Escasez e inflación en el socialismo: colas y racionamiento
Por Alexander Guerrero
El Universal
Mucha gente se pregunta si las razones expuestas por el presidente Chávez para amenazar con la estatificación de la economía en general, producción de animales y agrícola para la industria agroalimentaria, así como las cadenas de mayoristas y detallistas en la distribución de bienes y servicios, solo constituyen otro desplante del Presidente que con voz de mando de militar ordena una baja en los precios de los bienes y servicios y una aparición milagrosa de los innumerables bienes de la canasta básica desaparecidos de los anaqueles por culpa directa de sus propias políticas de restricción de libertades económicas y de asfixia al sector productivo nacional.
En nuestra actividad profesional de estos días, muchos, gente de a pie, así como empresarios a lo largo de esa cadena agroalimentaria preguntan algo incrédulos, si esas amenazas son solo eso, amenazas.
La respuesta manteniendo un elevado sentido de la ética para el ejercicio de esta profesión entrenado para la proyección económica, pero no de eventos políticos o de antojos presidenciales, es recordarle a nuestros interlocutores que la propuesta de socialismo de siglo XXI, enjugada con iconos del siglo XIX, trae consigo la conversión en propiedad estatal de la propiedad de la gente y en ese camino ya hemos recorrido un buen trecho en leyes, jurisprudencia y normas constitucionales.
Rumbo a la servidumbre: socialización y estatificación progresiva
En otras palabras, ello implica de una manera pura y simple la expropiación, la estatificación y la confiscación de los activos generadores de riqueza en propiedad de la gente, tanto en capital abierto como el caso de La Electricidad de Caracas y CANTV, como en capital no abierto en empresas familiares y compañías anónimas y de responsabilidad limitada colapsadas no solo por los controles de precios y de cambio y la exacerbada presión tributaria y otros costos de transacción impuestos por otros mecanismos de intervención, Seguro Social, Indecu, pero sobre todo por el desplazamiento físico de productores e importadores nacionales por parte del Estado, el cual se ha convertido en monopolio importador de una buena cantidad de insumos y bienes importados para alimentar a la gente.
En otras palabras, el socialismo no tiene limites, el horizonte es llevar al Estado cualquier activo productivo capaz de generar un flujo de caja para convertirlo en ingreso fiscal trasfiriendo esa propiedad de la gente a propiedad del Estado. Las amenazas o excusas muestran el carácter político de todo cuando tiene no solo una justificación constitucional, es decir, una especie de terrorismo contra el marco definitorio de los derechos de propiedad ya debilitado en jurisprudencia, en leyes y decretos, todos encaminados a restringir la actividad económica de la gente como propietario.
El socialismo sin límites
Ejemplos, los proyectos de desarrollo endógeno, cooperativas de producción y servicios, empresas sociales, tenencia de la tierra, etc., están diseñados para extrañar y alienar de la gente la propiedad sobre esos activos; la propiedad de esos activos por defecto o efecto es en última instancia del Estado, allí reside la soberanía del socialismo y que muchos aún no entienden.
Es decir, no se dispone de esos bienes para beneficio propio, en los casos mencionados solo se usufructúa en función de un salario definido no como renta del trabajo sino como decisión administrativa ajena a todo ejercicio natural y racional económico. El subyacente jurídico de todo esto es el mismo de los regímenes comunistas de Cuba y Corea, la propiedad es estatal. El socialismo siglo XXI es similar entonces al régimen de servidumbre donde el Estado es dueño de los flujos de caja que generan os activos económicos y familiares, como los tipo soviético, coreano, cubano, para los efectos del marco jurídico que regula esa realidad socioeconómica, la propiedad estatal, dominante, es lo que define su esencia socialista o comunista.
Las consecuencias de la estatificación/socialización
Las consecuencias económicas de ese progresivo proceso de estatificación/socialización por efecto de los controles y de la penosa intervención del Estado en las economías de las empresas y familias, en general en el aparato productivo, en la tierra y en fabricas, han sido la descapitalización, una caída de la acumulación neta de capital lo cual ha transformado la producción nacional en la creación de empleos en el mercado internacional.
En el mercado laboral las consecuencias de la socialización por expansión del Estado como maquinaria productiva han sido terribles, una porción importante de trabajadores empleados en empresas de producción nacional se han desplazado hacia el sector del comercio donde no se requieren mayores experticias y habilidades y nuevas tecnologías y se pagan salarios menores, otros han sido absorbidos por incentivos rentistas y políticos en la expansión de la nomina del Estado, otros lanzados al mercado informal, donde se observa un rápido crecimiento en estos años, y otros, los mas calificados, expulsados por razones políticas perversas por deterioro de los derechos humanos al mercado laboral internacional, en la diáspora; en agregado, todo ello marca un proceso intenso de descapitalización del capital humano. Los indicadores sociales, pese al crecimiento económico de estos años que ocurre con inflación, muestran penosamente el incremento de la pobreza.
Inflación, escasez y racionamiento
En agregado, la balanza comercial muestra de modo determinante el pronunciado crecimiento de las importaciones de insumos y bienes terminados no solo alimentos y víveres para el hogar sino en general bienes de consumo final, durables y no es difícil probar que ello ocurre por deterioro de los indicadores de competitividad, por deseconomías provenientes de la realidad económica de cada sector productivo, sino por perversiones en el mercado cambiario, particularmente producidas por una inflación interna infinitamente superior a la de nuestros socios comerciales.
A este fenómeno se agregan el impacto negativo causado por los controles de precios y el tejido legal que debilita los derechos de propiedad, es decir, la debilidad jurídica para operar como empresas capitalistas en un escenario de revolución que marca un violento y rápido proceso de socialización, de estatización.
En agregando esos factores políticos y económicos que nos trae el progresivo proceso de socialización, no es descartable que el fenómeno de escasez visible y sensible a todos los sectores de ingreso se haga crónico, lo que unido a la pavorosa inflación que los indicadores del BCV no marcan, nos coloque rápidamente en una economía de programado racionamiento, en virtud de que las reacciones del gobierno en el reciente anuncio de políticas económicas de reducción del IVA y expansión del gasto publico, así como de caída en las tasas de interés termine induciendo más bien a más inflación por un lado, mientras que por el otro estimule la desinversión -estatificación y confiscación- y con ello una caída pronunciada en la producción local de bienes de consumo final, incluidos alimentos y víveres para el hogar.
El riesgo evidente es la generalización de un proceso de control de precios unido a una crónica escasez, lo que en la práctica nos colocaría en el escenario de una economía bajo racionamiento; una grotesca paradoja producida por la expansión de la actividad económica del Estado.
- 23 de junio, 2013
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