La reinvención de Uruguay
Por Carlos Alberto Montaner
El Diario Exterior
Unos violentos piqueteros argentinos desde hace meses impiden o perturban el paso de los viajeros hacia Uruguay. Están orquestados por el gobierno y se disfrazan de ecologistas. La causa aparente es la construcción de dos plantas de celulosa en la cercanía de un río que sirve de frontera entre ambos países. La causa real es que en Argentina cada vez pesa menos la ley, mientras se expande el permanente chantaje de las turbas con la complicidad de un gobierno que las subsidia y estimula.
El Tribunal Internacional de La Haya le ha dado la razón a Uruguay, mas esa sentencia sirve de muy poco frente a los matones. Se trata de una inversión de más de mil millones de dólares, tal vez la mayor en la historia del pequeño país, y una fuente de empleo para cientos de trabajadores uruguayos, pero eso nada les importa a sus vecinos argentinos, como a los brasileros tampoco les importó hace unos años devaluar el real y precipitar a los uruguayos a una crisis económica tremenda. Los tres (más Paraguay y, últimamente, el manicomio venezolano) forman parte del MERCOSUR y disfrutan con la superstición de que están construyendo una patria latinoamericana fraterna y común, pero eso es falso. Uruguay va a tener que revisar su visión de país a largo plazo. La amarga verdad es que vive entre dos vecinos gigantescos que no toman en cuenta sus intereses y necesidades. Va a tener que reinventarse.
Hasta mediados de los años cincuenta del siglo pasado solía decirse que Uruguay era la Suiza de América. Algo de verdad había en la afirmación. Era un país tranquilo, democrático, educado y muy próspero para los estándares de la época. Desde principios del siglo XX había tomado una senda socialdemócrata, con un alto nivel de intervención estatal, y le había dado buenos resultados. Para parecerse más a Suiza, los uruguayos hasta llegaron a imitar la presidencia colegiada. Sin embargo, por diversas razones –y entre ellas el dirigismo estatal y el torpe burocratismo– la economía comenzó a perder fuelle y la Suiza de América se latinoamericanizó en el peor sentido de la palabra: inflación, desempleo, terrorismo comunista, asesinos de izquierda y derecha y militares golpistas. Afortunadamente, a mediados de los ochenta el país recuperó la democracia, pero salió muy magullado de la aventura. Ya nadie se atrevía a hablar de la Suiza de América.
Tal vez haya que recuperar el viejo objetivo: helvetizar a Uruguay. ¿Qué es eso en estos tiempos? Naturalmente, el secreto del éxito de Suiza no es su modelo político. Copiar la estructura administrativa o la Constitución suiza es inútil. Su secreto es su inmenso capital cívico y el funcionamiento de unas instituciones que estimulan la creación espontánea de empresas en el sector privado. La Nestlé o la banca suiza, o sus industrias químicas y farmacéuticas son posibles porque la sociedad suiza ha creado unas condiciones muy hospitalarias para la generación de riquezas. Es el paraíso de la economía capitalista y, por lo tanto, los índices de desigualdad son menores que en el universo retórico del supuestamente igualitario populismo latinoamericano. Indice Gini: Suiza, 33.1, Uruguay, 44.6, Brasil, 59.7. Mientras menor es el índice Gini, menos desigualdad social existe.
Esa Suiza, por otra parte, tampoco pierde mucho tiempo tratando de integrarse en bloques a la búsqueda de economías de escala. Ese es otro mito. Suiza pacta, como hace Chile, acuerdos bilaterales de libre comercio. Si hay empresas poderosas bien administradas que producen buenos bienes y servicios a precios competitivos, sin duda se abrirán paso. Las redes comerciales privadas, como se demuestra con el comercio, la aviación internacional o los seguros, no necesitan de costosas burocracias manejadas con criterios políticos. Los países más ricos de la tierra son pequeños: Holanda, Dinamarca, hoy Irlanda.
Esa es la Suiza que Uruguay debe tomar como modelo. Lo único que va a poner a los uruguayos a salvo de las locuras argentinas o de los incontrolables bandazos brasileros, es conseguir desarrollar una trama empresarial moderna dentro del sector privado basada en el desarrollo técnico y científico para que el valor de la producción sea muy alto y los trabajadores alcancen elevados salarios. Hoy el purchasing power parity de Uruguay per cápita es de $10,000. El de Suiza, $33,000. Hay mucho camino por delante.
Firmas Press
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