¡A gastar!
Por Carlos Rodríguez Braun
ABC
El informe de la OCDE sobre la educación en España fue demasiado tentador para la izquierda, que, además de echar culpas sobre el Gobierno anterior, subrayó la solución para la educación. Es la misma solución que el antiliberalismo propone ante cualquier problema de cualquier clase: ¡a gastar!
Los titulares se regodearon en previsibles tropos del estilo: “España suspende en educación”. Pero también anudaron el lenguaje educativo con la retórica sanitaria. En efecto, según El País, “La educación en España está enferma”. El diario progresista recetó dramáticamente que, al igual que para curar a los enfermos, es menester “una inyección para salvar la escuela”.
¿Quién va a oponerse a una inyección que además salva algo tan importante como la escuela? Nadie, y mucho menos después de este tranquilizador subtítulo: “Los expertos exigen más gasto público para frenar el deterioro de la educación en España”. Ah, bueno, entonces no hay duda: ¿cómo van a equivocarse unos “expertos”? Imposible, jamás yerran y, por lo tanto, “exigen”.
Comprendo la desesperación de la izquierda, que fantasea con ser propietaria de la educación buena (a la derecha se le deja, si acaso, la buena educación) ante la escuela concertada. En efecto, después de tanta propaganda sobre lo terrible que es la vieja educación religiosa, resulta que cuando el pueblo puede elegir, va y la elige.
Existen deficiencias que aquejan a nuestro sistema educativo, y cuyo análisis no cabe aquí, pero hay un punto económico inaceptable, y es la consigna de, como dicen en inglés, “throw money at problems”. Dejando aparte nuestras preferencias ideológicas, es falso que todos los males se resuelvan con más gasto público, es decir, con más impuestos.
Las propias estadísticas publicadas esta semana lo probaron. Las cifras supuestamente definitivas para juzgar la calidad de la educación se limitaban al gasto público por alumno, y esto es una trampa. Según los datos de la OCDE, resulta que, así medido, el nivel de la educación universitaria en Grecia es igual al de EE.UU. y superior al del Reino Unido. No es necesario tener a las espaldas treinta y tantos años de profesor universitario, como quien esto escribe, para darse cuenta de que ahí hay gato encerrado. Basta con que nos preguntemos: si nos dan a elegir en igualdad de condiciones que nuestras hijas estudien en la Universidad de Atenas o en Oxford o en Harvard ¿las enviaríamos a Grecia?
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