El miedo a la libertad
Por Fernando Fernández Urbaneja
ABC
La española es quizá una de las sociedades europeas que mejor acredita lo bien que sienta la libertad, en su más amplio sentido. Libertad económica, social y política, todas forman el mismo tronco y ligan la misma salsa. Precisamente España, donde se escuchó doscientos años atrás aquel disparate de “vivan las cadenas” que arruinó los primeros atisbos del liberalismo de principios del XIX. Cuando sofocaron aquel atisbo de libertad retrasaron la modernización unas cuantas décadas. Luego vinieron aperturas tibias y portazos sonoros a la libertad, discontinuidades nocivas al crecimiento y al arraigo de las venturas que derrama la libertad. Aquí y en otros países de Europa la historia nos dice que el miedo a la libertad, la huída de la libertad arrastra a la oscuridad del populismo y el autoritarismo, disfrazados de falsos patriotismo y localismos.
Los vientos liberales en España han venido caracterizados por la apertura a Europa, especialmente de la Europa del norte que de forma continua ha respirado libertad. Por eso no es casual que la más fértil etapa de progreso de los españoles vengan ligados a la participación en el complejo proceso supranacional europeo, que tiene como eje la unidad de mercado y la libre circulación de ideas, mercancías, personas, servicios, capitales… La implantación del libre mercado en la UE, empezando por libertad interior, no está siendo ni tan rápida ni tan pacífica como sería deseable. La ofuscación por el campanario, por la defensa de presuntos intereses nacionales (siempre de una parte que quiere imponer sus condiciones a los demás) sigue gozando de audiencia y descaro. El tópico del “interés nacional” anida en la cabeza de demasiados políticos con cuenta-votos en el entendimiento, que recelan de lo que llega de fuera y que temen a lo nuevo.
Hoy no es España el país que más obstáculos coloca a la libertad, nos ganan con creces italianos y franceses, pero tampoco milita en la cabeza de esa tendencia. Y el actual gobierno frena procesos de liberalización con el atufante argumento del interés nacional. Miedo a la Europa de los mercaderes, presentada como codiciosa y materialista sin atender que ha sido esa Europa mercantil la que siempre ha traído progreso y despliegue de las demás libertades, también las políticas y ciudadanas.
La eficacia del libre comercio y de la libertad de circulación es tan evidente que no requiere simetría por parte de los competidores, porque la peor parte, a medio y largo plazo, es para quien rechaza la libertad por mirar al pasado y defender lo que existe. ¿No van mejor los británicos que respetan la libertad que estos italianos que amontonan obstáculos? El caso más evidente y cercano es el de la banca. ¿No le ha ido mejor a la banca española la libertad que impusieron los últimos gobiernos de UCD que el proteccionismo anterior? Aquel salto a la competencia efectiva contribuyó al despliegue del talento local cuyo resultado en uno de los sistemas financieros más eficientes e internacionalizados de Europa.
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