La política exterior estadounidense después de Iraq
Por Joseph S. Nye
Diario Las Americas
¿Qué sigue después de Iraq? Si el aumento actual de las tropas que lleva a cabo el Presidente George W. Bush no logra producir un resultado que pueda llamarse “victoria”, ¿qué lecciones aprenderá Estados Unidos para su política exterior futura? ¿Se cerrará como lo hizo después de su derrota en Vietnam hace tres décadas? ¿Dejará de promover la democracia para concentrarse en una visión realista de sus intereses? Aunque el tema principal de las discusiones en Washington sigue siendo Iraq, varios observadores extranjeros están haciendo esas preguntas de largo plazo.
Los analistas y expertos se han equivocado frecuentemente en cuanto a la posición de Estados Unidos en el mundo. Por ejemplo, hace dos décadas, la opinión reinante era que los Estados Unidos estaban en decadencia. Una década después, con el fin de la Guerra Fría, la nueva opinión reinante consistía en que el mundo era una hegemonía estadounidense unipolar. Algunos expertos neoconservadores llegaron a la conclusión de que los Estados Unidos eran tan poderosos que podían decidir qué era lo que estaba bien y los demás tendrían que aceptarlo. Charles Krauthammer se refirió a este punto de vista, que tuvo una gran influencia sobre la administración Bush incluso antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001, como “el nuevo unilateralismo”.
Pero el nuevo unilateralismo se basaba en una profunda incomprensión de la naturaleza del poder en la política mundial. El poder es la capacidad de obtener los resultados que uno quiere. El que contar con esos recursos produzca resultados depende del contexto. Por ejemplo, un ejército grande y moderno es un recurso poderoso si la guerra se lleva a cabo en el desierto, pero no si se da en un pantano –como lo descubrieron los Estados Unidos en Vietnam. En el pasado, se asumía que el poder militar predominaba en casi todas las cuestiones, pero en el mundo actual, los contextos del poder difieren mucho.
Yo he comparado la distribución del poder en la política actual con un juego de ajedrez tridimensional. En el tablero superior -las relaciones militares entre Estados- el mundo, en efecto, es unipolar, y es probable que así permanezca durante décadas. Pero en el tablero de en medio, el de las relaciones económicas, el mundo ya es multipolar, y los EU no pueden obtener los resultados que desean sin la cooperación de Europa, Japón, China y otros países. Y, en el tablero inferior de las cuestiones transnacionales que están más allá del control de los gobiernos -que incluyen desde el cambio climático hasta el terrorismo transnacional, pasando por las pandemias- el poder está distribuido de manera caótica, y no tiene sentido en absoluto afirmar que hay hegemonía estadounidense.
Sin embargo, es en este tablero inferior donde encontramos la mayoría de los desafíos más importantes a los que nos enfrentamos actualmente. La única forma de lidiar con estos problemas es mediante la cooperación con otros, y eso requiere del poder “blando” de la atracción así como del poder duro de la coerción. No hay una solución militar simple que pueda producir los resultados que queremos.
Los nuevos unilateralistas que predominaban en la primera administración de Bush cometieron el error de creer que la distribución unipolar del poder en el contexto militar era suficiente para conducir la política exterior. Eran como un niño pequeño con un martillo que cree que todos los problemas son clavos. El peligro de su enfoque ahora es evidente. Todo el que juegue una partida tridimensional concentrándose en un solo tablero perderá a la larga.
Afortunadamente, el péndulo ha comenzado a regresar a la cooperación. En el segundo período de Bush, algunos de los unilateralistas más radicales han salido del gobierno y el Presidente ha abordado problemas difíciles como el de Corea del Norte o el de Irán con un enfoque más multilateral que durante su primera administración. De igual forma, a pesar de todas sus quejas sobre las Naciones Unidas, los EU y otros países recurrieron a las fuerzas de mantenimiento de paz de la ONU para reparar el desorden después de la guerra en Líbano del verano pasado.
La guerra de Iraq en particular elevó la conciencia del público sobre los errores de la primera administración de Bush, pero hay otras cosas que también están cambiando. Los estadounidenses ahora ven con mejores ojos las acciones cooperativas en materia de cambio climático. Igualmente, las amenazas de las pandemias significan que los estadounidenses podrían llegar a reconocer la importancia de una Organización Mundial de la Salud más fuerte, de la misma forma en que el problema de la proliferación nuclear está aumentando la conciencia de la importancia del Organismo Internacional de Energía Atómica.
La naturaleza de estos problemas significa que los Estados Unidos no se pueden dar el lujo de cerrarse independientemente del resultado en Iraq. Estos no son problemas que se queden en el extranjero. Nos siguen a casa.
También es poco probable que la política exterior estadounidense regrese a un realismo estrecho y abandone el énfasis en la democracia y los derechos humanos. Si bien la guerra en Iraq desacreditó la idea de la democratización coercitiva, tanto los republicanos como los demócratas tienen una fuerte tendencia idealista en sus preferencias de política exterior.
El problema para quien resulte electo presidente en 2008 será encontrar medios adecuados y realistas para promover los valores democráticos y ajustar la retórica oficial en consecuencia. Cuando la retórica rebasa por mucho a la realidad, los demás la ven como hipocresía. Los estadounidenses tendrán que hallar la forma de expresar su definición de la democracia, la libertad y los derechos de forma que respete la diversidad y los puntos de vista de los demás.
Lo que Iraq nos ha enseñado es la importancia de desarrollar una sociedad civil y un Estado de derecho antes de tratar de celebrar elecciones de base amplia. La democracia es más que las votaciones, ya que requiere inversiones importantes en educación, instituciones y promoción de organizaciones no gubernamentales. Debe estar arraigada en la sociedad local y reflejar sus características, y no debe ser impuesta desde afuera.
Es muy poco probable que los Estados Unidos reaccionen después de Iraq como lo hicieron después de Vietnam. La paradoja del poder estadounidense es que la única superpotencia militar del mundo no puede proteger a sus ciudadanos si actúa sola.
Joseph S. Nye es profesor en la Universidad de Harvard y autor de La Paradoja del Poder Norteamericano.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz.
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