La crisis del Estado de bienestar
Por Juan Velarde Fuertes
ABC
A partir de 1942, tras los dos Informes Beveridge, el ciudadano de los países occidentales pasó a creer que era posible el pleno empleo y la seguridad de su permanencia en el puesto de trabajo, así como la cobertura de un amplio conjunto de necesidades que se resumen en las pensiones, la asistencia sanitaria, las ayudas tanto a los desempleados como a la familia.
Todo eso constituiría lo que se bautizó como Estado de Bienestar. Con el apoyo de los keynesianos, y una muy débil resistencia doctrinal, casi exclusivamente residenciada en la Escuela austriaca, en general tratada de modo desdeñoso, todo eso no sólo parecía ser una construcción magnífica, sino continuamente ampliable, de acuerdo con el lema que irónicamente formuló con estas palabras el economista sueco Lindbeck: “Siempre más, nunca bastante”.
Sin embargo, desde que estalló la mina formidable planteada por Friedman en 1968, en su célebre ensayo “El papel de la política monetaria”, no ha cesado de crecer la convicción de que el intentar seguir por un camino que parecía tan amable y atractivo, era dirigirse hacia el infierno de una crisis económica muy seria.
En España nos hemos acostumbrado a tener una alta cifra de parados. Ahora, aun a pesar de una coyuntura favorable desde 1995, hemos de conformarnos con tasas de desempleo superiores al 8%. Aparte de ello, gracias a la investigación de José María Arranz y de Carlos García-Serrano aparecida en el artículo “Un panorama de la seguridad en el empleo en España (1987-2003)”, publicado en “Moneda y Crédito”, nº 223, 2006, conocemos que “las mujeres, los trabajadores con contrato de naturaleza temporal… esencialmente los manuales poco cualificados, y los ocupados en el sector agrícola o de la construcción, presentan importantes síntomas de inseguridad laboral… (que) creció de forma importante durante los años ochenta y los noventa del siglo XX y comenzó a disminuir a finales de dicha década”.
Por lo que se refiere a las pensiones, es muy difícil disentir de lo que señalan María José Sáez y David Taguas en el artículo “La reforma de las pensiones”, aparecido en “Panorama Social”, segundo semestre 2006: “En ausencia de cambios normativos, entre 2011 y 2015, el sistema de prestaciones contributivas podría incurrir en déficit”. El Fondo de Reserva “permitiría financiar los déficit entre 7 y 10 años a partir de esa fecha”.
Y, ¿después? Además, a partir del choque petrolífero de los 70, la ayuda familiar quedó hecha añicos, y en estos momentos la conjunción de una población muy vieja, más un encarecimiento acelerado de medicinas, equipo sanitario y salarios del personal sanitario, amenaza la estabilidad del hasta ahora espléndido Sistema Nacional de Salud.
En vez de acometer reformas profundas en algo que amenaza ruina, se prefiere buscar refugio en simples treguas como el Pacto de Toledo. Es muy peligroso.
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