Ante la suba de las retenciones a la soja en Argentina: ¿Qué podemos aprender de los fisiócratas?
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
Los mercantilistas confundían dinero con ingreso y riqueza, y los fisiócratas creían que sólo la actividad agropecuaria generaba valor. Menos mal que aparecieron los economistas clásicos, y gracias a Dios después apareció John Maynard Keynes. Caricaturizado, éste es el mensaje que aprendimos en los cursos de historia del pensamiento económico.
Para entender mejor un aspecto de la Argentina actual conviene realizar una lectura más adulta de la escuela fisiocrática, que estuvo integrada por nueve miembros, incluyendo al precursor, al líder, a los discípulos y al ministro. Todos nacieron en el mismo país, fueron contemporáneos, orientaron su acción en pos de una reforma económica específica, lograron concretarla, no pudieron mantenerla, y desaparecieron.
El precursor fue Boisguilbert, el líder Quesnay, los discípulos Condillac, Mirabeau, Mercier de la Riviere, Le Trosne, Baudeau y Dupont de Nemours, y el ministro Turgot. Todos nacieron en Francia, casi todos durante la primera mitad del siglo XVIII. Buscaban liberalizar la producción y el comercio de granos. Lo lograron transitoriamente, pero la reforma fue revertida por sus implicancias distributivas, y como dije desaparecieron.
Ninguno era economista, y menos aún en el sentido moderno del término. Tres estudiaron derecho, dos eran sacerdotes, uno médico y otro militar. El octavo fue tan multifacético que resulta imposible clasificarlo. Varios de ellos eran propietarios rurales.
Los fisiócratas no existían en 1750. Todo París y Versalles hablaba de ellos entre 1760 y 1770, y prácticamente habían sido olvidados para 1780. En 1767 se reunían cada martes en el palacio de Mirabeau, y se convirtieron en un grupo político… Naturalmente, junto con el aumento de poder generaron enemigos, entre ellos muchos aristócratas y comerciantes, que gozaban de privilegios comerciales otorgados por el gobierno.
Para entenderlos hay que tener presente la tremenda y agonizante pobreza experimentada por la mayoría de los franceses durante el reinado de Luis XIV, es decir, entre 1643 y 1715; y también hay que tener presente que a partir de 1673 la política comercial francesa estuvo en manos del ministro Colbert, quien la basaba en todos los prejuicios del sistema mercantilista. La clave del Colbertismo consistió en alentar las manufacturas, a costa de la agricultura.
El sistema fiscal era ineficiente e injusto y existían muchos impuestos diferentes sobre los campesinos y sus productos. Por ejemplo, había que pagar un impuesto para trasladar productos de una provincia a otra. También existían impuestos que se cobraban vía capitación y existían gravámenes que debían ser pagados a la Iglesia (el dime) y al rey (el taille). El gobierno solía venderle a algunos acaudalados locales el derecho a recolectar el taille. Tanto los impuestos como las regulaciones les impedían a los agricultores mejorar los métodos agrícolas y aumentar la productividad. Además del atraso económico, Francia experimentó guerras casi permanentes.
¿Cómo razonaban los fisiócratas?
El agro francés no puede progresar porque por una parte tenemos que abastecer la demanda local a precios "razonables", y encima tenemos que financiar a la realeza y a un ministro que –en terminología moderna– pretende realizar "la industrialización" a nuestra costa. Lo que hay que hacer es posibilitar que los granos se vendan al mejor postor, lo cual implica eliminar los correspondientes impuestos y trabas a la exportación.
Esto fue lo que, de la mano de Turgot, hizo Francia durante el breve "reinado" de los fisiócratas. Ocurrió lo que estos habían previsto: de la mano de la exportación y la modificación impositiva, mejoraron los ingresos del sector. Pero al mismo tiempo esto implicó el encarecimiento local de los alimentos, las correspondientes protestas y la reversión de las medidas, dado que el clima político francés de la época no estaba para bancarse iniciativas "eficientistas".
¿Qué lecciones surgen para la Argentina 2007?
Los fisiócratas tenían un buen diagnóstico sobre por qué les pasaba lo que les pasaba, pero un pésimo diagnóstico referido a la posibilidad de modificar la realidad en su favor, dadas las implicancias distributivas de sus propuestas y el clima político entonces reinante. El actual gobierno argentino, como Colbert, tiene su corazoncito más cerca de la industria manufacturera que del agro: frente al conflicto mercado interno-exportación elige la primera alternativa, y frente al conflicto corto plazo-largo plazo también elige la primera alternativa.
Lo acaba de mostrar al decidir subsidiar el consumo local de trigo, maíz y etc., financiándolo con un aumento del derecho de exportación que paga la soja. Claro que es mejor subsidiar que ordenar, administrativamente, que el precio interno de determinado producto sea "X", y que quien lo produce se embrome.
Pero si el subsidio al transporte urbano de pasajeros, destinado a evitar el correspondiente aumento de las tarifas, se financia con "rentas generales" ¿por qué el subsidio al consumo local de trigo, maíz y demás se tiene que compensar con un aumento a los impuestos que paga la exportación de soja? La alternativa preferible consistía en financiar el referido subsidio con parte del superávit fiscal.
Un país que produce alimentos, que se consumen localmente y también se exportan, es un país que tiene un conflicto objetivo. Se puede optar por extremos, tipo Turgot o tipo Colbert, o por alternativas intermedias. Lo que no se puede ignorar es la razón de ser del conflicto.
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