Educación pública y privada
Por Vladimir Chelminski
CEDICE
Los socialistas en Venezuela insisten en abogar por las escuelas públicas, pero paradójicamente donde habitualmente inscriben a sus propios hijos es en una privada.
Aquí las escuelas públicas suelen estar entrampadas en el fragor de la política, con frecuencia tienen problemas de presupuestos para lo más elemental (baños, techos), y usualmente están estranguladas por los sindicatos. Para sus maestros no hay estímulos que los inviten a seguir superándose y a dar siempre lo mejor de sí. El Estado gasta mucho dinero, pero se lo dedica a una burocracia ajena al salón de clases. En otros países también existen problemas similares. En USA, por ejemplo, la educación básica y media, mayoritariamente en manos del Gobierno, es desastrosa. Y es en las áreas de menores recursos donde el problema se agrava.
Nuestros socialistas acostumbran a creer que si bien en USA ese nivel de educación es malo, y en esto no se les puede quitar la razón, no lo es en Europa donde la educación también está en manos del Gobierno. Esta apreciación es equivocada. En Europa las escuelas del Gobierno tampoco funcionan para las mayorías. Recuerdo al primer ministro laborista Tony Blair diciendo el 8-7-06: “la historia de la educación en nuestro país es una con un sistema educativo de tres niveles: uno excelente para una minoría, uno mediocre para la mayoría y uno catastrófico para los más pobres”.
En nuestro país, las escuelas privadas funcionan admirablemente bien si se las compara con las del sector público. Lamentablemente, tienen serias trabas para alcanzar la excelencia. La falta de poder adquisitivo de la población es un problema serio. Otras dificultades que confrontan son los programas inútiles y aburridos que les impone el Ministerio de Educación y Deportes, la falta de maestros porque los malos gobiernos que siempre hemos tenido causaron que la enseñanza se convirtiera en profesión de ínfima categoría.
El escollo mayor que tiene la escuela privada, es la necesidad de convocar a asambleas de padres para decidir lo que estos pagarán. En estas reuniones suele haber padres exigiendo de todo, pero sin que le toquen su propio bolsillo. No les importa lo que le pueda pasar al colegio por falta de ingresos. Para nada les interesa el futuro de la institución.
Mucho se ha dicho del escollo que significan las asambleas de padres para la buena marcha del colegio. Lo que no se ha dicho, es que antes de que se reúna la asamblea, ya hay un serio problema que impide una enseñanza de óptima calidad. Los directores del colegio, pensando en algunos de los representantes que los pueden ridiculizar y hasta obligar a disminuir la calidad de sus servicios, preparan de antemano para discutir en la asamblea, un presupuesto claramente insuficiente para la tarea que tendrán que enfrentar en el curso del año. Así que, aun cuando la asamblea de padres apruebe la proposición que le presente la administración del colegio, éste comenzará el nuevo año con plomo en el ala.
Si la escuela privada tiene tantos obstáculos arbitrarios para desempeñarse, y la pública no puede deslastrarse de la política, ni arreglar sus instalaciones, ni abrir todos los días, nunca superaremos el nivel de Tercer Mundo donde, a pesar de tanta riqueza petrolera, estamos tan atornillados.
Publicado Diario El Universal 10/09/06
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