Venezuela: parodia de la democracia
Editorial – La Opinión
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ya tiene acostumbrados a todos con su folklorismo y sus disparates. El inicio de su nuevo período de gobierno no decepcionó en este aspecto, aunque entre lo ridículo y lo serio, nos preocupa la evolución del populismo chavista hacia nuevas actitudes autoritarias que surgen a partir de su inauguración.
No cabe duda de que la mayoría de los venezolanos votaron por Chávez en esta última elección, ya sea por el carisma del militar, sus acciones de gobierno o por las dificultades e incapacidad de la oposición para tener una oferta atrayente para los venezolanos. Chávez fue electo democráticamente, pero la democracia es un sistema más complejo que un proceso para seleccionar a los gobernantes. Es un sistema que parece correr peligro ante las palabras y acciones recientes de Chávez.
En primer lugar, es repulsivo el culto a la personalidad que se vio en la ceremonia de juramento. Allí la imagen de Chávez, con una frase suya, empequeñeció a sus ministros que parecían prometer lealtad a una persona en vez de a un país. Fue una escena digna del estalinismo extinto o el trasnochado Gobierno de Corea del Norte. Sería saludable recordar que Chávez no es Venezuela.
En segundo lugar, no hay nada más antidemocrático que cambiar las reglas del juego luego de haber ganado la partida. La intención de modificar otra vez la Constitución para permitir sus nuevas ambiciones de poder es muy poco serio.
De igual manera lo es la idea de hacer modificaciones legislativas para gobernar por decreto. El abuso de los decretos presidenciales es un mal antiguo de muchos gobiernos latinoamericanos pasados y presentes, pero ninguno había tratado de crear una manera para que este abuso unipersonal de poder sea la norma oficial en una democracia.
En tercer lugar, la decisión de no renovar la licencia de transmisión al canal privado Radio Caracas Televisión (RCTV) es una seria violación a la libertad de expresión. La oposición de los medios privados contra el Presidente ha sido furibunda —aunque ineficaz, dado los resultados electorales—. La decisión de Chávez es de un revanchismo evidente.
Finalmente, la nacionalización de servicios públicos en industrias tiene una determinada lógica nacionalista; y esperamos que haya un compensación debida. La experiencia indica que los precios no variarán, pero que el servicio dejará tanto que desear como antes de que se realizara la privatización.
La visión socialista puede ser compatible con la democracia, lástima que en el caso de Chávez surge el peor vicio del sistema: la idolatría a un caprichoso líder todopoderoso. Los venezolanos merecen mucho más que la adoración populista.
La jura del nuevo gobierno venezolano fue tragicómica. Lo indignante es la parodia de democracia de que Hugo Chávez hace uso con el poder legítimo que le dieron los votantes.
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