Riesgo Petrolero
Por Carlos Goedder
CEDICE
“Observé a Venezuela por muchos años. Era un ejemplo clásico de país que ascendió de los harapos a la riqueza como resultado del petróleo. Era también un modelo del tumulto que la riqueza petrolera fomenta, del desequilibrio entre los ricos y los pobres y de una nación vergonzosamente explotada por la corporatocracia. El petróleo venezolano es decisivo para la economía de todo el mundo. En 2002, el país fue el cuarto exportador de petróleo del mundo y el tercer proveedor de EUA. La Petróleos de Venezuela, con 40 mil funcionarios y 50 mil millones de dólares anuales en ventas, representa el 80% de los ingresos por exportaciones del país. PDVSA es, por lejos, el factor más importante de la economía de Venezuela”.
Aún tras el declive de PDVSA desde el paro petrolero de 2002-2003, la frase anterior, correspondiente a la obra Confesiones de un Asesino Económico del Sr. John Perkins (Ed. Cultrix, 2005), sigue siendo vigente. PDVSA es el eje económico y actualmente de poder político en Venezuela. Podemos decir, recordando a la compañía colonial que en el Siglo XVIII monopolizó la exportación de cacao, que PDVSA es la Casa Guipuzcoana de nuestro tiempo.
Es penoso, por tanto, que en un informe publicado el 7 de septiembre de 2006, la agencia calificadora de riesgo de crédito S&P (Standard&Poor’s), haga una publicidad negativa de PDVSA ante la comunidad financiera internacional.
Firmado por los analistas Sres. J. Coballasi y P. Lutereau, el título del reporte se puede traducir como “En Bolivia y Venezuela, la política energética es colocada en marcha atrás”.
Las agencias calificadoras de riesgos dan una opinión sobre la capacidad de las compañías y naciones para repagar las deudas financieras, sea en moneda local o extranjera. La conclusión del estudio es una calificación o rating, donde se refleja si el prestatario analizado tiene riesgo bajo (categoría “investment grade”) o si puede incumplir sus promesas de pago (“categoría especulativa”). El rating es revisado periódicamente.
La agencia de riesgo debe fundamentar su rating con un estudio o “research” que se vende a los inversionistas y que, en la medida que falle, restará credibilidad e ingresos. Incluso con su margen de error por carecer de información sobre el día a día de la compañía estudiada y los indispensables “runrunes” o chismes que circulan sólo en ciertos entornos, el rating de agencia es una de las guías indispensables para el inversor.
El estudio sobre PDVSA tiene un lapidario leitmotiv:
“Los Servicios de Rating de S&P creen que las estrategias de nacionalización ejecutándose en los sectores energéticos de Bolivia y Venezuela apoyan nuestra visión, por largo tiempo sostenida, de que el riesgo país juega un papel estelar en la determinación de todos los ratings dados dentro de un país”.
El mensaje es que compañías y particulares venezolanos, aún cuando puedan tener sus propias finanzas en orden y ser dignos de crédito financiero, están supeditados a la mala calidad crediticia de su gobierno, lo cual les encarecerá el acceso a préstamos. El círculo vicioso está servido: el sector público, con su desorden financiero, encarece la tasa de interés que le cobran al sector privado, impidiendo la expansión de este y el emprendimiento de proyectos de inversión. La alternativa es fondearse desde el propio gobierno. La atrofia del sector privado y el clientelismo se agudizarán.
S&P contrasta la actual “Nacionalización Verdadera” del Gobierno del sr. Chávez con la llamada “Apertura Petrolera” de la década de 1990. Ya en la nefasta administración hecha por Rafael Caldera entre 1994 y 1998, se recurrió a PDVSA como eje para cubrir el déficit fiscal del gobierno y como fuente de ingresos para tener acceso a los créditos del FMI. Las devaluaciones del bolívar se usaron para cuadrar las finanzas públicas, haciendo rendir más los dólares que PDVSA está obligado a vender al gobierno. El resultado es inflación y reparto de dinero público entre el gobierno y sus acólitos.
Aún con tal paralelismo, el enfoque en la década de 1990, sustentado por un equipo económico razonablemente coherente en la petrolera, fue incrementar la participación privada en proyectos de inversión. Estas “joint-ventures” suministrarían capital financiero, tecnológico y gerencial para elevar la producción petrolera. La meta era pasar de los 3,1 MM de barriles diarios (bpd) en 1996 hasta 4 MM de bpd en 2000. La inversión necesaria era de 36.000 USD MM, algo así como el 40% del PIB venezolano entonces. En 2007, algo ya irrealizable, la cuarta parte de la producción petrolera venezolana vendría de estos proyectos público-privados.
Hoy día la producción, según algunos análisis, ni siquiera llega a los 3 MM de bpd. Lo cierto es que PDVSA está exigiendo incremento de impuestos y regalías en los proyectos con privados, destacando el caso de Petrozuata, administrado en sociedad con ConocoPhillips. La Ley de Hidrocarburos de 2001 se ha usado como bandera para exigir participación mayoritaria del gobierno en las inversiones petroleras.
Esto conduce a que PDVSA deba usar más recursos propios para sus inversiones. Además de los 4.000 USD MM que por año se destina a “programas sociales” y “misiones”, carentes de cualquier auditoria y transparencia contable, PDVSA habrá de invertir 56.000 USD MM para abordar los planes de inversión que cita S&P: “Magna Reserva”, “Orinoco”, “Delta-Caribe”, Refinerías (Cabruta, Batalla de Santa Inés y Caripito), gasoducto Transguajiro y las alianzas gubernamentales de Petrosur y Petrocaribe.
Otro resultado de la gestión actual es la creciente venta de activos de la empresa Citgo, que desde 1986 es un activo de PDVSA en EUA y constituye la séptima mayor refinería estadounidense. En agosto de 2006, por 2.100 USD MM, se vendió la participación de Citgo en un proyecto con la empresa Lyondell. El resultado es una caída de 110 mil bpd de capacidad refinadora. Y junto a esto, hay la meta de vender el 14% de la red de estaciones de servicio… Todo esto forma parte del voluntarismo gubernamental para reducir los nexos comerciales entre Venezuela y EUA.
La ideología puede terminar llevando a que sea el propio gobierno el que mate a la gallina de los petrodólares…
Publicado Diario 2001 18/09/06, Miembro de Cedice Libertad. La opinión del autor es independiente.
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