Washington y Bolívar
Por Elías Pino Iturrieta
El Universal
El Diablo metió a Bolívar y a Washington en el mismo saco para que el teniente coronel montara en cólera. Le pareció una falta de respeto que el heraldo de Satanás, Mister George W. Bush, se atreviera a establecer una comparación entre los personajes. Fue como relacionar al gigante con un pigmeo, de acuerdo con la versión de quien incursiona por los predios de la antigüedad con más entusiasmo que informaciones, de acuerdo con la superficialidad de quien viaja hacia el pasado con una valija de estereotipos a través de los cuales suple lo que no le dieron las lecturas o el pupitre antes de iniciar el periplo. Seguramente no le servirán las informaciones que vienen de seguidas sobre el punto, pues parece un individuo de ideas fijas sobre lo viejo y lo nuevo, pero vienen al pelo para rellenar la cuartilla con detalles que pueden interesar a los lectores sometidos a las lecciones de un patético profesor de historia.
Seguramente no sepa el inesperado catedrático a quién se debe atribuir la paternidad del cotejo que tanto le molesta. Puede llevarse una sorpresa cuando descubra cómo encontró origen en el periódico que el propio Bolívar dirigía. El Correo del Orinoco, en efecto, en su fascículo de 14 de octubre de 1820, se congratula por el hecho de que el nombre del Libertador figure en un catálogo de “Patriotas de ambos mundos” en el cual aparece junto con el héroe estadounidense. Es “un reconocimiento por los inigualables servicios de los dos a sus patrias”, dice la prensa de Angostura en medio de fervoroso entusiasmo. Pero los regocijos no se quedan en esta única alusión. De nuevo los coloca el impreso como paradigmas de la humanidad en la reproducción de un texto originalmente editado por el Times de Londres, mediante el traslado de fragmentos procedentes de la Gaceta Federal de Baltimore y después insertando un texto en el cual se incluye al mexicano Agustín de Iturbide para que la pareja se convierta en trío. En todos los casos se hace una analogía entre don Simón y don George que es celebrada por los redactores.
¿Sacó ronchas el aludido por la comparación que ahora irrita al teniente coronel? En 1813, Manuel García de Sena escribe sobre la semejanza de los dos creadores del republicanismo moderno y Bolívar le envía una nota de agradecimiento. En 1820, cuando sucede en Bogotá un acto en su homenaje, después de ser adornado con una corona de mirtos escucha unas palabras en las cuales se asegura que ha seguido los pasos del “Libertador del Norte”. Se ruboriza con la referencia, en lugar de manifestar incomodidad. Lo mismo sucede más tarde en Caracas, en la casa del Marqués del Toro. Para agasajarlo cumplidamente, el anfitrión coloca en una pared del comedor el retrato del caraqueño junto con la efigie de Washington. Bolívar levanta entonces la copa frente a las imágenes y asegura que se siente favorecido por la compañía.
En adelante llueven las comparaciones, algunas realmente célebres en diferentes épocas. La primera se debe a la pluma del Abate de Pradt, quien rememora la épica de ambos capitanes en su ensayo sobre el Congreso de Panamá. La segunda sale de los escritos de Luigi Angeloni, un denodado luchador por la unificación de Italia. En 1826 llega a preguntar a sus lectores: “¿No hay nadie aquí que desee emular a Washington y a Bolívar? ¿Quedará únicamente reservada a hombres de comarcas americanas la inmortal gloria?” Pero la más famosa proviene del genio de Lord Byron, el gran poeta inglés. Veamos un poco de lo que escribe en La edad de bronce: “”Mientras que Washington deja un acuñado nombre, en tanto un eco al aire quede, perdurable; mientras dé guerra y oro la sed del español, da al olvido a Pizarro aclamando a Bolívar”.
Y así sucesivamente. La política de la Independencia obligó a considerarlos como parte de una hazaña compartida. ¿No atendió el criollo hispanoamericano las lecciones del capitán de las Trece Colonias? ¿No fueron ambos los opositores triunfantes de los imperios más poderosos de la tierra y los fundadores de un mapa prometedor de repúblicas? La posteridad acumuló razones de sobra para explicar la historia analizando cómo se desempeñaron en su ámbito respectivo, juzgándolos como protagonistas de una sola empresa que condujo a la transformación del mundo moderno. Pero ahora resulta que no es así, que los testigos de la época y los autores del futuro se equivocaron. De la revolución brotó una luz cuya potencia penetra hasta los orígenes de las nacionalidades americanas para desentrañarlos con su resplandor. Hoy debemos ubicarlos en posiciones abismales porque así conviene al teniente coronel, cuyas pretensiones no se limitan a cambiar el presente. También quiere cambiar el pasado.
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