Entendiendo al Chavismo (Parte I)
Por Amir Portillo
Correo del Caroní
Ocho años han transcurrido desde que Hugo Chávez alcanzó la cima del poder en Venezuela por el voto popular mayoritario, período en el que el país no ha superado los principales problemas por los cuales el teniente coronel pedía el apoyo. La pobreza y el desempleo no han sido combatidas para el beneficio popular, la salud sigue siendo caótica y la inseguridad ha crecido estrepitosamente, entre muchos otros males que agobian a la nación.
Ha sido la época petrolera que más dinero le ha producido al país en sus casi cien años de explotación del recurso energético, cuyas reservas son las más altas del mundo. Pero Venezuela no ha sido sólo petróleo: es agua; poseemos la cuarta reserva de agua potable más grande del planeta que nos proporciona, entre otros grandes beneficios, un potencial hidroeléctrico enorme. Es una amplia y hermosa geografía para la explotación del turismo que ni España, cuya principal fuente de ingresos es el turismo, tiene como la hay aquí. Venezuela posee minería con oro y diamantes por montones. Pero con toda esa bonanza, la segunda que se conoce, con toda esa inconmensurable riqueza cuyo potencial para el desarrollo nacional es inmenso, no ha sido útil para vencer el flagelo de la pobreza que, por el contrario, ha crecido con sus consecuencias devastadoras para los venezolanos. Las cifras más conservadoras emitidas por el gobierno dicen que ha descendido. Pero no es suficiente ni aún en el supuesto de que esos números sean ciertos. Con los recursos que el país ha recibido, especialmente desde que Chávez es presidente, se ha podido construir el país más próspero del mundo.
Entonces, si el caos reina en el país: ¿por qué Chávez tiene tanto arraigo en la población cuando debería estar pisando el polvo de la derrota?
Sería muy necio desconocer que la actual bonanza petrolera no ha sido la única. Sin embargo, los gobernantes que antecedieron a Chávez que tuvieron también muchísimos recursos, fueron los responsables constructores de la actual pobreza que con este régimen ha crecido, pobreza que gobierno tras gobierno fue creciendo hasta sembrar con cordones de miseria a las grandes ciudades del país, desahuciados sociales que encontraban respuestas a su miseria en las esquinas de las calles y avenidas de las ciudades donde su única posibilidad de trabajo era la buhonería o maromas de circo para encontrar el sustento diario a sus necesidades.
El muchacho pobre, el que lograba con mucho, muchísimo esfuerzo graduarse de bachiller, veía extinguir sus sueños de progreso bajo un sistema educativo insuficiente, limitado; muchos de ellos estaban irremediablemente condenados a invadir las calles y buscar en el delito o, en el mejor de los casos, en el comercio informal las respuestas a sus necesidades. Era un futuro cegado por el fracaso. Entre tanto, crecía el nuevo riquísimo de políticos corruptos que groseramente pulularon a los ojos de la miseria creciente.
Y vino Chávez. Apareció en el momento en el que los partidos y los políticos tradicionales habían agotado su discurso. El pueblo estaba cansado de tanta politiquería barata y ladrona. Surgió con una propuesta que se identificó y aún se identifica plenamente con el sentir popular más simple, pero más ávido de justicia social. Un discurso grosero, ramplón, escatológico, pero plenamente congraciado con el sentir de las masas que clamaban y claman por tantos años de agobio, del venezolano que se sabe ciudadano del país más rico del mundo pero cuyas riquezas solo han beneficiado realmente a pocos, muy pocos. Chávez no ha venido, y ocho años así lo demuestran, para resolver los problemas más apremiantes del país, pero sí llegó para reivindicar las ansias de justicia que el pobre, el que padecía los embates del hambre y la miseria, estaba exigiendo. Cuando Chávez se paró en uno de los escenarios más importantes del mundo como es la ONU a proferir las barbaridades contra el presidente de la potencia más poderosa del mundo, mucho fue el que se sintió redimido, aunque por un lado lo hayan atacado, por el otro lo aplaudieron en silencio porque en ese discurso estaba impreso el deseo de quienes hubieran querido tener una oportunidad de expresar su malestar por el presidente norteamericano. Y vino uno del pueblo, uno que hablaba igual que el común, como tantos miles que ansían la justicia a decir lo que muchos de ellos querían decir y como ellos lo hubieran dicho. He ahí unos de los grandes éxitos del presidente venezolano.
Es así como, insolente, agresivo, ofensivo pero con poder, se ha identificado con el que no ha tenido más que la arena de su barrio para sentarse a llorar su destino que en este país tan rico, sólo algunos criminales corruptos se han beneficiado. Y no es asunto de que ahora no haya corrupción. Es peor que la que hubo en la extinta cuarta república, pero permanece la figura mesiánica de quien con promesas, que es mejor que nada, les ofrece la reivindicación de justicia social. Y aunque piensen que no será así, se consuelan con saber que habrá muchos más que se les unan en la muchedumbre de pobres tan embromados como ellos. Así, mal de muchos es consuelo de todos. No se acepta más que la riqueza sea para unos pocos ladrones, que en el combo de pobres se agreguen otros.
¿Qué se le puede decir a un joven que desea formar familia si la oportunidad de vivienda digna es nula? ¿Qué se le puede decir si no pudo estudiar porque la pobreza no lo dejó, porque no pudo alcanzar las notas que las universidades le exigían porque su educación pública -si es que la miseria le dejó completar el bachillerato- fue paupérrima. Pero ha surgido quien le ofrece una que, aunque es de peor calidad, al menos los hace pobres doctorados, muy mal preparados pero pobres con dignidad como es el eslogan de la revolución. Serán desempleados, o probablemente servidumbre de alguna misión, pero con título de doctor. Antes no eran nada. ¿Qué argumento existe para rebatirle a la pobre mujer, abandonada por la paternidad irresponsable, y que se surte con alguna misión para suplir las necesidades de su familia, que Chávez no ha sido una pequeña luz en su pobreza? ¿Qué explicación se le da a un analfabeta, de cualquier edad, que aprendió a diferenciar una letra de un garabato y además lo llevan a un escenario para otorgarle un papel que les brinda alguna importancia, un protagonismo que antes no tuvieron, para decirle que Chávez no es la propuesta que estaba buscando? Eso es lo que ha reclamado y reclama el proletariado: desea el protagonismo y el disfrute del país y de sus riquezas tanto como los que se enriquecieron groseramente sobre la base de sus miserias, hambre y necesidad
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