¡No invadan Irán!
Por Azar Nafisi
Los Angeles Times – La Nación
LOS ANGELES – Hoy, quienes están a favor de un ataque militar contra Irán se basan en una interpretación e imagen específicas de ese país: Irán apoya al terrorismo y desarrolla armas de destrucción masiva.
“Terror” y “armas de destrucción masiva” son expresiones abstractas, pero provocan reacciones muy concretas: temor e incluso pánico.
Igual efecto causan las imágenes que nos llegan desde Irán, esto es, las pocas cuya difusión promueven el presidente Ahmadinejad y sus partidarios: un presidente belicoso, una retórica violenta, una negación del Holocausto. Los intervencionistas también alegan que el pueblo iraní ha renunciado al cambio, ha abandonado el ruedo político y ha optado por el bienestar económico. Por tanto, ya no hay una verdadera resistencia al régimen islámico. A unas imágenes y términos tan simplistas, corresponde una respuesta simplista: el ataque militar.
Si devolviéramos a este escenario las imágenes y voces borradas, veríamos que la táctica de Ahmadinejad -retórica violenta fuera del país, represión interna- no nace de una posición de fuerza, sino de debilidad. Desde su elección, ha habido dos manifestaciones de mujeres iraníes y una campaña para reunir un millón de firmas contra las leyes segregacionistas. En lo que va del año, los trabajadores se han manifestado en diez ciudades. Los estudiantes han recibido a Ahmadinejad al grito de “¡Muera el dictador!” y él mismo reconoce abiertamente que las universidades siguen siendo el cimiento del “laicismo y el liberalismo”. Hasta la jerarquía gobernante -incluidos los conservadores- le ha disparado duras críticas. Muchos legisladores lo han fustigado acusándolo de lanzar bravatas y usar una retórica violenta fuera del país para distraer la atención de los problemas internos, en particular la abrumadora situación económica, la inflación y el desempleo.
En semejantes circunstancias, ¿a quiénes beneficiaría un ataque militar?
No a los obreros, estudiantes, minorías, mujeres y disidentes que buscan formas pacíficas y democráticas de resistencia y cambio.
La intervención serviría de excusa a los elementos más reaccionarios y violentos de la elite gobernante para sofocar cualquier disenso, no sólo dentro de la sociedad civil, sino también dentro de esa misma elite, hoy dividida. Ayudaría a reagrupar sus diversas facciones detrás de Ahmadinejad. Proporcionaría una buena excusa para aislar aún más a Estados Unidos de la comunidad internacional. En otras palabras, beneficiaría principalmente a los elementos más militaristas y reaccionarios de la jerarquía gobernante.
Desde hace años, sostengo que la mejor política respecto de Irán es apoyar las aspiraciones democráticas del pueblo iraní; que sólo se podrá establecer allí el pluralismo y la apertura por medios democráticos no violentos.
Quiesiera subrayar una vez más que la mejor arma que poseen las democracias contra los regímenes represivos y el terror no es militar, sino ideológica y cultural. El modo más eficaz de combatir la tiranía iraní es permitir que se expresen los obreros que claman por sus derechos, las mujeres que luchan por la igualdad, los estudiantes, periodistas, escritores e intelectuales que defienden su libertad de palabra.
Dejar pasar esta oportunidad no sólo sería desastroso para el pueblo iraní: tendría consecuencias terribles para Estados Unidos y el resto del mundo.
(Traducción: Zoraida J. Valcárcel)
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