Silvio Rodríguez, poeta errado
Por Sergio Meza Salazar
Peru Liberal
Silvio Rodríguez acaba de cantar en Lima después de 20 años de larga ausencia. A pesar de discrepar con sus ideas políticas y extrañarme su apoyo al régimen comunista de Castro, no puedo dejar de confesar mi admiración por su arte, a pesar que muchas de sus canciones están marcadas por un sentido izquierdoso de la igualdad, la justicia social y el antiimperialismo. Sin embargo también tiene muchas que se alejan de lo político y se acercan más a lo humano.
Silvio Rodríguez es un compositor fecundo y un lucido interprete, pero tiene una evidente miopía para interpretar la realidad de su propio país y del mundo en que vivimos. De otra manera no es entendible como alguien tan sensible como Rodríguez no sea un crítico acérrimo de las dictaduras, del totalitarismo y del comunismo, que tantas victimas han ocasionado para mantenerse en el poder, robándoles el alma a sus ciudadanos. Es extraño que un ser humano dedicado al arte, como Silvio que crea libremente, no se haya puesto primero en la fila para señalar a Castro como uno de los peores tiranos de la historia de nuestro continente. Claro que si denuncia, a través de sus poemas cantados, los demás crímenes cometidos por otros líderes mundiales y eso está bien, aun cuando no quiera reconocer la sistemática violación a los derechos humanos y la ausencia de libertades que sufren sus compatriotas desde hace cuatro décadas.
A Silvio Rodríguez no se le puede criticar falta de compromiso social, pues es un idealista que aspira a que todas las personas tengan acceso a la salud, a una buena educación, a una vivienda digna, a un trabajo honesto, aspira en conclusión a que todos los seres humanos sean felices, pero se equivoca en la visión paternalista que tiene respecto al rol del Estado, cuando considera que es este quien debe proveerles de todo, cuando en realidad cada uno debiera conseguir las cosas de acuerdo al propio esfuerzo, partiendo de una base común que podríamos denominar igualdad de oportunidades. Silvio se equivoca cuando cree que la libertad de los individuos puede ser recortada a cambio de educación o salud, cuando en realidad él es un artista que basa su carrera profesional en el ejercicio de una libertad que le sirve para crear y cantar aquello en lo que cree. Si Silvio le hubiera cantado a la libertad, hubiera sido fusilado o encarcelado por aquel mismo líder al que no critica. Si Silvio no fuera condescendiente con el dictador barbado hubiese tenido que huir a otro país en busca de su libertad, como miles de cubanos lo han tenido que hacer.
Silvio Rodríguez sigue provocando en muchos de sus miles de seguidores simpatías hacia la causa comunista cubana, retrasando su caída, con lo cual no contribuye a que en su país haya menos pobreza, más oportunidades y más libertad para todos.
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