Reposicionando Asia: Enseñanzas para Ecuador
Por Guillermo Arosemena Arosemena
El Expreso de Guayaquil
Este es el título de un excelente libro escrito por Phillip Kotler y Hermanan Kartajaya, dos de los más grandes expertos en mercadeo tanto de empresas como de países; se trata de sobre cómo Asia logró recuperarse ampliamente de la crisis experimentada en 1997.
Desde los años sesenta hasta 1997, las naciones del este del citado continente tuvieron un crecimiento espectacular, sus economías crecieron aproximadamente 2.5 veces más rápido que las latinoamericanas, lo que explica por qué lograron superar nuestro nivel de vida.
Como los auges no son eternos y en plena euforia del aumento de la demanda, los empresarios pierden el sentido de la realidad, incrementando desmedidamente la capacidad de sus fábricas o construyendo irracionalmente más edificios y casas. En 1997 explotó la enorme burbuja especulativa, desde Tailandia hasta Taiwán, las monedas se devaluaron, el consumo colapsó y las economías entraron en recesión, desde muy severas como en Corea del Sur hasta leves como en Singapur. El Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvo que entrar al rescate y efectuó los préstamos más grandes en su historia.
En 3 años pagaron todas sus deudas al FMI, sus economías se reactivaron, reiniciándose las espectaculares tasas de crecimiento del producto interno bruto. Asia tuvo 3 años perdidos, mientras que América Latina anda perdida desde 1982, cuando se inició en México la crisis del endeudamiento externo. En 25 años, son escasos los países que han logrado enrumbar las economías correctamente.
¿A qué se debe la diferencia? ¿Cómo es posible que teniendo iguales problemas, los asiáticos salieron de la crisis en tan poco tiempo? Hay una diferencia abismal, quizá muy difícil de superar: los valores de la gente en ambos continentes. Los de los asiáticos son diametralmente opuestos a los nuestros. Ellos son gente muy práctica, no se enredan en pugnas ideológicas, escriben y hablan menos, pero hacen más.
Nosotros somos extraordinarios con la pluma y el verbo, es cuestión de leer a columnistas e intelectuales en la prensa escrita y escuchar a invitados en radio y televisión, pero somos muy malos para crear riqueza. Me pregunto si en Ecuador, un profesor de escuela fiscal, frustrado por los pobres ingresos, optaría por comenzar un pequeño negocio sin capital, solamente con ideas. En Asia, historias de triunfos como la indicada son muy frecuentes. Los valores asiáticos están orientados a la producción, en Ecuador y el resto de América Latina al trabajo fácil, como trabajar para el Estado o lucrar del mismo. Me recuerda la filosofía de trabajo en España, entre los siglos XVI y XIX. Todos los españoles querían tener el título de Hidalgo, requisito necesario para poder ingresar a trabajar en el sector público.
Regresando al tema del libro, los autores escriben que en chino, el caracter que describe crisis significa peligro y oportunidad, por lo que 1997 fue para los asiáticos una oportunidad para corregir lo que estaban haciendo mal y mejorar lo bueno. Los gobiernos supieron reaccionar de la mejor manera, en lugar de dedicarse a buscar culpables como sucede en nuestra región. Una de las causas de la crisis fue la baja productividad; no se dieron cuenta de que mientras existía desempleo, las economías podían crecer, pero el momento en que el desempleo llegaba a cero, la única forma de incrementar el PIB, era a través de la productividad.
Los asiáticos reconocieron que tenían que encontrar la forma de usar los recursos más productivamente, invirtiendo más efectivamente en capacitación, bienes de capital y tecnología. Se dedicaron a eliminar las debilidades, concentraron sus esfuerzos en esas tres áreas y actualmente Asia es una de las regiones de mayor crecimiento tecnológico. Un ejemplo es la transformación de una ciudad de India: Bangalore, que tiene 6 millones de habitantes, su alcalde y demás organizaciones, que se preocupan por el bienestar de la gente que vive en ella.
Apoyados por el gobierno central consideraron que tenía que convertirse en el centro tecnológico de información y comunicaciones más importante de India y desarrollaron varias estrategias para lograrlo. En una década ha pasado a ser una gigante máquina de hacer dinero: decena de miles de hindúes han salido de la pobreza, se han constituido miles de empresas.
El espíritu emprendedor está allí. El producto interno bruto (PIB) de esa ciudad es de 59.000 millones de dólares equivalentes a 80% del PIB de Ecuador, que tiene 13 millones de habitantes, lo que significa un ingreso por habitante de 6.460 dólares y exporta 22.000 millones de dólares en tecnologías de información (TI) y módulos informáticos (MI). Para comparación, el ingreso por guayasense es de 2.640 y todo el Ecuador exporta 50% de las exportaciones de TI y MI de Bangalore.
Otro valor asiático es la cohesión social, a pesar de la inequidad. En Asia no existe el pensamiento socialista de distribuir lo poco que hay; sus ciudadanos prefieren producir. Estos dos verbos, distribuir versus producir, reflejan el pensamiento económico de dos ideologías de modelos económicos. Los asiáticos tuvieron pésima experiencia con el socialismo y lo que les interesa es producir y producir. Están conscientes de que el acercamiento de la renta entre habitantes no se logra de la noche a la mañana; a un pueblo no se lo puede educar en pocos años, pero a media que crece la economía y la gente se capacita, también crece la renta y esta cada vez compra más bienes y servicios.
No se requiere genialidad para salir de la pobreza, es cuestión de conocer la historia de la humanidad de los últimos 500 años y analizar lo que han hecho otras naciones para salir de la pobreza y aplicar sus políticas, estrategias, métodos y técnicas. Pero jamás dejaremos el Tercer Mundo, si se sigue pensando como quienes me enviaron emails con motivo de mi último artículo. Este hizo salir del closet a gente con resentimientos sociales y odios, señalando que Chile y China no son buenos ejemplos, porque el sector privado es el motor de desarrollo, que no hay mejor alternativa que el modelo bolivariano chavista.
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