Los judíos de Latinoamérica ante el desafío
Por Dina Siegel Vann
El Nuevo Herald
Las inauguraciones presidenciales de Hugo Chávez, Daniel Ortega y Rafael Correa constituyen un momento álgido en un ciclo sumamente agitado para muchas democracias latinoamericanas. Sobresale una creciente sensación de incertidumbre, en especial en países como Nicaragua, Venezuela y Ecuador, que acaban de atravesar por comicios electorales y en los que los ganadores están asumiendo o reasumiendo su mandato, o en Bolivia, donde el presidente Evo Morales se encuentra en proceso de implementar su controvertida marca de socialismo.
Es comprensible entonces que los 450,000 judíos latinoamericanos se sientan inquietos y vulnerables ante tendencias que plantean grandes retos. A las lacras tradicionales que aquejan a Latinoamérica, como la pobreza endémica, las profundas diferencias sociales, la corrupción y la criminalidad, así como la marginalización de las minorías indígenas, se suman hoy elementos coyunturales. Por ejemplo, el creciente poder de Chávez y su uso estratégico del antinorteamericanismo y el antisemitismo para atraer seguidores tanto locales como foráneos, ha causado consternación. Además, el impacto de la guerra del Líbano sobre la imagen de las comunidades judías y la radicalización de pequeños sectores de comunidades árabes locales, han generado un ambiente de temor para las comunidades judías.
Hace algunas semanas, 14 representantes de 10 comunidades judías de América Latina se reunieron en Miami, bajo el auspicio del Instituto de Asuntos Latinos y Latinoamericanos del American Jewish Committee, para definir mecanismos estratégicos que les permitan abordar estas apremiantes preocupaciones.
Lo prioritario para estas comunidades es hacer frente a la creciente actividad pública y aparentemente ”legítima” de Hezbolá en la región y explorar mecanismos legales para impedirla. Manifestaciones en las que se portaban banderas de Hezbolá e imágenes de su líder, el jeque Hassan Nasrallah, se detectaron por primera vez en la ciudad argentina de Córdoba durante la cumbre del MERCOSUR en agosto pasado, donde se incorporó a Venezuela como parte del bloque. Desde entonces, y en coincidencia con la guerra del Líbano y la campaña de Venezuela para lograr su incorporación al Consejo de Seguridad, los sitios web de Hezbolá se multiplicaron de México a Chile, exhortando al jihad en América Latina. Teodoro Darnnott, el líder de Hezbolá en Venezuela y probablemente el ideólogo de esta red, fue detenido recientemente por las autoridades del país como supuesto responsable de hacer detonar dispositivos explosivos cerca de la embajada de EEUU en Caracas. Resulta llamativo que la actividad en los sitios web de Hezbolá parece haber menguado desde su arresto.
En octubre pasado en Argentina, el fiscal especial Alberto Nisman, a quien se le encomendó la tarea de construir una causa contra los responsables del atentado a la AMIA, centro de la comunidad judía en Buenos Aires, dio a conocer su reporte final que sin lugar a dudas identifica a varios ex funcionarios iraníes y terroristas de Hezbolá como responsables del atentado. Además, a esta tragedia el juez Rodolfo Canicoba Corral le ha asignado la categoría de ”delito de lesa humanidad” para evitar que prescriba. El juez apoyó el dictamen de Nisman y emitió órdenes de captura para el arresto de los acusados. Esto debería alertar a los países de América Latina de la necesidad imperiosa de implementar medidas que impidan que los activistas o simpatizantes de Hezbolá marchen orgullosamente por las calles de Caracas o Buenos Aires, particularmente porque también existen sospechas muy bien fundamentadas sobre el rol de la organización en el atentado a la embajada de Israel en 1992 también en Buenos Aires. Lamentablemente, no obstante la voluntad política que pudiera existir para criminalizar la actividad de éste y otros grupos terroristas, a los países de la región les hacen falta instrumentos legales, similares a los existentes en EEUU, Canadá y Australia, para excluir a Hezbolá y grupos similares de la vida pública.
El grupo de representantes judíos reunidos en Miami también compartió una gran preocupación en cuanto a la influencia de Hugo Chávez en la región y el peligro inmediato que su revolución bolivariana podría representar para el bienestar de los judíos de Venezuela. Más aún, la sistemática campaña en los medios ”oficiales”, donde las autoridades del gobierno utilizan un lenguaje que evoca al ”nuevo” antisemitismo, y la relación extremadamente afable que construye Chávez con Irán y Siria reflejan un entorno sumamente problemático que no sólo afecta a ese país, sino que pone en peligro al resto del hemisferio. El hecho de que sirios e iraníes puedan viajar a Venezuela sin visado debería alarmar a los funcionarios de seguridad nacional del continente.
Estos sucesos preocupantes, combinados con los retos a la seguridad pública que plantea la miseria, continuarán poniendo en peligro la práctica de la democracia en América Latina. Las comunidades judías, comprometidas en la tarea de eliminar la pobreza y afianzar las vías democráticas, están en proceso de incrementar su participación ciudadana a fin de garantizar la protección y derechos de todos los pueblos de América Latina. Sin ello la estabilidad de la vida judía en América Latina y el futuro de nuestro hemisferio seguirán en vilo.
La autora es Directora del Instituto Latino y Latinoamericano del American Jewish Committee.
- 23 de junio, 2013
- 21 de abril, 2021
- 20 de enero, 2026
- 15 de marzo, 2020
Artículo de blog relacionados
- 18 de agosto, 2008
The Beacon Ciento cincuenta intelectuales conocidos del mundo de habla inglesa, la mayoría...
21 de julio, 2020- 11 de junio, 2022
La Opinión, Los Angeles Guatemala.- Cerca de 50.000 guatemaltecos viajan cada año a...
17 de abril, 2010














