Una fiesta inoportuna
Por Andrés Oppenheimer
El Nuevo Herald
Tras leer en The Miami Herald que un comisionado de la ciudad propuso realizar un fiesta en el estadio Orange Bowl, cuando Fidel Castro se muera, decidí llamar a varios opositores pacíficos en Cuba para preguntarles por sus reacciones.
La mayoría me dijo que se trata de una idea espantosa.
Antes de decirles lo que pienso de la propuesta – que tras las críticas de medios norteamericanos y extranjeros ha sido rebajada de ”fiesta” a ”evento público”, sin bailes de música salsa -veamos lo que me dijeron los activistas prodemocracia en entrevistas telefónicas desde La Habana.
Oswaldo Payá, el líder del Movimiento de Liberación Cristiano que organizó una histórica recolección de 25,000 firmas en la isla para pedir un referendum sobre la necesidad de permitir libertades democráticas, sugirió que la celebración de una fiesta será ofensiva para muchas personas en Cuba.
”Yo no celebro la muerte de nadie” me dijo Payá. “Aunque muchos elementos del régimen ofenden, violan derechos y atentan hasta contra la dignidad de personas indefensas, creo que actos de celebración de la muerte de alguien ofenden a su familia y resquebrajan la dignidad del que lo hace”.
Cuando le pregunté que debería hacer el exilio cubano, Payá respondió: “creo que lo que valdría hacer es una celebración dentro y fuera de Cuba el día que Cuba sea libre, el día que iniciemos el camino de la reconciliación y la democracia…sin herirnos, sin atacarnos, y respetándonos todos en este concepto de gran familia que somos todos los cubanos”.
Oscar Espinosa Chepe, un economista independiente que fue encarcelado por sus escritos en el 2003 y liberado por razones médicas a final del 2004, me dijo que realizar una fiesta en Miami después de la muerte de Castro “no tiene ningún sentido, y va a ser un escándalo internacional”.
”Yo entiendo la situación en Miami. Sé que son personas que han sufrido mucho, que han sido humilladas, y tienen todo el derecho de expresar sus sentimientos”, dijo Espinosa Chepe. “Pero las repercusiones que eso tendría en Cuba serían muy negativas”.
”Hay una realidad: Castro es una persona anciana, que ha gobernado Cuba por casi 50 años, que deja un legado muy triste en la población, pero que siempre deja una cosa sentimental, de respeto en muchas personas”, agregó. “Aunque su imagen se ha erosionado extraordinariamente, no hay que olvidar que una mayoría de la población en su momento vio a Fidel Castro como un Dios”.
Según Espinosa Chepe, una celebración organizada por la ciudad de Miami ayudaría enormemente a la maquinaria de propaganda del régimen cubano, que durante décadas ha venido repitiendo a diario que los exiliados de Miami – la ”Mafia de Miami”, como los llama el régimen – quieren volver a la isla para reclamar sus antiguas casas, vengarse de los cubanos que se quedaron en el país, y convertir a Cuba en una colonia de los Estados Unidos.
El gobierno va a decir que la oposición de Miami es inhumana, que los exiliados están llenos de odio, que estan buscando venganza y revancha”, dijo Espinosa Chepe. “Eso va a paralizar a muchos sectores de la población que participaron de la revolución”.
Martha Beatriz Roque, una economista de línea dura que también fue encarcelada en el 2003 y liberada al año siguiente, fue menos crítica de la idea de una celebración.
Hay una cosa cierta, y es que Fidel Castro le ha hecho mucho daño al pueblo cubano: hay muchas familias separadas, mucho dolor en el pueblo cubano” señaló. “Y quizás haya gente que quiera quitarse el dolor de esa forma. Hay que respetar la forma de pensar de la gente”.
Mi opinión: una celebración patrocinada por la ciudad sería factor irritante para muchos cubanos de la isla que invirtieron una buena parte de sus vidas en la revolución, aunque después se hayan desilusionado de la misma. Y un ”evento público” oficial más discreto sin un mensaje claro no cambiaría mucho, porque inevitablemente se convertiría en una fiesta.
En su lugar, los exiliados cubanos podrían realizar un servicio religioso en memoria de las víctimas de la dictadura cubana, y usar la ocasión para atraer la atención mundial sobre las desastrosas políticas económicas del régimen cubano mediante una recolección de comida para el pueblo de Cuba. Segun me dijeron cubanos de la isla, la tarjeta de racionamiento de comida no incluye carne, y sólo otorga tres cuartos de libra de ”picadillo de soja” por persona por mes, apenas suficiente para una comida.
De manera que aquí va mi humilde sugerencia para las autoridades de Miami: el día que Castro muera, organicen una recolección de comida bajo el lema ”una chuleta de carne para cada cubano”. Eso no sólo sería lo más inteligente -y decente- sino que también pondría a la dictadura militar cubana a la defensiva.
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