El crecimiento como problema
Por Fernando González Urbaneja
ABC
Tiempo atrás abundaba en España una literatura crítica con la empresa, especialmente con la gran empresa y más aún con la multinacional. Al fondo andaban tesis groseras sobre la perversidad de la concentración del capital y especialmente sobre la nacionalidad del mismo, de lo malo que era lo que venía de fuera.
Los patrocinadores de estas tonterías ignoraban que eran herederos del tradicionalismo más rancio que recelaba de lo que venía de fuera y trataban de defender la caspa. Y algo queda de esas malas ideas, recelo a lo grande y a lo que viene de fuera, a lo que no es local.
Sin embargo lo que preocupa hoy a los emprendedores, a los empresarios que miran al futuro y buscan progreso y prosperidad, es el crecimiento, la ambición de ir a más, especialmente cuando en el mercado local no cabe obtener más cuota.
En el corto periodo de dos décadas los empresarios españoles se han multinacionalizado en las dos direcciones: dentro, en el mercado local, han aprendido a competir con los que venían de fuera, con algunas ventajas competitivas que pronto fueron asimiladas. Pero también fuera en Europa y más allá, con productos cada vez más competitivos.
Más de mil compañías españolas han invertido fuera, fabrican y distribuyen en otros países y buscan nuevos clientes. El flujo de inversión española en el exterior es mayor que el inverso, fenómeno recurrente en los primeros años del nuevo siglo. La inversión exterior trajo a España capacidades, tecnologías, procedimientos que luego fueron asimilados para sentar las bases de un crecimiento local capaz de hacer el camino inverso.
Prácticamente todas las compañías del IBEX-35 obtienen porcentajes crecientes de negocio en el exterior, las seis más grandes obtienen entre el 30 y el 70% de sus ingresos y beneficios en otros mercados, en Europa y América, fundamentalmente. Sectores como el bancario, el de la construcción y los servicios públicos, el turístico, algunas ramas del comercio… presupuestan en términos internacionales y globales, o son líderes o disputan el liderazgo en varios mercados, componen sus balances en varias monedas y sus productos hablan distintos idiomas.
El problema de 2007 es crecer, ganar mercados, incorporar talento y capacidades, mucho más que ajustar costes, reestructurar, protegerse o defenderse. Las españolas se han subido al ciclo de la economía europea e incluso a un cierto liderazgo de la misma. Es una realidad reconocible aunque no permanente ya que es una posición que se puede perder. Italia, por ejemplo, ha perdido posiciones, por (de)méritos propios, lo cual debería servir de alerta a los españoles para no transitar por la misma senda. El caso italiano es ejemplar, la crisis institucional, el debilitamiento del estado de derecho y la inercia del Estado sentaron las bases para un estancamiento social y económico que hoy es patente y que induce pesimismo y desmovilización.
En España el problema hoy es crecer, pero sin la debida diligencia pudiera ser lo contrario, gestionar la decadencia, lo cual tiene mucho que ver con ser capaz de competir en el exterior.
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