Perón en Miraflores
Por Ramón Guerra B.
Correo del Caroní
En 1946 cuando el General Juan Domingo Perón asciende al poder, Argentina era una potencia mundial. Los estragos causados por la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), en los países europeos, parte de Asia y África, le permitieron a la nación suramericana alcanzar sus mejores momentos de prosperidad. Su industria cerealera, ganadera y metalúrgica fueron de las más beneficiadas por la demanda generada en los estados envueltos en el conflicto bélico. Pero esta prosperidad fue consumida en los 9 años (1946-1955) que permanece Perón en el gobierno. De ahí en adelante, Argentina caerá en un camino de inestabilidad política y económica que dura hasta nuestros días.
Los inmensos recursos acumulados durante el boom propiciado por la Guerra, fueron destinados al asistencialismo improductivo a la población depauperada que al final no la sacó de la pobreza. Los resultados ostensibles fueron la desaparición de aquella riqueza que sólo sirvió para abonar la proyección, a través de la historia, de las personalidades carismáticas de Juan Domingo Perón y de su esposa, Eva Duarte. Esa práctica de la dádiva y del regalo, como política de estado, atrajo en torno de la pareja Perón-Evita a millones de seguidores. Mientras la economía argentina sufría un deterioro del cual le ha sido muy difícil recuperarse.
El gobierno peronista, al tiempo que daba palmaditas en las mejillas de los niños, ancianos y todos los que acudían a recibir sus “bondades”, mostraba los dientes a la otra parte del país que no vitoreaba a la pareja benefactora. El acoso y las agresiones contra las universidades; la depuración y control de la Corte Suprema de Justicia; la persecución, clausura y confiscación a los medios de comunicación; la militarización del Estado y el control policial, dejaban ver un régimen represivo y dictatorial.
Las coincidencias entre el general Perón y el Tcnel. Hugo Chávez en Venezuela no son meras casualidades. Veamos. El escritor Arturo M. Pascual, refiriéndose al primero, decía: “políticamente, su ideario era una mezcla demagógica de antiimperialismo, nacionalismo, centralismo económico, militarismo y, sobre todo, populismo”. Dicha descripción le viene de perla al nuestro.
Continuemos. El general Perón venía de participar en intentos de golpes fallidos y otros exitosos que proyectarían su figura, abriéndole el camino a la presidencia. Gana las elecciones en 1946. Propicia una reforma constitucional en 1949 cuyo único objetivo era su reelección presidencial. Triunfa sobradamente en los comicios de 1951 gracias a la disposición de todos los recursos en manos del candidato-presidente que fue.
Quiso constituir su partido único y eternizarse en el poder. La corrupción, la inflación galopante y la falta de recursos hacen insostenible al régimen que cae en 1955. El liderazgo de Perón y Evita se había levantado luego de echarse al pico los recursos del mejor momento de prosperidad que tuvo Argentina. Pero el pueblo argentino deliraba en las calles gritando ¡Asesino y ladrón queremos a Perón!
Esta es parte de la tragedia de los pueblos latinoamericanos, muy dados a esa costumbre histórica de seguir caudillos y aplaudir mesías, desde el inconfortable lugar de su miseria. En América esos personajes, como bien dijo Eliécer Calzadilla, se reproducen como conejos. Ojalá que el Perón que tenemos en Miraflores, no tenga tiempo de acabar la mayor riqueza con la que ha contado Venezuela en su historia.
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