La nueva constitución
Por Rómulo López Sabando
El Expreso de Guayaquil
El estado de Derecho no está vigente, debido a que la actual Constitución, (1978-98/2007) privilegia y distorsiona al Ejecutivo, descalabra al Legislativo y corrompe la justicia. Es un código de normas reglamentarias.
La nueva Constitución deberá establecer las fronteras y límites para evitar el totalitarismo. Sustentar el poder por el poder, es sembrar el autoritarismo, que somete el bienestar al clientelismo y la democracia a las virtualidades mesiánicas de transitorios gobernantes. El poder, sometido íntegramente al imperio del Derecho, será una herramienta de acción política.
La Constitución del Ecuador comprende las áreas dogmática y orgánica. La primera, los valores supremos de la vida. Somos, por naturaleza, iguales. Tenemos iguales derechos e iguales oportunidades. Las diferencias, sean físicas, intelectuales o de otra índole, de ninguna manera, perturban, disminuyen o aumentan los derechos fundamentales e inalienables: vida, libertad, educación, propiedad y el optar, libremente, al bienestar y la satisfacción de las propias necesidades. Es nuestro derecho y nuestra responsabilidad, participar en las soluciones de las demandas sociales.
Amerita oír la voz de los pueblos. La gente quiere trabajo, quiere servicios, quiere justicia. Al pueblo hay que garantizarle educación, seguridad y, sobre todo, respetar sus derechos fundamentales.
Somos libres, pero este derecho inalienable implica “responder” por los resultados de nuestras acciones. Es decir que no hay libertad sin responsabilidad. La sociedad, ente abstracto, es la unión de seres humanos. El hombre es el principio y fin de la sociedad. Sociedades libres son las que privilegian la libertad de sus integrantes. No hay sociedades libres si existen humanos esclavos. Cuando los hombres son libres, las sociedades son libres. Si las sociedades esclavizan a los hombres la libertad se pervierte. La libertad no es una dádiva del Estado. Es derecho propio e indivisible. Por ello, creo que la libertad no debe ser patrimonio de pocos, la vida nunca debe ser vulnerada y que el respeto al derecho ajeno sea el soporte de la paz. Debemos respetar la libertad, la propiedad y la vida de los demás.
Los pueblos demandan autonomía e incentivos para producir, sin privilegios. He aquí un cambio sustancial. El régimen seccional, que está más cerca al pueblo, está impedido de trabajar por tecnócratas desconocidos que manejan los ingresos y su reparto. La Cuenta Única del Tesoro Nacional, (centralismo vivo), impuesta por antiguos dictadores, es una aberración que entorpece y angustia. Genera corrupción.
Así, los municipios y las universidades sufren calvarios para recibir sus fondos y cumplir sus obligaciones. La autonomía económica es vital. Esto debe quedar muy claro, pues los servicios, son las dos terceras partes del crecimiento mundial. Industrializar con insumos, maquinarias, repuestos y tecnologías, con cero tributos, creará empleo, competitividad y los pobres tendrán ropa, comida, educación y empleo.
La parte orgánica contendrá las normas para lograr el progreso. Mejorar el nivel de vida y hacer de su calidad el vector del desarrollo cultural y moral, es el reto. Se trata de que la sociedad sea más libre y más próspera. Y, por ende, robustecer la tendencia moral de los ciudadanos a ser virtuosos. La nueva dimensión del saber, la economía del conocimiento, que genera más riqueza, a corto plazo, conduce al bienestar de enormes grupos humanos.
Las TIC (tecnologías de la información y el conocimiento), el mundo digital y la globalización del saber, son la estrategia válida para el desarrollo. Saber cómo generar conocimientos, cómo utilizarlos, cómo protegerlos, cómo encontrar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país. Facilitar los accesos a la tecnología de punta, al hardware y al software.
El oro, petróleo, uranio, trigo, ganado, bienes básicos, materias primas, banano, café, cacao, frutas, etc., no compiten con el conocimiento digital. Los pueblos más ricos del mundo no son los petroleros. Los que cambian de una economía de bienes básicos a la “economía del conocimiento” serán más ricos. Por tanto, evitar la fuga de cerebros y de los que hablan el lenguaje digital, genético o el lenguaje intelectual es el desafío constitucional.
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