La Candidatura Bloomberg
Por George Will
El Iberoamericano
El día de las elecciones, los votantes dijeron algo que podría haber provocado que un billonario menos sensato sucumbiera a los cantos de sirena de aquellos que le invitan a gastar, digamos, 500 millones de dólares de su dinero en una candidatura presidencial independiente. Pero tres días después, de manera informal, el alcalde Michael Bloomberg, que no es propenso a la modestia, despreciaba la idea como “una esperanza vana”.
Nada valida tanto en ocasiones el sentido común de un político como su capacidad para limitar, o reconocer que las circunstancias limitan, sus ambiciones.
Bloomberg ha demostrado, tanto en el ámbito público como en el privado, lo que pidió a gritos el electorado el día de las elecciones: “Competencia, por favor”. Su sentido empresarial le ha granjeado un montante neto de 5300 millones de dólares, convirtiéndole en el número 44 de la lista de los americanos más ricos de la revista Forbes. Tras 5 años como alcalde — que comenzaron después de 8 años de la dramática mejora de la ciudad bajo Rudy Giuliani — los éxitos de Bloomberg incluyen:
La tasa de desempleo (4,1%) es la menor de la que se tiene constancia, y la calificación crediticia de la ciudad se encuentra en su mayor nivel nunca visto. Con una tasa de criminalidad reducida en un 20% desde que Bloomberg asumiera el cargo — tras una reducción del 57% durante los años Giuliani — el FBI califica a ésta como la gran ciudad más segura de la nación, lo que es un motivo del marcado incremento en las solicitudes de acceso a las Universidades de Columbia y Nueva York. El numero de receptores de prestaciones sociales, que alcanzaban hace una década los 1,1 millones, ahora son menos de 400.000. En el 2005, el porcentaje de estudiantes de instituto graduándose a su tiempo fue el más elevado desde que la ciudad comenzase en 1986 a recoger esa estadística. Bloomberg achaca a su cruzada contra el tabaco el declive en los infartos que han ayudado a hacer que la esperanza de vida de los habitantes de la ciudad superase a la del resto de la nación.
Habla de política pública con una agradable falta de interés en ser agradable. Acerca de la responsabilidad de las escuelas bajo la iniciativa No Child Left Behind: “Es deficiente antes de empezar y tira el nivel por los suelos”. Acerca de que no hay correlación en las escuelas entre ingresos financieros y resultados cognitivos: “Es peor que eso” — al contrario que las empresas, el gobierno incrementa las inversiones en fracasos, de modo que no hay incentivo para hacerlo bien. Acerca del reciente infortunio de los Republicanos: “El país no es tan estúpido como piensan”, con su ostentación con la quema de la bandera y Terri Schiavo. Acerca del crimen: “El 85% de todas las víctimas de asesinato tiene ficha criminal”. Exagerando, ligeramente, añade: “Si no eres un camello, no serás asesinado”. Acerca de la inmigración ilegal: Los ciudadanos deberían tener tarjetas de la seguridad social con sus huellas; cuando los patronos tengan miedo a contratar a ilegales, el problema remitirá. Finalmente: “Soy partidario de la ONU — y de John Bolton”.
Bloomberg fue lo bastante serio acerca de una candidatura presidencial como para preguntar a sus abogados acerca de las leyes de acceso a las urnas de los estados. Pero ha decidido no presentarse. Probablemente sabe que los candidatos independientes que logran votos electorales normalmente cumplen tres atributos: un tema candente, una personalidad viva y una base de apoyo regional. Strom Thurmond en 1948 y George Wallace en 1968 tenían los tres y ganaron 39 y 46 votos electorales, respectivamente. En 1992, Ross Perot tenía una personalidad viva (por decirlo educadamente) y el déficit presupuestario era un tema candente porque incorporaba todo el descontento con Washington. Carecía, sin embargo, de base regional, de modo que su 18,9% del voto popular no le granjeó votos electorales.
Bloomberg no tendría base regional, a menos que la mentalidad de Nueva York cuente como región. El estamento de esta ciudad, una de las cohortes más parroquianas de América, es pesimista acerca del peso político de la ciudad, del del estado, y de su propio peso político. Tiempo ha, el estado era una incubadora de presidentes: en 1868 Nueva York tenía un porcentaje superior de los votos electorales de la nación del que tiene California hoy, y en la horquilla de 80 años de 1868-1948, los neoyorquinos aparecieron en más de la mitad de las listas presidenciales de los dos partidos principales, y sirvieron como presidente en cinco ocasiones.
Pero en el 2010, Florida podría suplantar a Nueva York como el tercer estado más poblado de la nación. Además, han pasado 46 años desde que la nación eligiera a un presidente del noroeste, John Kennedy. Antes de John Kennedy, el último habitante del noroeste nominado a presidente fue Michael Dukakis en 1938, lo que no fue divertido. Aún así, tres neoyorquinos — Giuliani, Hillary Clinton y el Gobernador George Pataki — tienen hoy posibilidades presidenciales de diversos grados de plausibilidad. Bloomberg, que amasó sus billones en sistemas de datos, podría compartir con estos tres este factor: ninguno de las tres últimas listas nacionales de candidatos que incluyeron neoyorquinos — los candidatos vicepresidenciales William Miller (1964), Geraldine Ferraro (1984) y Jack Kemp (1996) — llevaban el estado.
© Washington Post Writers Group
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