Neoyorquinos, bajo amenaza terrorista
NUEVA YORK – "Los norteamericanos no saben que están en guerra", me dice Ray Kelly, jefe de la policía de Nueva York, tenido por uno de los hombres más poderosos y mejor informados de Estados Unidos. Es diciembre. En Manhattan, la gente sólo piensa en los preparativos para las fiestas de fin de año, aquí siempre ostentosos. Cristianos y judíos ya se desean felicidades: los unos por Navidad, los otros por Janucá. Pero Kelly vive obsesionado por un próximo e inevitable atentado.
Ha escogido 600 policías para que se dediquen exclusivamente a vigilar sospechosos. Y no escasean. Según Kelly, en la actualidad habría en el mundo 800 movimientos islamistas integristas, todos ellos capaces de atacar Nueva York. Más un sinnúmero de células minúsculas, algunas instaladas en territorio norteamericano, que podrían fomentar un atentado por iniciativa propia.
¿Reciben órdenes de arriba? Estos "terroristas de proximidad", como las espoletas, no las necesitan. Les basta concordar con las ideas del movimiento mundial salafita, esa corriente del islam que anhela volver a los tiempos del Profeta. ¿Y las técnicas destructivas? Ya no hace falta entrenarse en Afganistán o Chechenia: todo está disponible en Internet. ¿Y los recursos financieros? Unos pocos miles de dólares bastan para comprar el material necesario para cometer un atentado importante. Kelly recuerda que el atentado del 11 de septiembre de 2001 les costó a sus autores apenas 200.000 dólares. Desecar los circuitos de financiación no es, pues, la receta milagrosa en la que uno podía creer hace tres años. Los fondos siempre circulan a partir de Arabia y del Golfo Pérsico, pero financian mezquitas lícitamente fundadas en Estados Unidos. Ellas permiten vigilar a los fieles.
¿Kelly recibe algún apoyo o información de los musulmanes moderados? No, por cierto. Los moderados, si acaso existen, ya no se manifiestan en Nueva York ni en ninguna otra parte.
Por eso recurre principalmente a los informes, a sus detectives, a sus agentes infiltrados y a la vigilancia de las comunicaciones. Lo respaldan la CIA y los gobiernos europeos.
Las otras ciudades norteamericanas no están equipadas para combatir el terrorismo -carecen de los medios necesarios- y no se sienten amenazadas. ¿Y la opinión pública? En gran parte, permanece indiferente a esta guerra secreta. Recurre a la policía, pero no la ayuda.
Kelly, ex marine (de lo que se enorgullece) y veterano de Vietnam, lamenta esta indiferencia general. "¿Cómo se puede ganar una guerra sin el apoyo de la nación?", se pregunta.
¿Qué opina de Irak? Los partidarios de la guerra aseguran que ésta fija allí a los terroristas que ponen bombas, bien lejos del territorio norteamericano. Quienes se oponen a la guerra piensan que, por el contrario, Irak se ha convertido en un campo de entrenamiento para futuros terroristas que, tarde o temprano, se replegarán hacia Europa y Estados Unidos. Kelly se inclina, más bien, por la primera teoría, aunque espera que las tropas norteamericanas se queden allí algunos años más "para terminar el trabajo". Por ahora, no se ha comprobado ningún desplazamiento de terroristas salidos de Irak. Kelly se mantiene alerta. También vigila atentamente las trayectorias personales de todos los presos que se convierten al islamismo en las cárceles neoyorquinas. Representan un 18 por ciento de su población carcelaria, contra un 50 por ciento de musulmanes, según cree, en las prisiones francesas.
Pero ¿por qué Nueva York, siempre Nueva York, y no blancos mal protegidos como Chicago o Dallas? A juicio de Kelly, los terroristas sólo operan por medio de símbolos. Nueva York ya fue atacada dos veces. Por consiguiente, los terroristas quieren demostrar que pueden atacarla por tercera vez. ¿Y Washington? La capital es más fácil de vigilar y defender. Nueva York sigue siendo, pues, el blanco favorito. Tarde o temprano…
"Estamos empeñados en una guerra interminable", concluye Kelly. Aun cuando los norteamericanos se retiraran de Irak, aun cuando se resolviera milagrosamente el problema palestino, siempre quedarían salafitas dispuestos a destruir Nueva York.
De hecho -ésta es mi opinión personal, no la de Kelly- los terroristas no dependen del análisis político o económico. Debemos pensar que en el seno del islam ha nacido o renacido una nueva religión que, en nombre del islam, se opone a su vertiente moderada y a los no creyentes. Pero, ante todo, enfrenta a los musulmanes moderados. Muchos se han convertido o se convertirán a ella. Ese es el principal acontecimiento de nuestra época.
(Traducción Zoraida J. Valcárcel)
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