Monarquia a la venezolana
Por Ramón Guerra B.
Correo del Caroní
En 1958, a la caída de la dictadura del general Pérez Jiménez, creíamos terminada en Venezuela la época de los gobernantes autocráticos. Desde los tiempos de la colonia, con los capitanes generales, enviados por el rey de España, pasando por Guzmán Blanco, J.V. Gómez (27 años en el poder), y el propio Pérez Jiménez, ningún gobernante acumulaba tanto poder como el actual presidente.
En esta acumulación sin controles del poder en una sola mano, la arbitrariedad y el abuso encuentran el terreno abonado. Sería largo enumerar la serie de acciones discrecionales del presidente que van desde la regaladera de los dineros públicos a otros países, a las decisiones y sentencias de ciertos tribunales de justicia.
Una de esas decisiones -olvidada por muchos-sentenció a 5 años y medio de prisión a un distinguido oficial de las FAN, el general Francisco Usón. Su delito, decir que en el caso de los soldados quemados en Maracaibo, pudo utilizarse un lanzallamas. De las personas realmente implicadas no hay detenidos. Pero el general Usón había acompañado como ministro de finanzas al todopoderoso y fue el primero en poner su renuncia la noche del 11 de abril de 2002. Como dirían popularmente: a este general lo estaban cazando. En diciembre, cerca de navidad, el todopoderoso ofreció indultar al general, éste, en un gesto digno, rechazó la oferta. Cumplirá su condena, mayor que la cumplida por el todopoderoso luego de su gracia del 4F.
Otra de esas decisiones sentenció al conocido humorista Laureano Márquez y al periódico Tal Cual que dirige Teodoro Petkoff, a cancelar 200 millones de bolívares por mencionar en uno de sus editoriales, a la hija menor del todopoderoso. No se preocupe señor director, no mencionaré el nombre de la “carajita”. No tengo ni un cuero de chivo donde caerme muerto, menos un carapacho de morrocoya. Tampoco me agradaría ver a su diario desembolsando semejante suma, por publicar el nombre de una niña. En todo caso, tal como van las cosas, ellos cuando no tienen los argumentos -pero tienen el poder- los inventan. La infamia es fiel compañera del poder absoluto.
Y de verdad, como decía Laureano en su “delictuoso” escrito (la jueza ordenó suprimirlo hasta de la web del periódico, como que nunca se escribió), la muchachita, con tan corta edad, se las trae. La llamaré muchachita, no vaya a ser que la palabra “carajita” tenga otro significado en tierra larense y la jueza arremeta nuevamente en defensa de los niños. Cuan caro sale mencionar su nombre. Nos guste o no, es parte de la historia de este país. Un día se le ocurrió que el caballito del escudo nacional tenía el pescuezo volteado. A papaíto le pareció una observación brillante. El poder movió sus engranajes y hoy el caballito corre brioso hacia la izquierda. Antojo de princesas.
Imagino que para el 2030, año en el cual el todopoderoso, luego de haberle hecho los arreglos que necesitaba la patria, abandone el poder, la muchachita de ahora estará pisando las tres décadas de vida. Y si cuando era infanta modificó el escudo nacional e hizo pagar a Teodoro y a Laureano por nombrarla, estará próxima a ascender al trono venezolano por ser la princesa heredera. Algo así como en Cuba, Raúl heredando el trono de Fidel. Pero a estas transferencias de hermano a hermano y de padre a hija de tronos, cetros y coronas, no se le puede llamar hereditaria. ¡No! de ninguna manera, son innovaciones del socialismo del siglo XXI.
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