La campaña presidencial en Brasil reabre viejos rencores entre el sur rico y el norte pobre
Por Matt Moffett y Geraldo Samor
The Wall Street Journal
RIO DE JANEIRO—Escenas de la lucha de clases en Brasil: una noche reciente, Danielle Tristão entró a un bar en un barrio exclusivo de Rio llevando una camiseta que decía “Lula Sim”. Era su manera de expresar su apoyo al presidente obrero Luiz Inácio Lula da Silva, claro favorito para conquistar un segundo mandato en las elecciones de este domingo, pero despreciado por las clases altas del país. Tristão, de 38 años, asegura que los comensales empezaron a arrojarle folletos de Geraldo Alckmin, el candidato opositor. Pronto comenzó una escaramuza, y uno de los comensales le arrancó con los dientes una parte de su dedo anular izquierdo.
Para los izquierdistas, Tristão se convirtió en una mártir. El hecho de que el propio Lula da Silva perdiera en su juventud parte de un meñique en un accidente metalúrgico sólo magnificó el hecho. “Unos fascistas se comieron el dedo de una activista del Partido de los Trabajadores, que ahora llevará sobre su cuerpo la marca de Lula”, proclamó el dramaturgo Augusto Boal en un acto político a favor de Lula.
No fue así, dice Ana Cristina Castro, la mujer que mordió a Tristão. Usando a su marido como vocero, Castro, de 39 años, alegó que Tristão estaba borracha y beligerante y que la trató de “ricachona ignorante”. Aunque su marido dice que actuó en defensa propia, Ana Cristina está siendo vilipendiada como “Hannibal” o “La Pit Bull de Leblon”, en referencia al barrio donde sucedió el incidente.
Castro afirma que su esposa en realidad vota por Lula da Silva, pero eso no parece importar en el caldeado ambiente político de Brasil. En un país que tradicionalmente ha exhibido con orgullo su ética de “vivir y dejar vivir”, esta campaña presidencial ha dejado al descubierto las profundas divisiones entre las clases sociales y regiones. La imagen de “democracia racial” súper tolerante que Brasil tiene de sí misma está siendo duramente puesta a prueba.
Lula es el claro favorito entre los votantes del nordeste, la región donde nació y donde mucha gente tiende a ser más pobre, menos educada y de piel más oscura que sus compatriotas del sur. El sur, que comprende las ciudades más modernas y glamorosas de Brasil y donde están los principales medios de comunicación, ha mostrado bastante menos afecto hacia el mandatario.
Los brasileños con educación universitaria, como los estudiantes de São Paulo que recientemente se vistieron de payasos para satirizar a Lula da Silva, muchas veces miran con desprecio al presidente, que abandonó la escuela tras el cuarto de preparatoria. Pero la abrumadora mayoría de los brasileños con educación básica lo apoya. Una encuesta de Datafolha predice que Lula obtendrá el 61% de los votos, frente al 39% de Alckmin.
Las divisiones sociales y regionales no son nada nuevo en Brasil, pero han empeorado debido a dos rasgos fundamentales del gobierno de Lula: el fuerte gasto social y los escándalos de corrupción. El programa fiscal de subsidios en efectivo para 11 millones de familias pobres ha provocado una lealtad feroz hacia el mandatario en los barrios obreros, sobre todo en el nordeste.
Al mismo tiempo, los escándalos del gobierno de Lula alejaron a una parte importante de la clase media y las elites del sur que votaron por él en 2002. El último episodio ocurrió hace un mes, cuando se descubrió a dirigentes del Partido de los Trabajadores con US$770.000, dinero supuestamente destinado a pagar información que podía dañar al candidato opositor.
El propio mandatario ha acentuado las tensiones de clase al decir que los casos de corrupción de su gobierno han sido sacados de proporción debido a su origen humilde. “Hay una razón detrás de esta persecución”, dijo Lula la semana pasada. “Es un asunto de (color de) piel, de origen social”.
Es probable que las divisiones surgidas durante la campaña persigan al presidente en su segundo mandato, ya que hará más difícil que los brasileños se unan en torno a las duras medidas que el país necesita para impulsar su lenta economía.
Ambos bandos han explotado los estereotipos negativos. Un email anónimo que circuló este mes tenía el título de “La solución es la separación” y mostraba un mapa que dividía a Brasil en norte y sur. En la parte norte había una foto de Lula junto a la frase: “Ellos se pueden quedar con él”. En el sur había una foto con Alckmin bajo la leyenda: “Nosotros nos quedaremos con él”. El equipo de Alckmin deplora el mensaje y dice no tener relación alguna con él.
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