Cómo ser un escritor de prestigio
Por Jaime Bayly
El Nuevo Herald
Cosas que un escritor en busca de prestigio entre sus colegas y los críticos nunca debería hacer, para evitar que lo tachen de frívolo, liviano y vendido al mercado:
• Vivir en Miami o, peor aún, decir que le gusta vivir en Miami.
• Viajar en clase ejecutiva o, peor aún, decir que no acepta invitaciones en clase económica: un intelectual debería viajar siempre atrás, para que le duelan las miserias del mundo.
• Ir al gimnasio o, peor aún, decir que es capaz de ir al gimnasio y, sin embargo, escribir todos los días.
• Blanquearse los dientes o, peor aún, sonreír enseñando esos dientes pulquérrimos: un escritor nunca debe sonreír, pues sólo los tontos son felices.
• Ir a los programas de televisión o, peor aún, hacer bromas en esos programas o, esto ya es un atropello al recogimiento moral que se espera de un escritor, ese apóstol laico, dar algún beso en televisión.
• Leer la revista española Hola! o, peor aún, decir que lee Hola! o, esto ya es devastador, salir retratado en esa revista.
• Pronunciarse contra los héroes morales de la progresía latinoamericana, es decir, Castro y Chávez, ese par de matones o, peor aún, esto ya es casi un brote de racismo, pronunciarse contra Evo Morales.
• Decir que no conoce Bolivia o, peor aún, decir que Bolivia no puede reclamar como suyos unos territorios que perdió en una guerra hace más de un siglo, porque casi todos los mapas se han trazado luego de guerras injustas y porque el mundo sería un caos si tuviésemos que volver a las fronteras que existían antes de cada guerra.
• Hacerse ciudadano de los Estados Unidos o, peor aún, decir que admira a los Estados Unidos.
• Ir con sus hijos a Disney o, peor aún, decir que pasó días felices con sus hijos en Disney: un intelectual debe repudiar toda forma de alegría humana y llevar a sus hijos al Museo del Holocausto o de la Santa Inquisición.
• Aspirar a un premio literario o, peor aún, ganarlo: todos los premios son un fraude, salvo los que ganan los amigos.
• Publicar en la editorial Planeta o, peor aún, ganar el Planeta o, esto ya provoca un daño irreparable, integrar el jurado del Planeta.
• Decir que no bebe alcohol ni fuma tabaco: sus pares lo verán como un enemigo, pues un escritor de raza debe ser un borracho legendario y un fumador impenitente.
• Decir que duerme ocho horas: un escritor tiene que dormir mal o hacer todo lo posible para dormir mal.
• Odiar las corridas de toros o, peor aún, decir que las odia.
• Publicar un libro cada dos años o, peor aún, publicar cada dos años libros que venden bastante bien: un escritor debe sufrir largas sequías creativas.
• Vivir en una casa con piscina (los críticos se ensañarán con el detalle de la piscina), conducir un auto de lujo (peor si es automático) o mandar a sus hijos a un buen colegio: señales inequívocas de que dicho escritor es un impostor, un mercenario, porque todo artista de genuino talento tiene que reconocer las incomprendidas virtudes de la pobreza y obligar a sus hijos a que las descubran.
• Ponerse a dieta o, peor aún, confesarlo en alguna entrevista.
Que son todas cosas que he hecho y, me temo, seguiré haciendo, aunque algunos escritores me critiquen por eso.
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