¿Por qué no Guatemala?
Editorial – El Mercurio
Para la próxima elección de un país latinoamericano como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, el debate se ha concentrado en discutir las bondades de votar por Venezuela o en la necesidad de no votar por ella.
La opción de Guatemala ni siquiera ha sido considerada, ya que, en palabras del senador Navarro (PS), votar por ella equivaldría a transformarnos en “lacayos del imperio”, porque EE.UU. apoya a ese país centroamericano en dicha votación. En otras palabras, estaría vetada porque Chile no podría votar igual que EE.UU. en materia de seguridad mundial, pues debe manifestar su desacuerdo con la política de Washington en Irak y su guerra contra el terrorismo.
Los partidarios de Venezuela argumentan que Chile debe apoyarla en aras de una política de cooperación y solidaridad subcontinental, como lo hacen Brasil y Argentina. Es un pobre argumento —más allá de que la colaboración latinoamericana sea, básicamente, retórica—, pues otros vecinos, como Perú, o países amigos, como México, no votarán por Venezuela, y sería exagerado concluir que, por ello, le están “dando la espalda a Sudamérica”. En todo caso, Guatemala también es parte de Latinoamérica y, por tanto, una opción igualmente elegible. Tampoco se advierte por qué Chile debería limitarse a una consideración sudamericana, en vez de ampliarse a una visión iberoamericana, que incluya a toda Centroamérica y a una potencia regional, como lo es México.
Por lo demás, esa línea argumental pierde de vista la cuestión fundamental en juego, cual es qué país representa mejor en el Consejo de Seguridad las políticas que persigue Chile en materia internacional. Si el Gobierno chileno busca la paz mundial, Venezuela es claramente contraria a esa opción, pues da expreso apoyo a países como Irán y Corea del Norte, cuestionados por la comunidad mundial por su política nuclear —siendo de recordar que el actual gobierno rechaza la energía nuclear incluso en sus usos civiles pacíficos—. Mal podría ser, pues, el país que favoreciera nuestro voto.
La Concertación está en esto profundamente dividida. La senadora Alvear (DC) y el senador Girardi (PPD) —este último califica como neofascista al régimen de Chávez— se oponen al apoyo a Venezuela, y sus partidos representan a más de la mitad de la Concertación. También lo rechaza la oposición. Esos rechazos, sumados, representan a la vasta mayoría de la opinión nacional.
Cabe esperar que la Presidenta interprete esta posición y que, cualquiera sea su decisión, en todo caso la comunique al país con total transparencia.
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