Euforia y demagogia
Por Carlos Rodríguez Braun
ABC
Eufórico estuvo esta semana el ministro de Trabajo con los datos del paro y la contratación indefinida, y con la Ley de Igualdad. Feliz e imaginativo estuvo Artur Mas con su propuesta electoral de pagar a las parejas jóvenes con dinero público durante un tiempo parte del alquiler de su vivienda. Conviene acudir al diccionario a ver qué se entiende por demagogia.
El paro sigue bajando en nuestro país porque la economía sigue creciendo, no porque las autoridades se hayan esmerado en facilitar la labor de los ciudadanos, que es lo que la hace crecer.
La euforia del señor Caldera por la extensión de la contratación indefinida no tiene en sí misma sentido si se la separa de una intervención política: la subvención de dicha contratación. No es necesario haberse pasado la vida entera estudiando economía para comprender que si se paga más por algo se obtiene más de ese algo. Y Caldera, recuérdese, no paga de su bolsillo.
No de su bolsillo, pero sí de su boca, brotó la severa apreciación de que la Ley de Igualdad es “intocable” al ser una medida de “gran calado social”.
En realidad, como suele ocurrir con la izquierda, es una medida humillante para quien dice proteger,
porque relativiza el mérito de las mujeres y las somete al poder y a la legislación. Todo por su bien, claro, claro.
Y el objetivo de CiU, aseguró Josep Antoni Duran i Lleida en “Ruedo Ibérico” el miércoles, es resolver el problema de la vivienda. Insistió en el consenso intervencionista de los partidos, como lo prueba la Ley de Dependencia, y ante mis críticas respondió que el coste era “asumible” y me preguntó qué haría yo.
Le puntualicé que no me presento a las elecciones, y añadí que tras décadas de abordar el asunto con más gasto público y más intervencionismo, me parecía que quizá podría intentarse el camino de la libertad, y que los políticos podrían dejar de pensar todo el tiempo en que son la solución, y dedicarse a pensar un poquito en quizá son el problema. No le convencí.
Dos acepciones contempla la RAE para la palabra “demagogia”. Una es: “práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”. Y la otra es: “degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. Como estamos en una democracia, elija usted.
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