es imposible que pierda el Gobierno central. También es irrelevante, porque gane quien gane, en menos de 24 horas se alineará con la Casa Rosada.
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