Verdad y libertad en la izquierda mundial
Por Joaquín Santiago
El Iberoamericano
En el “voluntarismo creativo” de la izquierda actual, todo es posible. Cabe considerar al islam como fuerza revolucionaria, a Corea del Norte como resistente antiimperialista, al México revolucionario de Chiapas y de López Obrador como germen del “nuevo hombre”, ya que el “Che” fue su antecedente, puesto que era un “ser de otro mundo”, tal y como la “nueva trova cubana” glosaba.
“La verdad os hará libres” (Jesucristo)
“La realidad existe” (Ayn Rand, escritora)
“La libertad nos hará veraces” (Gregorio Peces Barba, ideólogo del socialismo moderno español).
Lo ocurrido en México en los últimos meses es significativo de por dónde van los tiros de la izquierda mundial y lamentable por el abismo en el que se precipita la “vecina del sur” de los Estados Unidos.
La victoria electoral de la derecha, el PAN, está siendo deslegitimada sistemáticamente por la izquierda. A la campaña destructiva del derrotado López Obrador no reconociendo su derrota y sustituyendo a las urnas y a la estructura institucional (“¡que se vayan al diablo con sus instituciones!”, llegó a decir) se suma ahora la existencia de una elaboración doctrinal dentro del izquierdista irredento PRD según la cual hay que ir a una nueva generación de la izquierda de origen latinoamericano y recreadora de un nuevo concepto de igualdad y de democracia.. El fundador del PRD, Porfirio Muñoz Ledo, están ello.
En su línea de creación de realidades que no existen, la izquierda del futuro pretende hacerse heredera de las anteriores generaciones de la misma (revolución francesa, anarquismo, socialismo, comunismo) e ir más allá. Consideran quienes están en este refrito intelectual que los regímenes de los Estados Unidos y Gran Bretaña no son fruto de la modernidad ilustrada porque mantienen residuos aristocráticos del periodo precedente mezclados con elementos democráticos del actual.
No les falta razón en que, los éxitos indudables y envidiables que las naciones anglosajonas han logrado en pro de la libertad han estado apuntalados por el mantenimiento de instituciones históricas, sólo en parte premodernas, que han hecho el contrapeso adecuado al poder democrático (Congreso y Parlamento, respectivamente para ambos ejemplos), al poder personal (Reina y Presidente, para los mismos) y al papel moderador de la segunda cámara (los Lores y el Senado, en ambos). Asimismo, podemos citar entre los residuos no izquierdistas a la contención del igualitarismo dentro de los límites de la igualdad de oportunidades ante la ley, premisa básica para ejercer la libertad. Ésta no es, en la concepción realista anglosajona, el poder de saltarse las barreras de la realidad, sino el de, aceptándola como algo dado, evitar las interferencias de otros poderes en el binomio libertad-responsabilidad inseparable del individuo y la consecuencia de quien, siendo consciente de la verdad previa de la naturaleza humana, se hace libre al afrontarla con su propio bagaje espiritual y sus talentos.
Las dos primeras citas con que encabezamos este escrito, de personalidades tan distantes entre sí, son, en esencia y a los efectos de este artículo, lo mismo. Ambas presuponen que la verdad, la captación de lo real, está fuera de nosotros y que es condición previa a la libertad el captarla tal y como es. No nos involucramos ahora en discernir si la realidad es divina (Jesucristo) o solamente tangible (Ayn Rand). Lo cierto es que ambas dan por hecho de que existe algo objetivo y previo a la conciencia del ser humano. Sólo, según ambos, quien capte eso existente puede llegar a ser libre. Sin ser seguidor de la novelista ruso-norteamericana, su cita es expresiva del pensamiento de muchas personas de pensamiento liberal y liberal-conservador. Sin ser cristiano fideísta, la evangélica es manifestación de la existencia de una realidad anterior y superior, para la que la libertad es consecuencia de ella y no causa, y representativa de un amplio espectro del mismo pensamiento político.
La otra, la de Peces Barba, es la enseña “intelectual” de gran cantidad de izquierdistas de nueva generación. Heredera del decimonónico romanticismo bohemio, define a la verdad como aquello que surge después de ejercer la libertad. Es decir, después de que un grupo social haya configurado qué “nueva realidad cultural” inventarse para romper una barrera que la realidad y la naturaleza establece como dada. Además, para estos personajes el individuo no cuenta salvo si se escuda en un grupo con el que comparta un rasgo sobre el que hacerse la víctima y pedir su “liberación”. Por ejemplo, el sexo con el que cada uno nace es algo natural que ha de redefinirse mediante el género, que es algo cultural. Cada uno de nosotros somos de un género-sexo -hombre, mujer u homosexual- porque queremos. Dado que podemos cambiarnos de sexo o elegir preferencias, el mutarlo o permanecer en nuestra situación actual es pura elección personal.
Asimismo, la izquierda pretende redefinir los términos de instituciones políticas de larga existencia histórica, tal y como señalamos al principio con el experimento mexicano, en pro de una redefinición de democracia como si nada de las instituciones que conocemos, y que son fruto de la decantación histórica (familia, imperio de la ley, contrapesos y balances de poder, etc…), tuviera razón de ser. Esas instituciones, han sido contrastadas, pulidas y sometidas a la prueba de calidad de los avatares y del libre juego histórico-evolutivo y la han superado con creces.
La pretensión revisionista de la izquierda y de las elaboraciones teóricas más recientes de la misma no son más que “más de lo mismo”. Crear la realidad y creérselo después por el mero acto de haber, con ello, ejercido la “libertad de crear” es ridículo y fantasmagórico, sin duda.
En este “voluntarismo creativo” de la izquierda, todo es posible. Cabe considerar al islam como fuerza revolucionaria, a Corea del Norte como resistente antiimperialista, al México revolucionario de Chiapas y de López Obrador como germen del “nuevo hombre”, ya que el “Che” fue su antecedente, puesto que era un “ser de otro mundo”, tal y como la “nueva trova cubana” glosaba.
La espantosa fuga de la realidad que el pensamiento de izquierdas protagoniza es realmente sorprendente y, sin duda, abominable desde el punto de vista intelectual y moral. Frente a ello se alzan, orgullosas de su servicio a la humanidad, las instituciones antiguas, sólidas y garantes, por ello, de la libertad que los Estados Unidos y, en buena parte, las de su metrópoli, aún muestran al mundo. Y que sea por mucho más tiempo.
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