El mito del deterioro de los términos de intercambio
Por Manuel Alvarado Ledesma
La Nación
De la mano del keynesianismo (que sostenía que para alcanzar el pleno empleo se necesitaba la intervención del Estado), surgió el mito que ha impedido un desarrollo más acelerado, equitativo y armónico. Tal mito se sustenta en la idea de que el agro no puede sacar al país adelante y, por ende, debe financiar a otras áreas más eficientes en tal cometido.
En la década del 40 alcanzó su madurez y desde ese tiempo ha devenido en una suerte de visión en que la industrialización debe realizarse aun a costa del campo. Es la visión de los compartimientos estancos que no logra entender el fenómeno de los encadenamientos. Las políticas agroeconómicas de acentuado sesgo antiexportador, al reducir, mediante derechos de exportación, el costo local de los productos de exportación -precisamente, los alimentos- contribuyen, sin duda, al aumento del valor real de los salarios, porque mejora la capacidad adquisitiva y, obviamente, brinda cuantiosos recursos al poder político. Pero este resultado tiene un costo: se perjudican los sectores con mayor probabilidad de crecimiento sostenido sobre la economía toda. Se instala, pues, la política de la inmediatez plasmada en la estrategia de sustitución de importaciones.
Asentadas en la teoría de la inelasticidad de la oferta agrícola y ganadera, que sostiene que la producción de origen agropecuario es presuntamente fija y, por ende, no responde al movimiento de los precios, durante años se ha pensado que el perjuicio ocasionado al agro resultaba un mal menor para el país Expoliar al campo no era algo malo, pues éste no podía, según tal base ideológica, ser generador de crecimiento, principalmente, por el llamado “deterioro de los términos de intercambio”. Según esta concepción del comercio internacional, los valores de los productos primarios, presuntamente, quedaban relegados frente a los demás, concretamente, los industrializados. A esa idea se agregaba la convicción de que la mayoría de los productores constituían una oligarquía latifundista. De esta forma, la actividad quedaba en el plano de lo denostable. La tesis sobre la tendencia al deterioro de los términos de intercambio de los países subdesarrollados es fruto de los trabajos de Hans Singer y Raúl Prebisch, a principios de la década de 1950. Explican los resultados de investigaciones empíricas realizadas por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas que corroboran dicha tendencia.
La solución consistiría, siguiendo el argumento de la industria naciente, en la industrialización endógena al amparo de las barreras comerciales y la posterior inserción en la economía mundial. Sin embargo el premio Nobel Douglas C. North en Agriculture in Regional Economic Growth (1959), afirma que una producción exitosa de productos agrícolas y extractivos para la exportación puede ser -y, en ciertas condiciones, ha sido- el principal impulsor del crecimiento económico, del desarrollo de economías externas, de la urbanización y, por último, del desarrollo industrial. Aun cuando el paso tiempo demostrara las fuertes limitaciones de la llamada tendencia al deterioro de los términos del intercambio, la idea ha quedado implantada en la forma de razonar de la dirigencia. Es curioso cómo algunos análisis suelen convertirse en paradigmas, aun cuando se demuestre lo contrario o se le quite el carácter de verdad permanente. La misma Comisión Económica para América Latina (Cepal) afirma: “[…] no hay evidencia de que exista una tendencia secular o continua al deterioro de los términos de intercambio”. La realidad es que el agro es motor de desarrollo.
Al analizar el PBI, los estudios sobre la economía de un país revelan cómo ese producto se compone con el valor agregado por todos los sectores: el agro, la industria, la construcción y los servicios. Esos sectores están en mayor o menor medida interrelacionados, y lo mismo sucede con otros sectores de la industria y de los servicios. Cada año que pasa, resulta mayor la capacidad de generación de industrias del agro, que se instalan aguas arriba y abajo. Utiliza cada vez más insumos y bienes de capital, muchos de ellos provenientes del exterior, pero muchos otros industrializados en el país y, en la medida que la producción primaria crece mayor es la probabilidad de que los insumos importados se hagan en el país y que tal producción se industrialice y se diferencie.
El agro origina nuevas actividades a lo largo de una vigorosa cadena agroindustrial que, por otra parte, tiene los multiplicadores de empleo más elevados de la economía argentina.
El autor es director de Consultoría Agroeconómica
- 23 de junio, 2013
- 21 de abril, 2021
- 20 de enero, 2026
- 15 de marzo, 2020
Artículo de blog relacionados
- 18 de agosto, 2008
The Beacon Ciento cincuenta intelectuales conocidos del mundo de habla inglesa, la mayoría...
21 de julio, 2020- 11 de junio, 2022
La Opinión, Los Angeles Guatemala.- Cerca de 50.000 guatemaltecos viajan cada año a...
17 de abril, 2010














