La deuda externa preocupa a EE.UU.
Por Mark Whitehouse
The Wall Street Journal
En los últimos años, los estadounidenses y su gobierno han disfrutado de una de las mejores ofertas en las finanzas internacionales: han tomado prestado miles de millones de dólares en el extranjero para comprar nuevos televisores de pantalla de plasma, construir casas y librar guerras. Pero a medida que el endeudamiento ha crecido, los pagos sobre la deuda externa neta apenas han cambiado.
Ahora, sin embargo, el ofertón podría llegar estar llegando a su fin. A medida que suben las tasas de interés, los pagos del país comienzan a aumentar, tanto así que, por primera vez en al menos 90 años, EE.UU. está pagando más a sus acreedores extranjeros de lo que recibe por sus inversiones en el exterior.
La brecha sumó unos US$2.500 millones en el segundo trimestre de 2006. En la práctica, EE.UU. efectuó un pago de deuda trimestral de unos US$22 por cada hogar estadounidense, un gran cambio frente al año pasado, cuando recibió US$31 por cada hogar gracias a los ingresos netos generados por sus inversiones en el extranjero.
Las cifras son pequeñas en el contexto de una economía estadounidense de US$13 billones. La tendencia, asimismo, podría revertirse si bajan las tasas de interés en EE.UU. Pero para los economistas, el cambio de tendencia ilustra un punto importante: en los próximos años, una participación cada vez mayor de la prosperidad que alcance el país probablemente irá a parar al extranjero, en la forma de los pagos del servicio de deuda. Eso significa que los estadounidenses tendrán que trabajar más para mantener los mismos estándares de vida o, sencillamente, reducirlos drásticamente para pagar la deuda.
“Es como si hubiéramos acumulado grandes obligaciones en nuestra tarjeta de crédito sin hacer jamás un pago. Eso no puede durar para siempre”, explica Catherine Mann, del Institute for International Economics, un centro de estudios estadounidense.
Si la tendencia persiste, también podría plantear dudas entre los inversionistas mundiales sobre la capacidad de EE.UU. para cumplir sus compromisos, ejerciendo aún más presión sobre el dólar. “Es un desafío adicional para el dólar”, señala Jim O’Neill, economista jefe de Goldman Sachs en Londres. “Los economistas lo han advertido durante tanto tiempo que la gente se ha aburrido, pero ahora comenzamos a ver el deterioro”.
Desde finales de 2001, cuando comenzó la actual expansión económica de EE.UU., el consumo, la inversión y otros gastos han excedido los ingresos en US$2,9 billones, la mayor diferencia de la que se guarda registro. Dicho déficit de cuenta corriente contribuye directamente al total de la deuda externa del país, que incluye el valor de todos los activos estadounidenses en acciones, bonos, bienes raíces, empresas y otros rubros en manos de no estadounidenses. Esta cifra ascendía, a finales de 2005, a los US$13,6 billones, o alrededor de US$119.000 por cada hogar estadounidense.
La manera en la que EE.UU. logró acumular tanta deuda sin que aumentaran sus pagos netos es, en cierta forma, un misterio. Incluso en el segundo trimestre, Estados Unidos sólo pagaba una tasa de interés anualizada del 0,4% sobre su deuda neta. “Sigue siendo un negocio bastante bueno”, dice Pierre-Olivier Gourinchas, profesor de economía en la Universidad de California, en Berkeley.
En un reciente estudio, los economistas de la Universidad de Harvard Ricardo Hausmann y Federico Sturzenegger sugirieron que tal vez EE.UU. no sea un deudor neto, sino que activos estadounidenses que producen ingresos en el exterior no aparecen en las mediciones.
Pero la mayoría de los economistas ofrece una explicación más prosaica: los extranjeros se han mostrado dispuestos a aceptar un retorno mucho más bajo sobre inversiones en EE.UU., que son consideradas más seguras, que lo que los inversionistas estadounidenses han obtenido de sus activos internacionales. China, por ejemplo, ha invertido desde 2001 unos US$250.000 millones en bonos del Tesoro de EE.UU. con un retorno de alrededor del 5% o menos, como parte de una estrategia para impulsar sus exportaciones, manteniendo su divisa barata con relación al dólar.
En cambio, las inversiones directas de EE.UU. en el extranjero, como la subsidiaria del fabricante de chips Intel en Irlanda, han generado un retorno promedio del 8% desde 2001, según datos del Departamento de Comercio de EE.UU. A su vez, los inversionistas estadounidenses en fondos de mercados emergentes han obtenido un retorno anual sobre sus inversiones del 22,3%, según la firma de mercado Morningstar Inc. (El Departamento de Comercio sólo considera una parte de eso como ingresos).
Debido a su tendencia a endeudarse en bonos e instrumentos similares que generan intereses y, al mismo tiempo, invertir en acciones y proyectos a largo plazo, EE.UU. se ha beneficiado mucho de las bajas tasas de interés en los últimos años. “EE.UU. ha tenido una suerte extraordinaria”, dice O’Neill, de Goldman Sachs. “Es como si fuera el mayor fondo de cobertura del mundo. Toma dinero prestado barato y recibe retornos apalancados de las cosas en las que está invirtiendo”.
La disponibilidad de los extranjeros para prestar a tasas bajas también ha animado a los estadounidenses y a su gobierno a endeudarse y gastar. Al comprar bonos del Tesoro de EE.UU., los inversionistas extranjeros asignan más de cuatro quintas partes de los US$1,3 billones que el gobierno federal ha tomado prestado desde 2001 para ayudar a pagar las exenciones tributarias, beneficios de salud y las guerras en Afganistán e Iraq. En igual período, los extranjeros asignaron más de US$700.000 millones a varias clases de valores estadounidenses con respaldo hipotecario, brindando el financiamiento para que millones de estadounidenses compren nuevas casas u obtengan efectivo de sus viviendas existentes para gastarlo en bienes como autos y lavadoras de ropa. Pero el panorama de las tasas de interés está cambiando. Las tasas a largo plazo permanecen bajas, pero la Reserva Federal ha elevado las tasas a corto plazo al 5,25% con relación a una mínima de 1% en junio de 2004. Como consecuencia, los pagos sobre la deuda del gobierno de Estados Unidos, gran parte de la cual es a corto plazo, han subido. En el segundo trimestre, por ejemplo, los pagos de la deuda del gobierno a extranjeros aumentaron un 10% a US$36.000 millones, lo que representa la mayor parte del cambio en el balance de ingresos.
No hay que perder de vista que la deuda externa estadounidense sigue siendo relativamente manejable. A fines de 2005, la deuda neta equivalía a cerca del 20% del PIB, comparado con un promedio de 15% en la zona euro. Pero una de las mayores preocupaciones de los economistas es el ritmo al que EE.UU. está acumulando nueva deuda. A medida que eso conduce al pago de mayores intereses, el déficit en cuenta corriente se vuelve más difícil de controlar. “Uno acaba pagando más e incurriendo en más deuda”, dice Gourinchas, el profesor de la Universidad de California. “La situación podría rápidamente perder el control”.
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