Nicanor anticapitalista
Por Porfirio Cristaldo Ayala
ABC Digital, Asunción
El presidente Nicanor Duarte Frutos no parece entender cuál es el sistema económico que rige en el país. Analiza correctamente una injusta situación, como el subsidio estatal a los ricos a costas de los pobres, pero le culpa de ello no al estatismo mercantilista predominante en el país y del cual él es su más ferviente defensor. Le culpa al capitalismo, ¡un sistema que nunca existió en el país! Los estatistas odian el capitalismo, no solo por razones de envidia y resentimientos sociales, sino también porque desconocen las bases de la economía libre y hasta la diferencia entre ricos, capitalistas y empresarios.
Duarte Frutos, en uno de sus acostumbrados discursos electorales, condenó a los “capitalistas insensibles” que se niegan a reducir sus ganancias “para construir la paz social”. El gobernante, es obvio, desconoce la función de las ganancias en la economía. No sabe que en una empresa solo existen ganancias cuando se complace a la gente. La ganancia es el incentivo que lleva a los empresarios a invertir, contratar empleados y aumentar la producción para satisfacer las necesidades más urgentes de los consumidores. Más gana el que mejor sirve a la comunidad. Y la ganancia de uno no es la pérdida de otro.
Las ganancias cumplen una función social fundamental. De las ganancias surgen el ahorro y la inversión. Lo que se gana se consume o se ahorra. Las inversiones y recursos ahorrados sirven para la producción de bienes de capital. Las ganancias originan una mayor tasa de capital, aumento de la demanda de trabajo y la producción, baja de los precios y alza de los salarios y mejora del nivel de vida de la gente. En todos los países civilizados, cuanto más elevadas las ganancias, mayor es la caridad y el auxilio que reciben los más pobres.
Pero, claro, esto se aplica solo al capitalismo o economía libre de mercado que con algunas restricciones rige en Europa, EE.UU., Japón, Australia, Nueva Zelanda, Corea, Taiwán, Singapur, Chile y otros que están prosperando. En el estatismo paraguayo que defiende Duarte Frutos, los gobiernos “eligen” las empresas que obtendrán ganancias a través de mercados cautivos, subsidios y protecciones. Las empresas de los “amigos”, como en la época de Luis XIV, no necesitan competir, pues tienen monopolios, aranceles y protecciones que frenan el ingreso de nuevos competidores.
“El Estado paraguayo siempre ha subsidiado a los ricos, mientras son expoliados los agricultores”, asegura Nicanor. “¿Cuánto han robado los seudoempresarios al Estado paraguayo?”, se pregunta. Tiene razón. Esta es la naturaleza del estatismo. No obstante, olvida que es dicho Estado prebendario, precisamente, el que él defiende con pasión. “El Estado tiene que poner orden”, dice. Pero, ¡no ve que es el mismo Estado el que origina la injusticia! ¿Cómo podrá ser juez y parte? La única forma de “poner orden” es reformando ese Estado y liberalizando la economía, ideas que Nicanor rechaza tajantemente.
Duarte Frutos propone que si los ricos reciben subsidios, también los pobres lo reciban. ¿No piensa que, en justicia, ni ricos ni pobres deben recibir subsidios o tener privilegios que toda la población habrá de solventar con su trabajo? No. La igualdad de derechos o ausencia de privilegios es solo válida en el capitalismo, no se aplica al estatismo clientelista que rige en el país. “Cuando se entrega plata a los seudoempresarios -comenta Nicanor- dicen: ¡Qué serio es este presidente!”. Es posible. Los seudoempresarios “amigos” dirán eso, pero otros podrían pensar: ¡Qué fracaso resultó este presidente!
“El capitalista en su gran mayoría ha ganado plata en complicidad con el Estado”, dice. Se equivoca. Los que se enriquecieron en complicidad con funcionarios públicos y gobernantes no son los capitalistas ni los verdaderos empresarios, sino los “amigos” que en el estatismo se valen de sus conexiones en el Gobierno para obtener ventajas y privilegios. Los males que denuncia Nicanor se solucionan no persiguiendo a los ricos, sino abandonando el estatismo y liberalizando la economía. Mucho más importante, la liberalización de la economía acabará con la pobreza, la desesperanza y la corrupción.
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