La política de apaciguamiento en el Medio Oriente
Por Mikhail Dinerchtein
Director de YADI International
Aunque parezca difícil de concebir, el mundo no parecer haber aprendido de los errores de la Segunda Guerra Mundial. La política de “apaciguamiento” instrumentada por el Primer Ministro ingles, Neville Chamberlain, fue un factor trascendental para que Alemania se rearmara, se anexara Austria y Checoslovakia, mientras que los europeos sólo atinaron a esperar, negociar y volvieron a esperar, hasta que Alemania se convirtió en una potencia militar y lanzó una invasión a Polonia, iniciando así la peor catástrofe humana que el mundo haya contemplado. Los objetivos de Adolf Hitler eran claros desde su ascenso en 1933, los discursos de odio contra la existencia de un Estado creado “superficialmente” en Europa, en este caso el se refería a Polonia, eran continuos, mientras que los lideres del mundo se sentían intimidados ante la presencia misma de Adolf Hitler.
Se ha repetido una y otra vez que “El que no conoce la historia, esta destinado a repetirla”. En el presente los actores han cambiado de nombre pero desempeñan el mismo papel: El régimen de Irán esta lejos de ser “pacifico” como lo ha argumentado. Apoyar grupos terroristas como Hamas y Hizbullah, adquirir nuevas tecnologías de armamento, realizar pruebas de misiles, simulacros de guerra y buscar por todos los medios posibles, la adquisición de Armas de Destrucción Masiva son parte de una estrategia bélica notoria que está lejos de ser entendida como una de tipo “reconciliadora”. En este sentido, los discursos de odio que van acompañados con la negación total del derecho del Estado de Israel a existir y la doctrina islámica de “Dar El-Hadr” (que simboliza la lucha musulmán constante hasta que el mundo entero sea islámico) no suenan muy prometedores para reivindicar a la diplomacia como el recurso prioritario actual para la solución pacífica de los conflictos.
En medio de esta creciente tensión en el Medio Oriente, ha surgido una nueva política de “Apaciguamiento” que no ha dado ningún otro resultado que no sea el de prolongar el tiempo para que Ahmadinejad pueda adquirir más armas militares convencionales y lleve a cabo un paso más hacia la adquisición de Armas de Destrucción Masiva.
El resultado de la política de apaciguamiento hacia Irán esta determinada por múltiples factores internos y externos de las potencias mundiales. China y Japón son altamente dependientes del petróleo iraní, país en donde ya tienen invertidos miles de millones de dolares. Ante la expansión y fortalecimiento de la Unión Europea, Asia se ha vuelto una prioridad en la política exterior de Rusia, la cual ve en Irán a un aliado estratégico esencial en la región. El nuevo “multilateralismo” de la Unión Europea es un arma de doble filo; por un lado parece perfilarse como una estrategia de contención a los Estados Unidos y por el otro, pretende asegurar el abastecimiento de petróleo iraní e impedir el incremento de los precios del mismo. Finalmente, los altos costos de la guerra en Afganistán e Irak, así como la decadente popularidad interna de George Bush, hacen poco factibles un ataque militar unilateral a Irán por parte de los Estados Unidos.
La nueva política de apaciguamiento es un error de proporciones históricas, parecido al de los años 30. Hoy, como en aquel tiempo, nadie esta interesado en hacer algo concreto para detener a Ahmadinejad. El juego diplomático de las potencias mundiales parte de la premisa evidente de tratar de evadir la realidad, ¿Por qué habrían de preocuparse tales potencias? Su existencia como Estados no es la que está en juego.
Muchos dirán que soy un exagerado, extremista o idealista, yo diría que soy un realista. El argumento central no puede ser soslayado: un estado que busca conseguir Armas de Destrucción Masiva y al mismo tiempo oficialmente asegura que el presente conflicto entre Líbano e Israel se podría solucionar únicamente cuando desaparezca un Estado Judío en el Medio Oriente no pueden ser dos eventos que puedan ser juzgados separadamente.
Mientras que los países del mundo se hacen de la vista gorda para disfrutar del petróleo iraní, nos viene a la mente la famosa frase de la ex Primer Ministra de Israel, Golda Meir (Aludiendo a Moisés): ”Nos arrastró 40 años por el desierto, para traernos al único lugar en todo el Medio Oriente donde no hay petróleo”. Frente a esta realidad adversa, el Estado de Israel no tiene otra alternativa que defender su derecho a existir.
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