Economía argentina: Carrera de obstáculos
Por Diego Valenzuela
Revista Fortuna
El modelo económico K no camina tan tranquilo como hace un par de años, pero sigue mostrando su vigor. La decisión de seguir estimulando el crecimiento no es negociable. Si se pudiera, el Presidente desearía cerrar su mandato con un triple 8 en promedio: cuatro años de crecimiento del producto a una tasa del 8 %. No está en sus planes aceptar una desaceleración de la economía. Está acostumbrado a caminar en la cornisa.
Claro que antes la marcha era más descansada. En 2003 y 2004 la inflación aún no mostraba los dientes, y era más fácil mantener el tipo de cambio elevado. Pero apareció una inflación de dos dígitos y creciente, domada parcialmente con acuerdos de precios cada vez más parecidos a controles, parciales, pero controles al fin, y respecto de los productos con más incidencia en el índice de precios al consumidor. Una inflación de casi 1 % mensual como la de septiembre, aún con los acuerdos, sugiere que el peligro está agazapado.
Los amplios subsidios que se otorgan para no trasladar a precio los ajustes de la economía sumados a las obras energéticas necesarias para acotar el riesgo de una crisis presionan sobre la situación fiscal. Algunas cosas suben de precio y otras nada: éstas últimas son las que tienen impacto social, como tarifas de servicios públicos (especialmente en Capital) o boletos de colectivos.
Al consumidor parece no importarle saber que igual se está pagando el aumento, en lugar de con tarifas con impuestos vía subsidios, pero la realidad es que el Gobierno es reacio a ajustar los precios que impactan en los más pobres y en el humor social.
Se viene el año electoral y el Presidente disfruta de las cornisas. La contracara del alto crecimiento es la inflación y los incipientes interrogantes energéticos que surgen por la gran demanda y ante la demorada suba de la oferta de combustibles, gas y electricidad.
Pero el modelo no sólo está exigido por la inflación, por los cuellos de botella de la energía o por la menor holgura fiscal. El Banco Central está haciendo un creciente esfuerzo por sostener los pedidos presidenciales: el tipo de cambio nominal alto y la acumulación de Reservas.
La estrategia, ahora con un tránsito menos aliviado, se mantiene: manejo discrecional de parte de los recursos presupuestarios para tapar baches, incentivo a la demanda, alto crecimiento (aunque en el Presupuesto se pronostique un 4 % para 2007), ahorro fiscal suficiente como para que la macro no genere dolores de cabeza, tipo de cambio competitivo y acumulación de reservas, y retraso todo lo posible de la apreciación cambiaria subiendo un poco el tipo de cambio nominal y acotando la inflación con acuerdos de precio y muñeca política. La heterodoxia K sigue rindiendo sus frutos aunque ahora cuesta más superar los obstáculos que va poniendo la realidad.
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