Totalitarismo…
Por Diego Márquez Castro
Correo del Caroní
“Las democracias son incompatibles con una visión del mundo colectivista“.
Fernando Savater
El totalitarismo como forma de gobernar pertenece básicamente al siglo XX y ha extendido sus ramificaciones, con enmascaramientos y eufemismos, en el siglo actual. Dos intelectuales de peso, el italiano Umberto Eco y el venezolano Arturo Uslar Pietri, testigos generacionales de esta expresión política, dedicaron unas cuantas líneas de sus escritos a desarrollar un conjunto de opiniones y precisiones sobre esta temática que, como vemos, lejos de agotarse, se convierte en los tiempos que corren en un punto de obligada discusión, al menos en la sociedad venezolana contemporánea.
Al respecto, Eco en un ensayo publicado en el libro Cinco escritos morales, coloca en el tapete el caso del fascismo como manifestación del totalitarismo, en tal sentido afirma que “el fascismo de Mussolini se fundaba en la idea de un jefe carismático, en el corporativismo, en la utopía del “destino fatal de Roma”, en una voluntad imperialista de conquistar nuevas tierras, en el ideal de una nación uniformada, en el rechazo de la democracia parlamentaria”. Al respecto, Uslar Pietri también tuvo una apreciación sobre el fascismo y sobre su líder Mussolini quien “fabricó una ideología de retazos, mal ensamblada y hasta contradictoria, pero que sabía responder a resentimientos y carencias de la gente”. Fue, pues, una situación caracterizada por la crisis social y de las instituciones el caldo de cultivo que permitió la emergencia de este régimen que comenzó por ser autoritario y terminó en su más amplia dimensión totalitaria. El escritor venezolano planteó que tal fenómeno “salió del tronco del viejo socialismo europeo, como había salido el poder soviético. Tomó de él el tono mesiánico, la emoción populista y la importancia de los trabajadores. Pero también tomó de otras fuentes. De aquel poeta del sindicalismo revolucionario que se llamó Jorge Sorel, que había caído, sin proponérselo, en la idolatría de la violencia. Con esos heterogéneos ingredientes y con su poderosa personalidad carismática compuso un movimiento que a la larga llegó a tener una apariencia de doctrina”.
Eco, por su parte, expresa en su libro que “Mussolini no tenía ninguna filosofía: tenía sólo una retórica”. Importante esto porque los militantes del fascismo aceptaban como una especie de dogma de fe la idea de que el Duce nunca se equivocaba, es decir, era prácticamente infalible, su palabra era ley y su razón, la única y verdadera razón. Por otra parte, Eco señala que “el fascismo italiano fue el primero en crear una liturgia militar, un folklore e, incluso, una forma de vestir” que resaltaba a los miembros del partido fascista como “ciudadanos de primera”, leales a su caudillo y su revolución, frente al resto de ciudadanos que no comulgaban con sus ideas y procederes, y que, por supuesto quedaban marcados con el sello de la exclusión y la intolerancia: “A Gramsci lo metieron en la cárcel hasta su muerte; Mateotti y los hermanos Rosselli fueron asesinados; la prensa libre fue suprimida, los sindicatos desmantelados, los disidentes políticos fueron confinados a islas remotas; el poder legislativo se convirtió en mera ficción y el ejecutivo (que controlaba al judicial, así como a los medios de comunicación) emanaba directamente las nuevas leyes”. O sea, que el poder se concentraba en la persona y en la figura del máximo líder quien se había convertido en el Estado, dentro de una dimensión absolutista.
Uslar Pietri describió dicha situación con las siguientes palabras: “Era un sistema autoritario, proclamador de la violencia y de la guerra como instrumento del progreso, exaltador del Estado como personificación suprema e indiscutible de la nación, con una estructura rígida de disciplina, que no admitía disidencia ni oposición y que iba desde la cabeza omnipotente del gobierno, por vías verticales, hasta el trabajo del más modesto trabajador. Menospreciaba y destruía todo lo que oliera a democracia o libertad. Fue lo que se llamó el totalitarismo. Una sola cabeza disponía, la del Duce. En esta forma creó un partido poderoso, tomó el poder, hizo de Italia un país de partido único, bajo un régimen policial, guerrero y sin apelación”.
Dentro de este contexto, Eco se introduce en lo que constituyó la interpretación de la cultura por parte del fascismo con los siguientes razonamientos: “El irracionalismo depende del culto de la acción por la acción. La acción es bella de por sí, y, por tanto, debe actuarse antes de y sin reflexión alguna. Pensar es una forma de castración. Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas”. Para los totalitarismos de cualquier signo, de acuerdo a la apreciación de Eco, se considera “cultura” aquellas manifestaciones que ideológica y estéticamente apuntalan la imagen del régimen y su líder, muestra de ello fue el llamado arte nazi, en la Alemania de Hitler y el arte fascista italiano o el conocido realismo socialista de los estados comunistas. Dentro de este aspecto, el escritor italiano habla de la explotación del nacionalismo y de la búsqueda y creación de “enemigos” externos que pueden amenazar la patria, pero, paradójicamente “los fascismos están condenados a perder sus guerras porque son incapaces de valorar la fuerza del enemigo”. En esa dimensión, el líder y su régimen generan un discurso que gira en torno a la muerte porque para el fascismo “no hay lucha por la vida, sino más bien vida para la lucha: la vida es una guerra permanente”. Y, guerra equivale a muerte.
La presencia omnímoda del Estado se tradujo en una suerte de tarjeta de presentación y de identificación del totalitarismo y a tal respecto Uslar Pietri manifestó que al siglo XX estaba reservado “llevar hasta sus más delirantes extremos la presencia del Estado en la sociedad civilizada, hasta el punto casi de llegar a sustituirla por completo. No se había conocido en la historia nada que pudiera asemejarse porque las más temibles tiranías del pasado y las más grandes concentraciones de poder político no llegaron a invadir por completo todo el ámbito de la vida social, como fue el caso de los deshumanizados regímenes totalitarios que el mundo conoció como una pesadilla en los casos del sistema soviético, del fascismo italiano y del nazismo alemán, hasta llegar a hacer desaparecer la noción misma de una sociedad civil y una existencia individual”. Lo cual puede resumirse en palabras de Mussolini: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”… Siglo XXI… ¿semejanzas? ¿analogías? ¿diferencias? ¿coincidencias? ¿apariencias? ¿qué piensa usted?
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