¿A dónde apuntan?
Editorial – El País, Montevideo
Corren vientos de guerra por la región? ¿Cuál es el motivo de la carrera armamentista que se ha instalado en los últimos tiempos y amenaza con agravarse? La voz de alarma la dio Sergio Abreu la semana pasada, cuando desde el Senado de la República advirtió que “nos preocupa que en este nuevo escenario regional, el principio de cooperación entre los Estados comienza a ser sustituido por conflictos artificialmente generados, que pretenden encontrar nuevas hipótesis de confrontación que justifiquen o den razón a una carrera armamentista, en la que están embarcados varios de los países”.
Abreu hacía hincapié en la nueva doctrina militar argentina, denominada “la guerra de los recursos”, elaborada por los mandos castrenses de aquel país y proyectada al año 2025, con el objetivo de preparar al Ejército para proteger los recursos naturales, en particular, las reservas de agua dulce que descansan en el Acuífero Guaraní.
El tema ha empezado a preocupar también al gobierno uruguayo y el lunes, el Comandante en Jefe del Ejército, Jorge Rosales, dialogó con el presidente Vázquez sobre el punto, que en definitiva será tratado en la reunión del próximo Consejo de Ministros.
La región, no se sabe por qué motivos, busca dar señales armamentista. Los gastos de defensa de Chile, Ecuador y Colombia superan el 3% de sus respectivos PBI, lo que podría justificarse en el caso del último de los nombrados por la vieja presencia terrorista que se ha asociado con los narcotraficantes y ha dado a luz la narcoguerrilla, organización tremendamente poderosa, en recursos y medios.
Chile, al amparo de la ley sancionada por la dictadura de Pinochet -y nunca derogada- destina el 10% de sus exportaciones de cobre, unos U$S 1.500 millones anuales a gastos de defensa, lo que le ha permitido adquirir últimamente 93 tanques Leopard II y 10 aviones F-16 con sistema de misiles aire-aire de alcance medio y otros F-16 de segunda mano, con actualización tecnológica israelí.
A ellos se ha sumado Venezuela, la república Bolivariana del cada vez más egocéntrico y ambicioso presidente Chávez. El presupuesto de defensa se ha aumentado en un 31%, se han comprado 24 aviones SU-30 de fabricación rusa (el equivalente a los F-15 y F-16 estadounidenses) de gran autonomía y carácter ofensivo, 100.000 fusiles de asalto Kalashnikov, y se proyecta la instalación de su propia fábrica de armas.
¿Es necesario tanto despliegue bélico en la región? ¿A qué obedece? ¿Se trata de jugar a una “guerra fría” en zonas fronterizas controversiales, o apunta a otra cosa? Brasil fabrica sus armas, ¿aumentará la producción? ¿Se reforzará en el exterior? Porque quieto no se va a quedar.
Y ahora se agrega Argentina y su teoría de la “guerra por los recursos”, que supondrá un rápido incremento en su carrera armamentista, porque el escenario que maneja es un conflicto bélico, en situación de invasión, que será el eje de todos los ejercicios en los próximos años.
Abreu reconoció que “no es descabellado pensar que a largo plazo el agua dulce pueda convertirse en un bien escaso y en un motivo de confrontación entre las naciones, porque se sabe que la Historia está recorrida por los conflictos por recursos estratégicos, mal distribuidos en el planeta. En cambio, parece mucho más discutible la probabilidad de una invasión a la Argentina para apoderarse de los recursos del acuífero Guaraní… Tendríamos que situarnos en un escenario apocalíptico”.
El tema es saber, en estos momentos de mal relacionamiento y tensión de nuestro país con el gobierno de Kirchner, cómo puede afectar la puesta en marcha de la doctrina argentina. Porque la enunciación “guerra de los recursos” es muy vaga y amplia y en esa bolsa caben mucho gatos. Uruguay tiene muchos recursos naturales compartidos con la Argentina, como el Acuífero Guaraní y el mismo río Uruguay.
En otras circunstancias, otros tiempos y con otro gobierno en la vecina orilla, el tema no nos preocuparía demasiado. Pero la realidad es otra y los hechos nos han demostrado que desde la Casa Rosada los mensajes que se reciben son de intolerancia y prepotencia.
Porque como dijo Abreu al término de su exposición, “lo ridículo, si es improbable, lamentablemente nunca es imposible”.
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