Es lo que hay
Por Hernán Felipe Errázuriz
El Mercurio
Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa y Daniel Ortega procuran implantar “el socialismo del siglo XXI”. Fácil sería caricaturizarlos como si fueran el Rico Mac Chávez y los tres sobrinos del Pato Donald. No cabe frivolizarlos, porque pueden ser de cuidado: están decididos a concentrar los poderes públicos para imponer sus agendas, desarticular a sus opositores y “reformatear” a Latinoamérica. Chávez ha pedido atribuciones para gobernar por decreto y reformará su constitución bolivariana para ser reelegido indefinidamente. Castro ya tiene heredero. Morales y Correa siguen los planes de su mentor venezolano, al parecer punto por punto. El resto del continente no se atreve a contradecirlos aún. Los norteamericanos no interfieren abiertamente, como lo han hecho en Cuba, logrando con sus embargos mantener a Castro por casi medio siglo, sirviéndole de coartada y provocando simpatías a su favor. Chávez, Morales y Correa irrumpen en el Mercosur. Suponen que el nuevo socialismo será la norma.
En América Latina, a diferencia de Europa, no hay normas comunes: ningún país las acepta, todas son excepciones. No debemos temer a que Chile sea otra excepción; no somos la única. Además, en algún momento reaccionará Brasil a su pérdida de liderazgo y Argentina a los costos de su amistad tan peculiar con Chávez. Circunspectos, estamos forzados a diferenciarnos y a no sentirnos presionados por las andanzas que encabeza Venezuela ni por las retóricas e ideologías que prevalecen en la región.
Las oportunidades están en el mundo desarrollado y en las economías emergentes de otros continentes. Allí están los mercados, la tecnología, los avances en salud y educación, las ideas y el arte y, también, los medios y apoyos para la defensa de nuestra seguridad.
Las confusiones y los riesgos cunden con los socialismos circundantes. La inseguridad por la que atraviesa Bolivia puede derivar en emigraciones generalizadas; los aumentos en los cultivos de coca autorizados por el Presidente Morales, en mayor actividad del narcotráfico; sus crisis internas podrían instrumentalizar la aspiración marítima, y sus interrupciones en los suministros de gas a Argentina agravar nuestra vulnerabilidad energética por la dependencia del gas trasandino.
No debe importarnos, por tanto, que nuestro canciller trote con Morales y que Chávez acaricie a la Presidenta: son gajes del oficio. Lo que debe preocuparnos es que nuestra política exterior se confunda con una Latinoamérica incierta y retrógrada.
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