La hostilidad hacia los EE.UU. bajo la lupa
Por Neil Gross
International Herald Tribune – La Nación
BOSTON.- La reelección de Hugo Chávez en Venezuela provocó que algunos analistas políticos norteamericanos expresaran su preocupación sobre la llamada "marea roja" del socialismo que se extiende por América latina, aunque no hubo conmoción porque un político que tiene una retórica antinorteamericana enardecida hubiera logrado el 63% de los votos en su país.
En parte, esto se debe a que los norteamericanos se acostumbraron a la idea de que gran parte del mundo los odia. Ciertamente, desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha pasado de tener la simpatía del mundo a ser percibido como un país que pretende intimidar al mundo debido a su unilateralismo, una agresiva posición militar y las políticas económicas de libre mercado.
Sin embargo, ¿está el sentimiento antinorteamericano tan extendido como parece? En su nuevo libro, Anti-Americanisms in World Politics (Los antinorteamericanismos en la política mundial), Peter Katzenstein y Robert Keohane sugieren que hay cuatro clases de antinorteamericanismo.
La primera, el antinorteamericanismo liberal, aparece en países democráticos como Francia, donde la resistencia a las políticas norteamericanas a menudo incluye la acusación de que EE.UU. procede de manera hipócrita por no comprometerse con los valores e ideales que profesa, valores que sus críticos comparten. Por ejemplo, los europeos expresan su indignación por el trato a los prisioneros en Guantánamo. ¿Cómo un país que dice defender la libertad tolera semejantes violaciones de los derechos humanos?
La segunda clase, el antinorteamericanismo social, proviene de individuos que critican a Estados Unidos y que son firmes defensores del Estado asistencial, y de esa manera se oponen a la política económica norteamericana porque promueve los principios de la libertad de mercado y corroe las protecciones del asistencialismo. El antinorteamericanismo social está en juego cuando Evo Morales, por ejemplo, arremete contra la globalización encabezada por Washington con el argumento de que expone a la gente a las vicisitudes del mercado.
Más peligrosas son las dos clases restantes. El antinorteamericanismo nacionalista-soberano, que puede observarse en partes de América latina y Asia, implica la oposición al predominio cultural y geopolítico norteamericanos sobre la base de que representa una amenaza para la identidad nacional y los intereses estratégicos, como puede comprobarse en la amenaza del poder militar chino sobre Taiwan. En tanto, el antinorteamericanismo extremo sostiene que "la identidad de Estados Unidos debe ser transformada desde adentro o desde afuera".
Del libro se desprenden dos descubrimientos. Primero, en todo el mundo menos gente de lo que se cree odia a EE.UU. El politicólogo Giacomo Chiozza advierte que el 43% de los consultados en el mundo dijo que tenía una opinión "de alguna manera favorable" sobre los Estados Unidos, mientras que el 21% respondió que tenía una impresión "muy favorable". Sin duda, el sentimiento antinorteamericano es profundo en algunos países y regiones. En Medio Oriente, por ejemplo, el 75% tenía una opinión negativa. Pero en Francia y Alemania, más del 60% tenía una impresión positiva. Además, aunque el 70 por ciento de los consultados en Medio Oriente tenía una opinión negativa de la guerra de EE.UU. contra el terrorismo, sólo la cuarta parte respondió que no admiraba los avances de EE.UU. en ciencia y tecnología. El antinorteamericanismo extremo es raro, y no es tanto el desagrado por el pueblo norteamericano como por las políticas de su gobierno.
Segundo, en la mayoría de los países, el antinorteamericanismo incluye más el factor de la desconfianza que el del prejuicio liso y llano. La distinción es decisiva. Donde hay desconfianza, la gente puede mostrarse escéptica respecto de los motivos y reclamos de Estados Unidos, pero está dispuesta a considerar el punto de vista norteamericano. En el caso del prejuicio antinorteamericano, que se manifiesta cuando las políticas y acciones del gobierno de EE.UU. y las empresas norteamericanas son consideradas expresiones de un carácter y una identidad nacional inmodificables, se considera que un diálogo de esa naturaleza acerca de los desacuerdos no tiene valor alguno.
En su conjunto, el libro sugiere que no es demasiado tarde para reparar parte del daño causado al prestigio norteamericano en el mundo. Medir la fuerza del sentimiento antinorteamericano, en todas sus variantes -y comprender sus causas- es un primer paso esencial para revertirlo.
Traducción: Luis Hugo Pressenda
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