El morbo autoritarista
Por Diego Márquez Castro
Correo del Caroní
“El autoritarismo no tiene nada que ver con la democracia”. Fernando Savater
A dos semanas del pasado proceso comicial, conocidos los resultados y analizados desde distintas vertientes, flota sobre la sociedad venezolana una nube de contenido políticamente tóxico. En efecto, las perspectivas y los escenarios previstos para el nuevo sexenio que se inaugura comenzando el próximo año están enrareciendo el ambiente. Se anuncia la creación de un partido único calcado de modelos totalitarios ya extinguidos en su casi totalidad y se presenta tal propuesta como una novedad cuando en realidad constituye una antigualla histórica; la percepción es que nuestro país vive un alucinante viaje en el tiempo con destino a un pasado que quedó atrás hace una cincuentena y más de años. Dentro de esta línea de consideraciones, la democracia en la cual muchos nacimos, crecimos y nos educamos, con sus errores y aciertos, ha entrado en estado de coma.
Sobresalta, en verdad, tal panorama. Ante nuestra presencia como ciudadanos se exhibe una suerte de morbo que exalta el autoritarismo y el culto a la personalidad, ante lo que se palpa el deseo de reivindicar la democracia. Hace unos años, en torno a este tema, le preguntaban al filósofo contemporáneo Fernando Savater si se podía legitimar el autoritarismo para combatir las debilidades de la democracia, a lo cual respondió: “Lo que hace falta es cumplir la democracia. El autoritarismo no tiene nada que ver con la democracia. En la democracia, los ciudadanos son los que fundan las leyes, los que eligen. Entonces, todo autoritarismo, si es una autoridad por encima de los ciudadanos, es la peor corrupción que existe”. A lo cual agregó algo digno de ser meditado en estos días venezolanos: “La peor corrupción que hay es la que secuestra el poder que tienen los ciudadanos, y se la guarda un señor porque dice que va a hacer un mejor uso con él que el que van a hacer los ciudadanos”. Estos argumentos los complementa con las siguientes palabras: “Es mucho más grave robar el poder que robarle la cartera al vecino. La primera corrupción que combate la democracia es la corrupción de los que quieren robar el poder y hacer con él lo que les parezca adecuado”.
En sus reflexiones advierte Savater sobre el deber moral que tiene todo ciudadano de participar activamente en la vida política de la sociedad, no dejando en manos de líderes ni pseudomesías el poder de sus decisiones, en tal sentido, este pensador ante una nueva interrogante sobre su opinión sobre el resurgimiento de las figuras mesiánicas, salvadoras, dijo: “Hay poco razonamiento político, hay poca educación política de los ciudadanos, a los ciudadanos se les mantiene alejados de las explicaciones de cómo funciona el sistema que ellos deben gestionar y donde deben participar. Entonces, siempre hay una infantilización, es decir, en cuanto las personas no estén educadas se infantilizan, y la figura infantil por excelencia es el papá que llega a resolver las cosas, y nos salva y mata al dragón y nos entrega a la princesa. Entonces, cuanto más ineducadas estén las personas, más tienden a creer en soluciones infantiles, y el mesianismo es un infantilismo”. Posiblemente habrá quienes les moleste este tipo de observaciones, pero, si salieran por un momento del cuadro de alienación política al cual están sometidos y abrieran su mente al discernimiento, se darían cuenta del porqué de cierto mensaje electoral en el cual un joven con la mano puesta en el pecho declaraba: “Es que él es como un padre para nosotros…”.
Frente a propuestas de partidos únicos, hábitat natural de cualquier modelo autoritario o totalitario, cabe resaltar esta opinión de Savater: “Lo que debiera haber es una regeneración de los partidos políticos. La gente lo que rechaza es el hecho de que los partidos se conviertan en una especie de tribu dentro del Estado, con sus propios caciques, sus propios médicos brujos, y entonces que vivan al margen de la vida democrática y la vida común y se sustituya al debate abierto, democrático, como debiera ser. Hay un rechazo a esa especie de caciquismo, lo que se busca es otro tipo de partidos políticos, más igualitarios, más abiertos a la ciudadanía”. Dentro de este tema, el filósofo añade: “Yo creo que puede haber un tipo de partidos políticos más organizados de abajo a arriba, y no siempre de arriba a abajo”.
Dentro del dilema democracia o dictadura, Savater, luego de referirse a los regímenes de Franco y Pinochet, dedica unas consideraciones sobre el caso cubano: “Creo que en Cuba hay una dictadura y éstas son malas. No creo que haya dictaduras de buena intención. En Cuba desde hace muchos años hay un régimen que es muy incompetente en lo económico, y muy autoritario en lo cultural, en lo político, en lo social. Naturalmente esto puede crear dificultades para la transición de ese régimen a otra forma más abierta y plural de política, que espero sea en paz y que se logre instrumentar de modo que produzca los menos sufrimientos posibles, porque, evidentemente, la degradación, sobre todo a partir del final de la Unión Soviética, del pueblo cubano es lamentable”.
Finalmente, el pensador al plantear que la política está ligada al poder y a como éste sea ejercido, señala que “no debería estar vinculada al abuso; es decir, los electos no son los que mandan porque hayan nacido para mandar, sino que son nuestros mandados, nosotros les mandamos a mandar, y, por lo tanto, podríamos dejar de darles esa confianza. Ellos no mandan por ninguna otra razón, más que porque les mandamos que manden. Comprendo que ellos suelan olvidarse de ese mandato y creer que han nacido con unas especiales dotes y carisma divino para el mando”. Esta tentación lleva a gobernantes elegidos por la vía del voto a erigirse en caudillos autoritarios que no reconocen el principio de la alternabilidad en el poder y asumen que ellos mandarán hasta el “dosmilsiempre” como dicen por allí unos cuantos fanáticos. No, señor, están muy, pero muy equivocados y lo corrobora Savater: “De vez en cuando conviene recordar que en las democracias nadie nace para mandar y otros para obedecer, sino que todos a la vez tenemos que rotatoriamente mandar y obedecer, y elegir a los que van a mandar en cada momento. En la política es imprescindible el hecho que se cuente con el apoyo de los demás. Las mejores ideas políticas, si se imponen sobre la gente sin consultarlas, se pueden convertir en algo nefasto”. ¿Qué opina usted?
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