Reformas al “Estado benefactor”
Editorial – El Mercurio
La crisis del Estado de Bienestar europeo es cada vez mas evidente, como lo muestran los crecientes esfuerzos de variados gobiernos por cambiarlo. Las últimas reformas alemanas, que alargan los años de trabajo para jubilar y suben las tarifas de salud, apuntan a una suerte de cambio del sistema, que, exageradamente, algunos califican como desmantelamiento. El “Estado benefactor”, como se sabe, se inició en la Prusia monárquica del siglo XIX, para luego extenderse por todo el mundo, aunque con particular intensidad en el continente europeo. Esta modalidad fue copiada en nuestro país, aunque se la reformó en una línea liberal, a comienzos de los años 80.
Las dos áreas más críticas de esta protección social han sido las normas laborales y previsionales. Las primeras han conducido a elevados desempleos y a una caída de la participación en el trabajo, en especial de jóvenes y mujeres. Hoy se valoriza, como nunca antes, la flexibilidad de contratación para lograr el pleno empleo, algo que buena parte de las corrientes de izquierda aún no aceptan. La crisis de los sistemas previsionales de reparto es conocida, encontrándose la modalidad estatal en quiebra en prácticamente todos los países. Afortunadamente, Chile superó este problema y, al parecer, la actual reforma en proceso reforzaría, en general, la modalidad libre y abierta.
La crisis de los sistemas de salud estatales es también conocida, caracterizándose por malas administraciones a costos altos, que conducen a déficit presupuestarios, deficiente atención y largos tiempos de espera.
En educación, la evaluación es más variada: destaca la calidad de las escuelas estatales europeas, aunque se reconocen algunas fallas, además de los elevados costos, y es una realidad que, al menos en el nivel universitario, el sistema europeo ha perdido notoriamente posiciones respecto del estadounidense, más privado y competitivo.
La provisión de servicios gratuitos en empresas estatales ha perdido prestigio, y los especialistas prefieren sistemas de ayuda social más focalizados en los verdaderamente pobres, idealmente en la forma de bonos que permitan demandar los servicios de manera directa y libre. Esta modalidad elimina las filtraciones de dinero fiscal a sectores de ingresos medios y altos, aumenta la calidad de los servicios -por la mayor competencia que genera- y reduce los costos, con el consiguiente alivio presupuestario fiscal.
El recurrente déficit público ligado al Estado benefactor es, quizás, lo que más ha influido en las reformas sociales en marcha en casi todo el mundo.
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