El 11-S y América Latina
Por Rosendo Fraga
Nueva Mayoría
“Los atentados del 11-S pusieron en evidencia las limitaciones de Estados Unidos como única potencia mundial y ello tiene consecuencias para América Latina” Personalmente, recibí la noticia de los atentados dando una charla sobre Roca y la Educación en la Universidad de Belgrano, en oportunidad de la inauguración del salón Julio A. Roca en dicha institución.
Mi análisis en aquel momento, que publiqué en La Nación el 12 de setiembre y se reprodujo en el sitio NuevaMayoria.com, decía en su párrafo final, “Cuando las democracias enfrentaron al nazismo y al comunismo, los conflictos estaban determinados por ideologías diferentes, pero la cultura racional occidental era común. En cambio ahora hay claramente un choque de culturas más que de ideologías. Por esta razón, las represalias de los Estados Unidos deben, ante todo, contemplar que enfrentan una lógica distinta que puede derivar en una escalada sin precedentes. En conclusión, la reacción occidental debe ser contundente y eficaz, frente a un enemigo que ha generado una nueva era en materia de seguridad internacional. Pero entender la raíz cultural de esta cuestión es la clave para evitar el descontrol”.
A cinco años del hecho, la administración Bush puede mostrar que desde el 11 de septiembre de 2001, no tuvo lugar ningún otro atentado del terrorismo fundamentalista en Estados Unidos, ni murió ningún ciudadano norteamericano por esta causa desde entonces dentro del país.
Es cierto que 2.500 miembros de las Fuerzas Armadas norteamericanas han muerto en Irak y Afganistán, pero esa cifra es menor que los muertos el 11-S y es el 5% de los muertos en Vietnam. Este tipo de análisis resulta eficaz para un norteamericano promedio.
Pero desde entonces, se produjeron los atentados de Madrid, Bali, Londres y muchos otros lugares; Irak y Afganistán están derivando hacia guerras civiles, y la violencia ha recrudecido en el Medio Oriente. Todo esto ha provocado decenas de miles de muertos por la lucha contra el terrorismo fuera de Estados Unidos. ¿La consecuencia? Se profundiza la divergencia en la visión entre la primera potencia y el resto del mundo.
Los atentados del 11-S pusieron en evidencia las limitaciones de Estados Unidos como única potencia mundial y ello tiene consecuencias para América Latina.
Un lustro después, es posible pensar que un repliegue estadounidense sobre sí mismo, seguramente profundizará para América Latina la interacción creciente del tercio que está al norte del Canal de Panamá -más del 90% del voto hispano proviene de esta parte de la región-, tanto por el tema migratorio como por el interés estratégico que genera la proximidad geográfica.
A su vez, probablemente aumente el desinterés relativo por los dos tercios que están al sur del Canal, que constituyen América del Sur propiamente dicha, sin nexo migratorio ni proximidad geográfica que genera interés o riesgo estratégico.
En el caso concreto de la Argentina, la relación con Washington tendrá la misma evolución que la subregión América del Sur. La interacción será menor y la relación con el Asia aumentará, sin que Europa muestre demasiada disposición por ocupar el espacio que deja vacante Estados Unidos en América del Sur.
Al promediar la primera década del siglo, los flujos comerciales muestran ya una tendencia a la diversificación. Aproximadamente un tercio del comercio es con Estados Unidos, otro con Europa y otro con China. Se trata de un promedio, dado que en el caso de Venezuela, casi dos tercios está con Washington, mientras que en Chile, más de la mitad es con el Asia.
Ello muestra que las relaciones económicas y políticas no siempre van de la mano en la subregión. Chile es el único país que tiene un tratado de comercio con Estados Unidos y es el que más comercia con el Asia, y en cambio Venezuela es el más enfrentado con Washington, pero el que más comercia con él.
La disminución de la influencia estadounidense en América del Sur, en mi opinión, es una tendencia de corto y mediano plazo. En el largo, la historia muestra que es muy difícil pronosticar.
Sobre esta realidad, quienes miran América Latina en el largo plazo, seguirán viendo que el futuro de la región depende de dos países: México y Brasil. Entre ambos, constituyen dos tercios de América Latina en términos de PBI, población y territorio.
Estados Unidos seguirá dando prioridad a la relación con el primero por necesidades internas y porque es dos tercios de la América Latina que está al norte del Canal, y tratará de evitar los conflictos con el segundo, que constituye por si sólo la mitad de los doce países de América del Sur.
Pero en el corto plazo, la agenda política de la región la está poniendo el eje La Habana-Caracas-La Paz y esto continuará por ahora, lo que dominará la relación de América Latina con Estados Unidos, en el marco de su probable repliegue sobre sí mismo y una baja prioridad relativa para la región.
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