Estado: ¿Superman, Simpson, o…Mr Magoo?
Por Alejandro Alle
Siglo XXI
Son varias las razones que explican el desarrollo económico alcanzado por EE.UU.
Cuando el huracán Katrina asoló Nueva Orleáns, en 2005, la revista The Economist destacó en un editorial que el fenómeno “dejó en evidencia tanto las debilidades personales, como las estructurales, del gobierno de los Estados Unidos”, afirmación difícil de refutar.
Lo notable es que ocurrió en la sociedad más próspera de la historia de la humanidad (y también la más gorda…, pero ese es otro tema. ¡Nadie los obliga a comer tanto!). Vale la pena revisar por qué llegaron a ser tan ricos, así como entender por qué un desastre natural los golpeó como si fueran un país subdesarrollado.
Son varias las razones que explican el desarrollo económico alcanzado por EE.UU. durante los siglos XIX y XX. La principal es que sus primeros líderes tenían conceptos muy claros en materia económica.
De ello da fe una carta que Thomas Jefferson (el de los billetes de $2 y tercer presidente en orden cronológico) le envió a Andrew Jackson (el de los billetes de $20, y séptimo presidente), donde decía que “un buen gobierno, inteligente y austero, será el que impida que los hombres se dañen unos a otros, el que los deje libres para buscar sus propios fines económicos, y el que no le quite el pan de la boca a quien se lo haya ganado trabajando”.
El tema fue estudiado por James Buchanan, premio Nobel de Economía en 1986 (año en que Maradona levantó la Copa del Mundo). Entre los trabajos más importantes (de Buchanan, no de Diego) se destaca la clara definición que hizo de las dos funciones que debe cumplir un Estado moderno: la “protectora” y la “productiva”.
La “función protectora” del Estado (nada que ver con “proteccionismo”, ni con “proteger industrias”…), consiste en mantener el orden y la seguridad, incluyendo la misión de hacer cumplir las reglas que protegen a los ciudadanos de la delincuencia, de los robos, de la violencia, y del incumplimiento de los contratos.
Cuando el Estado cumple bien esta función, los ciudadanos sienten confianza para crear riqueza, sin que el fruto de su trabajo vaya a ser robado por otros (¡ni por el Estado!).
La “función productiva” del Estado (nada que ver con las “empresas estatales”), consiste en la provisión de lo que los economistas llaman “bienes públicos”, ¡como los diques de contención para controlar las inundaciones en ciertas ciudades!
Pero esto no significa que dicha función productiva no pueda ser concesionada bajo reglas claras y transparentes, a empresas privadas que se sometan a una adecuada supervisión del Estado, el cual deberá verificar que los concesionarios cumplan con las obligaciones asumidas por contrato.
En la inundación de Nueva Orleáns, el Estado falló gravemente en sus dos misiones. No cumplió con su función protectora, porque no garantizó la seguridad ni los bienes de sus ciudadanos. En muchos casos, ni siquiera la vida. No fue el Supermán que se esperaba.
Y falló en su función productiva, pues se suponía que había diseñado y construido adecuados diques de
contención. Pero los organismos oficiales, llenos de burocracia, se habían comportado como Homero Simpson.
Hasta ahora sólo conocíamos a Katrina and the Waves, la de Walking on Sunshine. Esta nueva Katrina, además de obligarnos a olvidar por un tiempo de la Luna sobre Bourbon Street, de Sting, nos mostró el tremendo fracaso del Estado, aún en la sociedad más rica del mundo.
¿Qué queda para nosotros, con Estados mucho más pobres? Ni siquiera tenemos la excusa de decir que no lo vimos, porque esto lo vió hasta Mr. Magoo
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