Fantasmas del pasado en Europa del Este
Por Craig S. Smith
The New York Times – La Nación
Muchos de los ex países comunistas aún no han podido erradicar sus viejos servicios de seguridad
BUCAREST.- Desapareció el comunismo y la democracia está bien establecida en los países del antiguo Pacto de Varsovia, pero los servicios de seguridad de la era soviética todavía provocan escalofríos en toda la región, quince años después del desmembramiento de la Unión Soviética.
El caso de Alexander V. Litvinenko, el ex agente de la KGB que fue envenenado en un restaurante de Londres en noviembre, no parecería estar fuera de lugar en esta región, donde la amenaza de muerte en Rumania, un suicidio en Bulgaria y el silencio no quebrantado sobre varios asesinatos sin resolución proporcionan claves sobre la presencia continua de los servicios secretos en la actualidad.
Algunos miembros de la policía secreta siguen en sus puestos. Otros se aprovecharon de la venta de liquidación de valores estatales que conllevó el desmantelamiento de las economías de planeamiento central y que ahora son actores discretos y poderosos.
“En 1989 sólo se acabó con el comunismo, pero los ex jefes estatales de seguridad y del partido comunista asumieron el poder económico”, dijo Marius Oprea, director del Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo, un grupo del gobierno rumano. Como consecuencia, los expedientes que documentaban muchos de los actos más oscuros de esa época, desde chantajes hasta tortura y asesinatos, han permanecido cerrados, y sólo han sido identificados unos cuantos de los agentes e informantes.
Sin embargo, eso está cambiando gracias a varios gobiernos conservadores y nacionalistas ahora en el poder -que desplazaron a gobiernos más cercamos a los viejos comunistas- y a la presión de la Unión Europea. Se lleva a cabo un esfuerzo renovado en todo lo que fue el bloque soviético para exponer el papel persistente de los servicios secretos y erradicar a los ex agentes policiales y los colaboradores. El esfuerzo, sin embargo, no deja de tener riesgos.
En noviembre, encontraron muerto a Bozhidar Doychev, el hombre que supervisaba los expedientes más delicados del servicio secreto de Bulgaria.
Oprea, un amigo de Litvinenko, ha sentido la amenaza. En una calle en su natal Brazov, en Rumania, un hombre le advirtió el año pasado que algo podría pasarle a su pequeño hijo si él seguía “empujando cosas”.
La mayoría de los ex países comunistas del centro y este de Europa trataron de purgar sus sociedades de la policía secreta e informantes de la era soviética. Sin embargo, cuanto más cerca están de la Rusia de Vladimir Putin, menos efectivas resultan sus purgas.
La ex Alemania del Este y la República Checa fueron los países más exitosos en cuanto a sus purgas después de 1989, ya que abrieron los archivos de la policía secreta e investigaron los antecedentes de personajes públicos. Polonia investigó antecedentes de decenas de miles de personas a principios de los 90, pero el proceso perdió vapor, hasta el año pasado, cuando revivió.
Bulgaria apenas empieza a enfrentar el pasado de su policía secreta.
Industria del chantaje
Sin embargo, en ningún lado ha sido tan intensa la lucha entre los antiguos servicios secretos y las fuerzas por el cambio como en Rumania. Antes de 1989, la Securitate de Rumania era una de las fuerzas de policía secreta más grandes del bloque oriental en términos de su proporción respecto de su población. Bajo el régimen opresor de Nicolae Ceausescu, también estuvo entre las más brutales.
Aun cuando se cambió a los jefes de los servicios secretos, que se reorganizaron, gran parte del personal de base sigue ahí, ahora con vínculos con una elite empresarial poderosa.
A principios de este año, por ejemplo, el Ministerio de Justicia rumano disolvió su servicio secreto. La dependencia había intervenido los teléfonos de jueces y recopilado información, “que realmente no se sabe adónde fue a parar ni con quién”, dijo la ministra de Justicia, Monica Macovei.
Marian Ureche, un ex coronel de la Securitate, estableció el servicio en 2001 y renunció en 2003 después de que los medios revelaron su pasado de policía secreto. Fue uno de los 1600 ex agentes de la Securitate que “permanecieron en puestos clave en los servicios de inteligencia establecidos después de 1989”, según un informe anónimo de 2002 .
Tras años de retrasos, los servicios de seguridad empiezan a entregar los archivos de la policía secreta al Consejo Nacional. Sin embargo, aún no entregan todos los archivos y existe la sospecha generalizada de que están reteniendo los más importantes. “En lugar de abrir los expedientes en los 90, la gente en el poder los guardó porque podrían usarse para chantajear”, dijo Voiculescu y agregó que mientras haya expedientes en manos de los servicios secretos, “eso puede continuar por siempre”.
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