Si hace las cosas mal, ¿por qué le va bien?
Por Mariano Grondona
La Nación
Si uno hace las cosas mal, debiera saber de antemano que le irá mal. Según uno de nuestros economistas más conocidos, a quien llamaremos X, los argentinos nos caracterizamos, sin embargo, por hacer las cosas mal y esperar que nos vaya bien. Por eso después, cuando efectivamente nos va mal, nos sorprendemos ante lo previsible.
Citaremos unos pocos de los numerosos ejemplos de nuestra historia reciente que ilustran esta paradoja. Después de haber encendido nuestra esperanza con el Plan Austral del ministro Sourrouille, el presidente Alfonsín aflojó la disciplina monetaria y fiscal que el plan requería. Cuando debió abandonar el poder seis meses antes del plazo señalado en medio de la hiperinflación, Alfonsín, y el país con él, se conmovieron ante la irrupción de lo previsible.
Los ejemplos de esta paradoja de la irracionalidad argentina podrían multiplicarse. En 2001, cuando volvió al gobierno para salvar a De la Rúa, Cavallo pretendió sostener el tipo de cambio de un peso por un dólar que había salvado al país de la hiperinflación en 1991, pero que se había vuelto insostenible. A esas alturas de los acontecimientos, no había otra salida que devaluar. ¿Qué habrán pensado De la Rúa y Cavallo en esos críticos momentos? ¿Que les iría bien no haciendo lo que tenían que hacer?
Y en cuanto al propio Duhalde, ¿no supo a quién estaba digitando como presidente en 2003? Porque se sabe desde Maquiavelo que el primer empeño del ahijado, cuando es infiel, es traicionar al padrino. Pero Duhalde, contra esta conocida advertencia, escogió como ahijado precisamente a quien lo traicionaría. ¿Se habrá sorprendido después, cuando cayó sobre su cabeza la previsible guillotina?
En éstos y otros ejemplos, la observación del conocido economista X se ha cumplido al pie de la letra. Por eso, cuando el gobierno actual empezó a hacer mal una serie de cosas, parecía previsible que, al igual que a sus antecesores, también le iría mal. La sorpresa es mayúscula ahora porque, habiendo hecho tantas cosas mal, le ha ido bien. ¿Qué explicación podría ofrecernos, en este caso, X?
Lo bueno y lo malo
¿Qué queremos decir cuando afirmamos que al actual gobierno “le ha ido bien”? En el campo económico, que el país ha crecido por cuatro años consecutivos al nueve por ciento anual. Esta es una cifra nunca alcanzada en la Argentina posterior a 1930, sólo comparable a los mejores años de Menem-Cavallo. En el campo político, las encuestas predicen que el matrimonio Kirchner, en cualquiera de sus versiones, marcha hacia la victoria en las elecciones presidenciales de octubre con un ritmo comparable al que beneficiaba al presidente Menem antes de su reelección en 1995.
Con alto crecimiento económico y anticipos electorales favorables, ¿quién podría negar que al Gobierno le va bien? Pero, para lograr este doble resultado, ¿hizo acaso todo bien? Es lícito dudarlo En el campo económico, generó presiones inflacionarias al mantener un dólar artificialmente alto y al aumentar decididamente el gasto público, tratando de disimular estas presiones mediante un rígido control de precios que desanima a los inversores y exacerbando al fin su política de sustitución del mercado por el Estado mediante la alteración grosera de los indicadores de precios del Indec. En el campo político, anuló la división republicana de los poderes subordinando al Congreso y a los jueces y paralizando el funcionamiento del federalismo a través de una concentración pocas veces vista del poder en las manos de un hombre.
Se supuso entonces que el control de precios desanimaría a los inversores, sobre todo en sectores sensibles como la provisión de energía y la oferta de los productos alimenticios. Se llegó a anticipar, incluso, cortes de energía que finalmente no ocurrieron y la expansión de los paros agropecuarios que desembocaron, sin embargo, en la mesa actual de las negociaciones. También se supuso que el autoritarismo presidencial no sólo en la sustancia de las cosas, sino también en la abusiva agresividad de las formas generaría una enérgica reacción republicana en la sociedad pero, contra lo que se suponía, el Gobierno continúa liderando holgadamente las encuestas.
Tres explicaciones
Contra los que anticipaban altos costos económicos y políticos para el Gobierno por lo que estaba haciendo mal, el propio Gobierno sostiene que si le va bien es porque hizo las cosas bien. Porque, como acaban de afirmar el Presidente y su ministra de Economía al responder agresivamente a las críticas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), lo que en verdad estaba mal era la política “neoliberal” que proponían los organismos internacionales en desmedro del desarrollo argentino. Al defender nuestro desarrollo, agregan sus voceros oficiales, el Gobierno ha inaugurado una política económica heterodoxa que enfatiza la demanda popular en lugar de la codicia capitalista y que protege la industria nacional contra la competencia externa. Desde el ángulo de mira de Kirchner y sus colaboradores, entonces, no puede asombrar que el nuevo enfoque que ellos sostienen esté ofreciendo abundantes frutos. A ello agregan los partidarios del Gobierno que su supuesta desviación autoritaria no es otra cosa que la recuperación del protagonismo político por parte del Estado allí donde hasta ahora había predominado la timidez y hasta la complicidad con los intereses externos de gobernantes como Menem y De la Rúa.
Los críticos del Gobierno reconocen que a éste le va bien pero sólo hasta ahora , subrayando que éste es un gobierno encandilado por el corto plazo, que no quiere ver las consecuencias finales de lo que está haciendo mal aunque ellas se verán más adelante, cuando nos fulmine el largo plazo, presumiblemente durante el próximo período presidencial, cuando también se modere la euforia actual de los precios de las materias primas.
En el campo político, los críticos del Gobierno señalan que la reacción republicana que adelantó el rechazo de la reelección indefinida de Rovira por parte del pueblo misionero en 2006 terminará por extenderse al país entero, una vez que todo el pueblo termine de advertir los impulsos dictatoriales de los que ahora nos gobiernan.
Quizá podría sugerirse frente a estas dos tesis opuestas que, si bien el Gobierno hace las cosas mal en lo económico y en lo político, como dicen sus críticos, tiene, a la inversa de sus antecesores, una cintura política excepcional para demorar las consecuencias de lo que está haciendo. El diálogo con el campo, el abandono de sus aliados reeleccionistas en distritos como Buenos Aires, Misiones, Jujuy y ahora La Rioja, incluso la promoción de candidaturas de estilo no kirchnerista como la de Scioli, muestran que el Gobierno consigue frustrar una y otra vez las consecuencias previsibles de sus errores. Esta habilidad táctica de quienes nos gobiernan, sin embargo, difícilmente podrá compensar indefinidamente su profunda debilidad estratégica . Cuando ella, al fin, se manifieste, será sólo entonces cuando X volverá a tener razón.
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