EE.UU.: Paradojas del no ahorro
Por Roberto Álvarez Quiñones
La Opinión
El anuncio del gobierno hace pocos días de que la tasa de ahorro en EU es hoy la más baja desde que Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia hace 74 años creo que no tuvo la repercusión que debió tener entre los analistas.
Aunque se trata de un problema con muchas aristas y algo complicado de desmenuzar, esta noticia revela por lo claro que en la mayor economía del mundo, por muy amplio margen —casi cuadruplica en tamaño a la que le sigue, que es Japón—, el ahorro personal casi ha desaparecido.
Resulta que en 2006 los estadounidenses no sólo no ahorraron nada en términos estadísticos, sino que gastaron un 1% más de lo que ganaron. Esta tasa de ahorro negativa, de -1% en 2006, fue la peor desde el -1.5% registrado en 1933, el más desastroso año de la Gran Depresión.
Decía que el tema es algo complicado porque fue por gastárselo todo que los consumidores hicieron posible que la economía de EU creciera más de un 3% el año pasado, la mayor alza en el Primer Mundo.
O sea, si los consumidores hubiesen ahorrado, el Producto Interno Bruto (PIB) probablemente habría sido muy inferior y el desempleo habría aumentado.
Pero la falta de ahorro en EU hay que verla en un contexto más amplio. Porque si bien los consumidores han generado un robusto crecimiento económico en estos años, ello se debe a que gastan más de lo que ganan y eso es peligroso en una nación con 300 millones de habitantes y con tan alto poder adquisitivo.
Hoy, el 63% de las familias del país tiene una deuda que oscila entre 2,200 y más de 21,400 dólares, sin contar las hipotecas de las viviendas, según el gobierno.
Es decir, la deuda es mucho más elevada entre los dueños de casa. De los 85 millones de personas que tienen tarjeta de crédito en EU, unos 30 millones deben entre dos mil y más de 23 mil dólares, según datos oficiales.
Esto no puede continuar por mucho tiempo. Primero, porque las tasas de interés de corto y largo plazo inevitablemente van a subir y las deudas se van a tornar más difíciles de amortizar; segundo, porque ese camino lleva a una crisis financiera cuando se haga evidente la insolvencia de los consumidores para pagar las deudas acumuladas.
Aprovechando que se acerca el momento de recibir los reembolsos que el gobierno da a los contribuyentes cada año, el mejor consejo hoy es el de dedicar el dinero recibido a pagar las deudas, o reducirlas.
Claro, esto no va al fondo del problema, que es la pérdida de la cultura del ahorro, pero lo peor es que, paradójicamente, los consumidores tampoco pueden dejar de gastar, pues nos hundimos en una recesión.
Por eso decía que el asunto es complicado ¿No?
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