La democracia venezolana en la encrucijada
Por Adolfo R. Taylhardat
El Universal
Faltan apenas 10 días para que los venezolanos acudamos a las urnas para elegir un nuevo presidente. Luego de casi ocho años ininterrumpidos de mandato presidencial, Hugo Chávez aspira a la reelección inmediata. El hombre que presume de reivindicar la obra y el ideario de Simón Bolívar traiciona el espíritu democrático de El Libertador. Parece haber borrado de su memoria aquella frase de Bolívar cuando dijo: “Nada es más peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo: de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Peor aún, imitando a François Duvalier pretende convertirse en un “président à vie” y aspira permanecer gobernando indefinidamente.
Valiéndose del control absoluto que ejerce sobre todos los poderes públicos, incluido el Poder Electoral, el presidente Chávez ha llevado a cabo una campaña electoral abusiva en abierta violación de las normas dictadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) para regular la propaganda electoral. Además, aprovecha toda aparición pública, incluso las actividades oficiales, para impulsar su candidatura utilizando de manera incontrolada e incontrolable los recursos humanos, materiales, y financieros del Estado venezolano. Adicionalmente valiéndose de su doble condición de militar retirado y de comandante en jefe de la Fuerza Armada involucra esa institución en actividades de su campaña electoral contraviniendo la disposición expresa de la Constitución según la cual el estamento militar no puede tener militancia política.
Afortunadamente, las fuerzas políticas y los movimientos sociales democráticos de Venezuela alcanzaron un acuerdo unitario alrededor de la candidatura del gobernador Manuel Rosales. Este acuerdo ha sido recibido con beneplácito no sólo en Venezuela sino también en muchos países amigos, porque constituye un paso importante en la empresa de asegurar, por la vía electoral, pacífica, democrática y constitucional, la alternabilidad en el ejercicio de la presidencia.
A pesar de estos obstáculos y no obstante las ejecutorias arbitrarias y acomodaticias dentro de las cuales funciona el sistema electoral, el ventajismo y abuso de poder que caracteriza el proceso comicial en curso, y no obstante la carencia de condiciones adecuadas para el ejercicio libre y transparente del sufragio, la sociedad democrática venezolana congregada en torno a la candidatura de Manuel Rosales está convencida de que la vía constitucional, democrática y electoral es el único camino para asegurar la paz y convivencia de los venezolanos. Pero transitar ese camino requiere que la elección presidencial se desarrolle de manera absolutamente limpia, transparente, libre y desprovista de manipulaciones.
El 3 de diciembre se juega el destino de la democracia venezolana. Los venezolanos tendremos que escoger entre la perpetuación en el poder de un presidente que ya ha anunciado públicamente que implantará en Venezuela un sistema “socialista” (léase comunista) con todas las consecuencias que ello implica en los ámbitos de la educación, el derecho a la propiedad, la actividad económica y comercial, y la libertad de opinión y de información, la libertad de culto, la libertad de viajar, etc., o elegir un mandatario que ofrece consolidar la democracia, respetar las libertades fundamentales de los ciudadanos y devolver la paz y la armonía a una ciudadanía que ha sido artificialmente dividida por el odio sembrado desde las alturas del poder.
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