Cada vez son más los tests para inmigrantes
Por Ignacio Coló
La Nación
Son exámenes para naturalizarse u obtener visas largas
¿Por qué la bandera norteamericana tiene 13 franjas y 50 estrellas? ¿Qué día cumple años la reina Isabel II? ¿Quién compuso la “Novena Sinfonía” y el “Himno de la Alegría”? ¿Está permitido pegarles a las mujeres en Holanda?
Estas preguntas, que pueden parecer propias de un juego de mesa o de un programa de entretenimientos, forman parte de uno de los nuevos requisitos para los extranjeros que buscan obtener la ciudadanía norteamericana (la primera pregunta), británica (la segunda), alemana (la tercera), o que sólo pretenden ser inmigrantes legales en Holanda (cuarta).
Fruto de la creciente inmigración de los últimos años, son cada vez más los países occidentales que, además de multiplicar las trabas burocráticas para que los inmigrantes logren regularizar su situación o naturalizarse, adoptaron un “test de ciudadanía”, que incluye preguntas de historia, geografía y política, pero también de costumbres y valores nacionales.
Canadá, Estados Unidos y próximamente Australia son algunos de los países que se inclinaron por este sistema de selección, que también se propaga a gran velocidad en Europa, particularmente en Holanda, Dinamarca, Gran Bretaña, Francia y algunas regiones de Alemania.
Estados Unidos fue el pionero en la materia y desde hace tiempo posee esta suerte de “examen de ingreso”. No obstante, también se acomodó a los tiempos actuales -la inmigración es hoy un tema conflictivo en Estados Unidos; se estiman en 12 millones los clandestinos- y puso en marcha el mes pasado un nuevo test, considerado más difícil que el anterior.
En el antiguo examen, el aspirante era interrogado sobre hechos puntuales y fáciles de memorizar, pero ahora se buscará examinar cuán impregnado está de los valores norteamericanos. Por ejemplo, mientras antes se preguntaba al aspirante si conocía cuáles son los tres poderes del Estado (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), ahora se le exigirá explicar por qué están divididos. El examen incluye diez preguntas, y con seis aciertos se aprueba.
El nuevo test, que esta semana comenzó una etapa de prueba en 10 ciudades norteamericanas, recibió duras críticas de 230 grupos de inmigrantes, que consideran que su único objetivo es complicar aún más el acceso a la ciudadanía.
¿El campo o la ciudad?
También fue mal recibida por los inmigrantes la decisión del gobierno de Tony Blair de imponer un nuevo test a partir de abril, pero no para la naturalización -que ya existe desde julio de 2004-, sino para obtener una visa de larga duración. El flamante test británico incluirá un examen de idioma y preguntas sobre el estilo de vida inglés, que lo convierten en uno de los más sorprendentes.
Preguntas como “¿Los británicos prefieren vivir en el campo o en la ciudad?” o “¿Dónde se hablan los dialectos geordie, cockney y scouse?” pueden encontrarse entre las 24 que componen el examen y que el aspirante debe responder en 45 minutos. El mes pasado se publicó un libro llamado A Life in the UK [Una vida en el Reino Unido], una guía con todos los datos necesarios para convertirse en un verdadero “sir”(o al menos para aprobar el examen).
Holanda, que en los últimos años vivió un fuerte y conflictivo boom inmigratorio, fue aún más lejos y también impuso un “examen de civismo” que los aspirantes deben aprobar antes de dejar su país de origen. El test, que debe efectuarse en la embajada holandesa, trata sobre el idioma, el sistema político, la geografía y la historia de los Países Bajos, pero también sobre la relación entre el hombre y la mujer, y la homosexualidad.
Estas dos últimas temáticas apuntan principalmente a concientizar a los inmigrantes musulmanes de algunos países cuyas costumbres pueden entrar en conflicto con la tolerancia holandesa en cuestiones morales.
De hecho, las autoridades de Holanda venden un libro con la información necesaria para rendir el examen y también un video de información, en el que muestran, entre otras escenas de la vida cotidiana, a parejas gays besándose.
Si uno reprueba el examen, puede volver a rendirlo cuantas veces lo desee, siempre y cuando pague los 350 euros que cuesta su inscripción.
La inmigración musulmana, que hoy representa el principal flujo que se instala en Europa, motivó también un examen similar para los que aspiran a tener la nacionalidad alemana y residen en el Land Hesse.
El test, en vigor desde marzo del año pasado, fue considerado por sus detractores un “examen de conciencia” a los inmigrantes de fe islámica. Afirman que la verdadera finalidad es discriminar a los musulmanes y evitar que se conviertan en ciudadanos alemanes. El inmigrante debe cumplir con 30 horas de cursos que lo prepararán para responder correctamente a las 100 preguntas del test, que a fin de cuentas no será más que otro paso en el muchas veces tortuoso camino para obtener una nueva nacionalidad.
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